Adiós 2019, bienvenido 2020, reflexión de fin de año

Aníbal Sánchez

Esta semana recibimos un nuevo año, le decimos adiós al 2019. Año que no ha sido de los mejores en muchas partes del mundo, tan bien para el Perú, con sobresaltos políticos y una economía con tendencia a la baja, a lo largo del año, en buena hora se va acabando. En estas circunstancias recibimos, con expectativa el año 2020. Un número, que podría implicar un cambio de giro hacia un signo positivo en la estabilidad y crecimiento económico, por cierto, un mejoramiento del clima social. Despidiendo el viejo año, permítanme expresar mis expectativas favorables para este 2020.

América Latina y el Caribe, estancada y con crecimiento económico de cero (0,1%) en el 2019, se recuperaría y alcanzaría un 1,4% de aumento de su PBI, según estimaciones de CEPAL. El Perú, al influjo de políticas de mayor gasto público e impulso a la construcción de infraestructura pública, comparando las cifras de un año medroso, podría hacer crecer el PBI por encima del 4,0%. Sólo estos datos, y su realización, fundamentan los anhelos de un mejor año, frente al que vamos cerrando. Retos habrá, dificultades por superar también, pero las expectativas de un mejor año se sienten, para bien de miles de peruanos, con esperanza.

En el año 2020, la población del Perú ascenderá a 32 millones 625 mil 928 habitantes, están incluidos en esta cifra, cerca de un millón de extranjeros que viven en nuestro país, la mayoría venezolanos, más del 80%, que llegaron, en los últimos tres años, en dramática inmigración a territorio peruano, tras abandonar su país, por la grave situación económica, social y política que viven allí, aún sin que se avizoren síntomas de solución, quizás por mucho tiempo.  Una fuerte inmigración laboral, que hasta ahora el Perú ha logrado asimilar.

El país, tiene que exhibir sus mejores esfuerzos en materia económica, para que nuestro PBI per cápita siga creciendo. Para que la pobreza, que afecta a una quinta parte de la población peruana siga reduciéndose, siga haciéndose  más pequeña por las fuerzas del mercado, que posibilitan mayor empleo y consumo, considerando que cerca del 70% en la reducción de la pobreza, en la última década, ha sido fruto de las fuerzas del mercado, con un crecimiento de la producción y de la dinámica del mercado interno. Ese es el norte, apuntalar también las políticas sociales que ahora deben dirigirse a los más débiles, mayoritariamente asentados en la periferia de las zonas urbanas, de las grandes ciudades. Considerando que en el seguimiento y monitoreo del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 11: “lograr ciudades y comunidades sostenibles”, nos exige el reto aún grande del Perú, de disminuir el 43,7% de la población urbana, que viven en barrios marginales, asentamientos informales o en viviendas inadecuadas.

Tampoco, debemos dejar de atender a nuestra Amazonia, en donde existen miles de comunidades nativas, con grandes carencias, en vivienda, saneamiento, salud y educación, porque ello también implica preservar el medio ambiente que la cobija, que les da techo y calor, a su población. Con mayor crecimiento económico inclusivo tendremos mejores argumentos y posibilidades de acercarlos al progreso. Los Censos Nacionales 2017, nos señalan que allí reside importante tamaño de peruanos en más de 2,500 comunidades nativas que requerirán de programas especiales, a la vez de preservar el medio ambiente.

La regionalización y descentralización económica está pendiente, incluso empañadas por la corrupción, cual lacra que afecta a todos y que no permite avanzar. En el 2020 será motivo de replantear estos objetivos mirando al bicentenario. No olvidemos que el centralismo es agobiante para las regiones. Aun, cerca de la mitad de la producción nacional se realiza en Lima, la Capital de la República, y la mayor parte de la riqueza se queda en esta mega ciudad que concentra un tercio de la población peruana, los que vinieron por naturales deseos de progreso, y en muchos casos están asentados en la marginalidad urbana, con su pobreza.

Los retos son grandes, pero no debemos caer en pesimismo, miremos el futuro con mejores ojos, afrontando los problemas por resolver, con entereza, sin resentimiento o mezquindad, pero también con buenas políticas públicas, son deseos aun no colmados, entregados a Santa Claus. Por ello, es que al esperar el 2020, y mirar el camino recorrido, o cuánto hemos avanzado y cuánto nos queda por recorrer, no lo hagamos pedregoso y difícil. Al final, de cuentas, los peruanos ya sabemos de crecimiento, de generar riqueza, también de entrega y sacrificio individual, pero a la vez empujar lo colectivo, la asociatividad, aquello que requieren 2,3 millones de campesinos, productores del campo, expectantes, los que solos van insertándose en el mercado por su propio esfuerzo, pero que requieren atención.

El año nuevo nos permite reflexionar sobre estos y otros tantos problemas que cargamos en el hombro, la tarea es enorme. Bienvenido 2020 .