Crisis de la democracia.

Raúl González Lastarria

Pensar bien antes de votar es importante, aunque es difícil que se dé, ya que la gran mayoría de la gente vota guiada por sus pasiones.

Para gustos de unos y disgusto de otros, la democracia como la conocemos tiene en las promesas vacías de los candidatos una de sus principales características. Los ofrecimientos que los políticos hacen cuando están en campaña casi nunca se cumplen y el sistema permite y de alguna forma alienta a aquellos hábiles aspirantes a algún cargo público a ser farsantes, a prometer de todo y luego no cumplir con nada de lo dicho, o casi nada.

Una vez electos y tomando posesión de cargo parece que son atacados por alguna suerte de “amnesia electoral” lo que suele llevar al distanciamiento con los votantes que se sienten traicionados, en fin, a nadie le gusta que le digan una cosa y luego hagan otra. El problema está cuando, quien falta a sus promesas tiene un cargo alto desde el cual se toman las decisiones que regirán el rumbo del país y que afectan directamente nuestras vidas.

Podría pensar que el meollo del asunto está en la democracia como la conocemos, esa democracia representativa pareciera tener un fallo. Somos gobernados por las mismas élites a la cuales nosotros elegimos creyendo que con nuestro voto nos auto gobernamos eligiendo a nuestros representantes, nada más alejado de la realidad. Elegimos a quienes no representaran creyendo ilusamente que velaran por nosotros sin embargo no tenemos ninguna manera de controlar su decisión y su actuar y cuando nos damos cuenta de “error” ya es tarde pues deben de completar el periodo para el que fueron elegidos.  

¿Cómo lograr una representación real? Si los funcionarios elegidos -presidente, congresistas, alcaldes, etc.- no tuviesen nuestros votos, no podríamos hablar de democracia real, pero eso es la democracia representativa, nos gobiernan otros en los que confiamos dándoles nuestros votos pero no tenemos mecanismos efectivos para controlarlos, debería ser sencillo, quien no cumple lo prometido debería irse. 

El problema radica cuando los deseos de la ciudadanía cambian y aparecen los reclamos y gritos diciendo no sentirse representados, y es ahí que parecen los políticos populistas que dicen lo que el pueblo oír, logran una conexión más directa con el pueblo y el ciudadano de a pie por fin siente que alguien podría representarlo. ¿Les suena familiar?

¿Hay una crisis de la democracia representativa? Parece que sí. La política populista está ganando terreno ante el descontento de la población con las “elites” que nos han gobernado siempre, pero, ¿Puede el populism aportar soluciones reales? Lamentablemente no, el populismo puede generar un sentimiento de bienestar solo en un principio.

Con el populismo al final lo único que se consigue es deslegitimizar a las instituciones democráticas, perjudica la sana convivencia política y los efectos a mediano plazo para la economía son en extremo perjudiciales.

Termino con la frase con la que inicié “pensar bien antes de elegir”, parece difícil pero no es imposible, después no nos estemos quejando gritando que quienes no gobiernan no nos representan.