Los caviares y el juego de croquet de la reina

Hernán Garrido Lecca

“Alicia pensó que jamás había visto una cancha de croquet tan rara en toda su vida: estaba llena de lomitas y de pozos; las pelotas eran erizos vivos y los palos, flamencos, también vivos. Los soldados tenían que doblarse apoyándose en pies y manos para formar los arcos. La mayor dificultad con que tuvo que enfrentarse Alicia en un primer momento fue la de manejar su Flamenco. Conseguía acomodar el cuerpo bastante confortablemente debajo del brazo mientras las patas quedaban colgando, pero por lo general justo cuando había logrado enderezarle bien el cuello y estaba por golpear al erizo con la cabeza, el flamenco insistía en girar la cabeza y doblar el cuello para mirarla a la cara, con una expresión tal de desconcierto que Alicia no podía evitar estallar en carcajadas. Y era francamente insoportable comprobar, después de volver a bajarle la cabeza, que el erizo se había desenroscado y huía rápidamente. Además de todo eso casi siempre se topaba uno con una loma o con un pozo, no importa adónde quisiese mandar el erizo. Y como para colmo los soldados arqueados no paraban de levantarse y cambiar de lugar en la cancha, Alicia no tardó en llegar a la conclusión de que se trataba de un juego decididamente difícil.

Todos los jugadores jugaban al mismo tiempo, sin respetar los turnos, discutiendo sin cesar y peleándose por los erizos, y poco después la Reina estaba nuevamente furiosa, dando zancadas y gritando «¡Que le corten la cabeza a ese!», o «¡Que le corten la cabeza a esa!», por lo menos una vez por minuto.

Alicia empezó a sentirse muy incómoda. Y aunque todavía no había tenido ningún encontronazo con la Reina sabía que podía suceder en cualquier momento.

«Y entonces —pensaba— ¿qué será de mí? Aquí tienen la horrible costumbre de decapitar a medio mundo. ¡Lo que me extraña es que todavía quede gente viva!».

Había una vez una entidad que se llamaba Consejo Nacional de la Magistratura. Como los caviares vieron que eso no les funcionaba para poner a los jueces y fiscales que querían, se les ocurrió hacer una Reforma y crearon la Junta Nacional de Justicia. La JNJ se reunió y escogió a sus siete miembros y como los caviares vieron que eso no les funcionaba para poner a los jueces y fiscales que querían, se les ocurrió recurrir a su archivo de grabaciones para eliminar a dos miembros y lograr que SU miembro fuese elegido. Solo lo lograron a medias pues una de esas personas elegidas logró imponer su trayectoria profesional a las racha denuncias y mentiras de la comparsa mediática y las guaripoleras al servicio de los incapaces.

Los caviares son perdedores natos que no saben y nunca sabrán perder. Son los incapaces que no pudieron tomar el poder ni por las armas ni por las urnas y hace algún tiempo vienen cambiando las reglas de juego cada vez que no les sirven y, cuando aún así no pueden ganar, hacen lo que la reina en el juego de cróquet de Alicia en el País de las Maravillas hacía cuando todos sus cambios de reglas y manipulaciones ya no funcionaban: gritan “que le corten la cabeza” (solo que en lugar de soldados-naipes se consiguen un fiscal o una guaripolera al servicio del oligopolio mediático que hace las veces de sicario).

Profecia: En aquel tiempo, le tocó al doctor Guillermo Thornberry asumir un puesto en el JNJ. Los caviares tristes porque aún no podían colocar a su naipe, se replegaron unos días para gritar luego: ¡Que le corten la cabeza!