Palabras más fuertes que misiles

Ernesto Pinto Bazurco Rittler

Con el advenimiento del 2020 vino al mundo mi nieto, en circunstancias en que un gran temor pone en alerta varias naciones del mundo confrontadas a intereses de poderío y la dominación.

Cuando yo nací recién había muerto la Segunda Guerra Mundial, arrancando de la vida a setenta millones de personas de distintas nacionalidades.  El hecho que nací en Alemania, envuelto en dos nacionalidades cuyos gobiernos las pusieron en conflicto, evidentemente fortaleció mi convicción de ser diplomático.   Por eso, plantearé la siguiente cuestión: ¿qué sucederá si la lógica de que después de la guerra viene la paz, sobre la que se apoyan algunos, se contradice?, ¿qué sucedió si pese al sacrificio de varias generaciones, nuestros nietos, no se encuentren  ahora más cerca de la sociedad universal justa y libre de ataduras ideológicas?

Nunca seré de aquellos —sean los que fueren— que se avienen con el crimen, a pesar que se nos pide amar o detestar a tal o cual país, y a un pueblo u a otro. Pertenezco a aquellos que sienten profundamente más semejanzas con todos los hombres y naciones, que diferencias. Y por ello entendí la diplomacia como una practica permanente para la protección del Ser Humano.  Y del dialogo. Para ello es necesario combatir el temor y el silencio. Lo que hay que defender es  la comunicación entre los hombres. La servidumbre, la injusticia, la mentira, son flagelos que rompen cualquier posibilidad de  entendimiento.

Para el mejor entendimiento es necesario también mayor conocimiento y capacidad de reflexión. Hoy se nos habla de nuestra responsabilidad de salvar el Planeta, y según el Ministerio de Ambiente que no debemos usar sorbetes de plástico. Pero pocos protestan cuando se revientan bombas, que no solo matan sino contaminan el ambiente mucho más y hacen inservibles partes de este Planeta.

No podemos escapar de la historia porque somos en parte responsables de la sucesión de sucesos.  No obstante, el Mundo sigue dividido, en cualquier parte, entre los que aceptan ser asesinos escondiendose en la politica y los que rehúsan serlo y rechazan apoyarlos.  Por ello asistimos a una contradicción entre la violencia y la prédica. El negocio de las armas, centrado en cinco o seis países, inclina la balanza a favor de quienes puedes respaldar sus nefastos  actos con la compra de propaganda. Pero quien desespera y calla frente a estos acontecimientos no es valiente. Quien cree en el Derecho Internacional, y lo ha aplicado en aras de la paz y el entendimiento,  las palabras son más  poderosas que los misiles