La guerra moderna, un arte disruptivo

Javier González-Olaechea

Desde el tratado titulado el arte de la guerra de Sun Tzu datado hace 2500 años, primera obra sobre la materia, casi insuperable por sus máximas y que  sólo pocos años antes de la revolución francesa se pudo leer en occidente, hasta hace escasos años, la guerra era “convencional”. Se regía por reglas que eran respetadas. Actualmente el trato humanitario al prisionero de guerra y el honor en el campo de batalla es la excepción. Casi todo es despiadado y poco honorable.

Se calcula que las víctimas civiles alcanzaron un 20% en la primera guerra mundial y en la actualidad los conflictos armados pueden llegar a afectar hasta un 80% de civiles. Un horror!.

Aún existen en muchos rincones del mundo conflictos terrestres y cuerpo a cuerpo, pero, cuando éstos involucran a grandes potencias, casi todo ha cambiado exponencialmente. El desarrollo de la guerra moderna se produce en el marco de la transición de una era de cambios a un cambio de era, la Era Disruptiva. Gran parte de los fundamentos que sustentan un sistema, y la guerra lo es, cambian brusca, exponencial y determinantemente. No hay retorno.

La guerra ha evolucionado tanto que ha adoptado nuevas doctrinas que abarcan conceptos, procesos estratégicos y tácticos, inteligencia artificial, robótica fija o móvil. A los dominios tradicionales terrestre, marítimo y aéreo, se ha incorporado con carácter vital el dominio del espacio exterior dando cabida a un nuevo modelo de gestión inteligente, conjunta y en red de la guerra. Me refiero al multi-dominio que, haciendo uso de algoritmos, es la gran novedad del nuevo campo de batalla definiendo supremacías.

A partir de la más alta tecnología, la guerra también incorpora bajo el mencionado concepto, el uso multidimensional de nuevos recursos; el ciber espacio, la ciber inteligencia, el ciber ataque, la ciber contrainteligencia, la geolocalización de todo y de todos, la inteligencia analítica y la consiguiente digitalización de la información y de los procesos estratégicos y tácticos.

Antes se afirmaba con razón que había una retroalimentación entre la guerra, la ciencia y especialmente la medicina. Esta tríada también se ha transformado con los nuevos descubrimientos, pero, los avances médicos no se alimentan tanto hoy de las guerras modernas.

El bombardeo quirúrgico que aniquiló al general iraní y a todo su convoy con un dron inteligente desde 15,000 metros de altura, nos dice todo o casi todo respecto a la velocidad y precisión mortífera de la nueva tecnología militar.

Hoy prima la guerra no declarada, no convencional.  Incorporando nuevos o renovados fenómenos, la escalada de un conflicto se mide al minuto y se demuestra el poderío nuclear como factor disuasivo determinante. El club nuclear ha crecido e Irán, tras el ataque a su líder militar abandonó el acuerdo que le impedía enriquecer uranio a los fines nucleares atómicos de guerra.

Siempre desde el multi-dominio, también otorgan ventajas la alta adaptación y movilidad orgánica y operativa de las fuerzas armadas, la estratégica supremacía de las unidades y operaciones élite con equipamiento de alta gama, y según convenga, la acción conjunta o individual, la visible o invisible, el uso de sensores inteligentes y sincronizados con gran capacidad autónoma, las nuevas tecnologías de las comunicaciones y de la información.

Finalmente, la desinformación, poderosa arma, no ha cambiado en esencia, han mutado sus formas de ejecución.

Como todo cambia y los Estados Unidos sigue siendo la primera potencia militar del mundo por su gran inversión tecnológica y de armamento militar, hay que recordar que ningún imperio fue eterno.  

Finalmente vale la pena citar al sabio y estratega chino por la vigencia, en gran medida, de su pensamiento:  “ que el ejército sea capaz de aguantar el ataque del enemigo sin sufrir una derrota se debe a las operaciones de fuerzas extraordinarias y de las normales”. El concepto del multi-dominio y la supremacía del espacio exterior lo que explica todo o casi todo en la guerra moderna.