Frivolidad callejera y electoral

José Antonio Olivares

La frivolidad ciudadana y su resaca después del rompimiento de la institucionalidad, estamos Indignados, otros complacidos; el cierre del Congreso, nos ha dividido más, nos ha puesto sensibles, pero creo que básicamente  hemos perdido perspectiva de otros temas que en muchos casos no hemos sabido afrontar hace casi 200 años.

Para muchos, el momento es una oportunidad, de ser candidatos, de conseguir firmas, de aparentar liderazgos, de crear coreografías y corear slogans en contra y a favor, todos marchan, todos quieren mostrarse  y responder tomando las calles, en medio de un tufillo de rencor, de mentira, de injusticia, y claro de impunidad y ebriedad callejera.

Ni unos proponen nada ni otros tampoco.  Todos   buscan desesperadamente una elección a un congreso  que cada vez es solo perentorio, sin tiempo ni luces en su  poco menos de dos legislaturas por venir.

Marchas con bulla y sin propuesta son solo jornadas de rebaños. Los sociólogos saben que las masas son fácilmente manipulables. Los seres humanos reunidos en pequeño número lo son mucho menos.

Estamos asistiendo al intento de la ideología dominante, del pensamiento único, del que quiere  tomar el control completo de la sociedad y convertirnos a todos en masa, en rebaño. Los métodos que utilizan son los de siempre, pero ahora tienen muchos más medios para llegar hasta nosotros.

Se hace imprescindible, deslindar conceptos elementales y de origen, y en base de esto crear, alcanzar y construir propuestas.

¿Que es el fujimorismo? ¿a quien representa? ¿es una dinastía, un apellido? ¿será cierto que es una mafia? ¿cómo se organiza? ¿Qué propone, además de la liberación de su líder y la entrega de dadivas?

¿Que es la izquierda?¿Es moderna?, ¿está congelada? ¿podrá definir su rol en el Perú casi bicentenario? ¿podrá construir unidad?, ¿podrá entender el mercado?, ¿seguirá polarizando con su discurso atrapado en los 70`s?, ¿entiende la inclusión?, ¿sabrá que para incluir hay que crecer económicamente? ¿Será honesta entregando a sus líderes corruptos?

Y el Apra, ¿podrá dejar de estar secuestrada por sus pocos ex congresistas?,  ¿podrá salir del manto hegemónico del Ex presidente García?, ¿podrá responder ideológicamente a los tiempos?, ¿replanteara su antimperialismo?, ¿definirá que es ser  de izquierda democrática?

¿Los aventureros como Guzmán y otros solo surfearan el momento?, ¿otros habrán aprendido a comer chicharrones?

No Basta solo pedir nueva constitución, ni fabricar nuevos partidos y caudillos; cuando no sabemos que queremos, o que somos. Aun que sí;  si lo sabemos a la luz de las últimas elecciones la mayoría representada en el fujimorismo y Ppkausismo, voto por la continuidad de un modelo económico, no por un cambio del mismo.

Además Las constituciones tiene vocación de permanencia, lo sensato sería en todo caso, modificar la constitución, volver por ejemplo a las dos cámaras, a la renovación por tercios, a fortalecer la descentralización.  A construir Instituciones y reformas con las que todos, tiros y troyanos, izquierdistas de más halla y de más acá, mercantilistas y seudo derechistas, han dejado en el olvido. Reformar el sistema electoral, y fortalecer la institucionalidad por supuesto que es urgente, y claro invertir más en educación y en salud. Así no marcharemos cada vez que alguien más nos desilusione, así sentimos que la democracia es más que solo emitir un voto, por pena, porque si, porque lo dijo ella o porque no nos gusta la otra. Así aprenderemos a elegir por ideas y no por personas. Y a marchar y gritar para hacer propuestas.

Por descarte y para ir probando, en las últimas elecciones nos quedaron dos opciones, dignas de la mejor trama de terror, o el míster o la Hija de la dictadura, por uno de ellos había que votar, eso se lo creyeron casi todos los peruanos. Por frivolidad o por azar.

Esta circunstancia nos llevó a elegir entre dos expresiones de lo mismo, de un mismo modelo económico, de aquel que hasta ahora nos había hecho probar del crecimiento y que por tanto hubo descartado la propuesta progre de cambiar la constitución, de cambiar el modelo económico y hacer una nueva Venezuela. LA izquierda se había tratado de reagrupar peligrosamente en un perentorio Frente Amplio. De esta forma con nuestro voto dimos forma a un  parlamento  donde los  servidores de una dinastía  permitieron que  crezca  el miedo y el descontento de sus viejas prácticas, de corruptela de transfuguismo y de amor excesivo al poder.

Esta es la forma en que se encamina la elección de un complementario congreso, con ideas y propuestas desencajadas, con una izquierda que acecha el mínimo error, que impulsa huelgas y descontento social, un congreso que  antes de ser elegido pierde  de vista el rumbo de la democracia y la gobernabilidad.

Esta frivolidad ha  terminado de descomponer nuestra incipiente democracia, ha empezado a convertirse en una especie de oclocracia a la peruana. La oclocracia es, por lo tanto, una degeneración de la democracia, en una situación ideal, con la democracia se espera que el pueblo elija a buenos gestores, trabajadores, honestos, inteligentes, con formación … de manera que puedan dirigir la nación hacia una mayor prosperidad económica, social, educacional y política.

La oclocracia ocurre cuando el pueblo pasa a ser plebe, una voluntad viciada, confusa, irracional, embrutecida, basada en las supersticiones y en el oscurantismo. Esto se consigue mediante acciones demagógicas, apelando al sentimiento más bajo y no a la razón, fomentando el miedo, el fanatismo, prometiendo resultados inalcanzables, etc. Para ello se usan técnicas de oratoria y retorica para poder controlar a la población. La apropiación de los medios de comunicación es un punto clave para lograr sus propósitos, teniendo como fin último la desinformación. Mediante estas técnicas se consigue el control sobre las masas.

Eso he sentido en estos meses de resaca callejera, en este desconocimiento de la constitución y de las instituciones democráticas, y en una campaña anodina y llena de sed de poder. Ojala no descendamos más  y  no sea la  Kakistocracia, es decir el gobierno de los peores, el concepto que defina esta frivolidad ciudadana y política, que nos toca vivir.