¡¡¡Qué bonita vecindad!!!

José Antonio Olivares

Casi, casi, estoy convencido de sufragar por el chavo del ocho, así tal vez, mi voto asegure una bonita vecindad. Lástima que esta circunstancia solo sea un efluvio de la fantasía que añoramos de nuestra política nacional, desde luego; mucha más seria y comprometida que la mismísima realidad que nos toca presenciar ahora.

Elecciones con descompuesto aroma de liga futbolera de barrio, e improvisada; con jugadores_ perdón_ políticos o candidatos que se ponen sedas de equipos surgidos del fragor del momento, de la circunstancia, de la apuesta, del oportunismo;  van de acá para allá, hoy rojos mañana no importa, celestes o multicolores personajes.

Viejos izquierdistas; incluso de aquellos formados en la tradición de la vetusta Cuba socialista, hoy figuran como delanteros o medio campistas de las expresiones más acomodada de lo que hoy sería la derecha peruana, o en el mejor de los casos el centro político.  ¡Emerretistas en el partido Morado, Rojos conspicuos con Acuña!

Viejos ministros, y ex congresistas  tratando de lavarse el rostro como  neo caudillos, solo orientados en la cofradía de los intereses económicos. Peruanos por el cambio reciclándose  tras una oferta de contigo, reclutando a quien pueda dar soporte a ya un olvidado cuy que hoya mas  nuca habría deseado  ser mágico y con algunos años menos.

Alianzas surgidas en el más profundo plano esotérico, que dicen son institucionales y arrejuntan anti mineros y  solapados amigos de las formulas revolucionarias que  con nostalgia invocan el poder nacido del fusil, tratando de hipnotizara los  frágiles votantes con conjuros de cambio de constitución, clamando institucionalidad y gobernabilidad; que en una  campaña anodina han pretendido reforzarse en los anti valores de la farándula,  pero sin un panorama claro de cómo resolver este enigma llamado Perú.

Radicales Izquierdistas que disfrazados tras una cara bonita se han perdido en conceptos liberales retocados con tufillos exaltados, que reivindican sensibles causas como el medio ambiente y enarbolan la oposición a casi todo, gritando torpemente  que el aborto es señal de progreso, confundidos entre la comodidad de buen champagne francés y sus arrebatos revolucionarios. Nostalgia tengo, no hay una izquierda seria en este país; de esa que podría haber sido cómplice de nuestros sueños de rebeldía, juveniles o románticos, o de las osadas intenciones de unidad que un tal Frijolito (Alfonso Barrantes Lingán) intento germinara en  nuestro espectro político.

Otros extraviados pretendiendo ser la expresión chicha del éxito,  ostentando  y gritando su plata como cancha, con el más grande desprecio de la dignidad de los peruanos, pretenden que los votos  se compran y se venden, que son solo votos, votos como cancha.

No falta el toque oriental, pintado de naranja que expresa una dinastía que solo ha forjado una ilusión de fuerza popular, con nombre y apellido propio , tratando de desmarcarse de alguno de los capítulos más vergonzosos de corrupción, sin ideario ni posición clara respecto de que hacer en este nuestro país.

Aventureros que copian la experiencia de un coleta ibérico, que tratan de sorprender pulpines y descontentos con desvergonzadas e irresponsables afirmaciones, que lo único que hacen es diluir un voto que no encuentra propuesta ni alternativa

Encuestas, que aderezan el día a día, a la carta; o según el rating de los arrestos faranduleros de nuestros actores y candidatos.

Candidatos con estrella, pugnando por  limpiar su constelación, de salvar una valla técnica, de encontrar renovación y romper el secuestro secular de un partido de casi 100 años.

Peones de la lampa,  tratando de ser agradables, coqueteando con lo progre, rezando por no toparse con chicharrones o sombreros en la contienda. 

En fin, elecciones sin contenidos, con visión de corto plazo, proceso en el cual casi casi votaría por un candidato de la bonita vecindad, si alguno  completara los requisitos de esa fantasía.