Pérez de Cuellar y nuestra Cancillería

Ernesto Pinto Bazurco Rittler

El que Javier Pérez de Cuellar cumpla  hoy cien años de vida es una ocasión para rendirle un homenaje espacial a él y a la Cancillería, entidad donde su formo y retribuyo desde las múltiples funciones que le toco, tanto como servidos al país como a la Comunidad Internacional entera desde su cargo de Secretario General de las Naciones Unidas, por espacio de diez años, y varias veces presidente del Consejo de Seguridad.

Trabaje con él muchos años. Si hoy – como aparece en un periódico- el Perú tiene una representación importante en los llamados Cascos Azules, fue porque Pérez de Cuellar y su equipo, aprovechamos óptimamente el periodo de que el Perú fuera elegido como miembro no permanente del Consejo de Seguridad.

Pérez de Cuellar no solo fue un diplomático por excelencia, sino también un político que entrego parte de su vida al servicio eficiente del país. Como Primer Ministro y Canciller tuvo logros significativos en la lucha y verdaderamente eficaces contra la corrupción. Bajo su gestión se logró – sin mayor demora – traer a Montesinos de Venezuela, así como arrestar los fondos ilegalmente depositados en Suiza, y su posterior repatriación.

Recuerdo, con gratitud, que el embajador Pérez de Cuellar, en plena dictatura, prologo mi libro “diplomacia, Política Exterior, y Diplomacia” Y lo presento en la Academia Diplomática del Perú También me presento en el acto que se realizo en una prestigiosa Universidad, cuando se me otorgo el titulo de Doctor Honoris Causa.

Allan Wagner, hoy director de la Academia Diplomática que lleva el nombre de Pérez de Cuellar, es asimismo un diplomático, quien después de haber logrado los más altos cargos en la Cancillería, siguió sirviendo al país en el campo político.  Hoy desde la asociación civil Transparencia ocupa primera plana en los diarios del país cuando nos advierte sobre situaciones que deben ser mejoradas.

Últimamente, y con relación a la deficiente ejecución del Presupuesto, señaló que el hecho se debe a la falta de capacidad.

Como la Cancillería es el sector donde se hace más notoria esta deficiencia, es necesario recordar que, efectivamente, cuando ejercí funciones en la Misión del Perú ante los Organismos Internacionales en Ginebra sugerí que el Perú debía invertir en la compra de locales para las oficinas en el exterior. Tal como lo había hecho hace muchos años Pérez de Cuellar en Nueva York. Esta inversión es especialmente rentable y permite un ahorro sustantivo en los gastos de alquiler.

Por otro lado, la Cancillería tiene deudas pendientes. Como lo recordó recientemente el Foro Democrático, aun no se ha resarcido debidamente a los funcionarios que fueron cesados injustamente por el dictador Fujimori.   La Cancillería ha mostrado gran empeño en la protección de los derechos laborales, aun de empleados no diplomáticos. Entonces se daría una contradicción ética al no resarcir el daño causado a los diplomáticos cesados por medidas arbitrarias, más aún habiendo recursos para ello.

Hay una suerte de complicidad – corrupción pasiva- la que se da cuando se cierran las posibilidades administrativas para propiciar situaciones justas. Mas aun si, como es el caso de los diplomáticos separados- acto ilegal sobre el que se pronuncio el Poder Judicial-  se les puede compensar llamándolos a seguir prestando servicios a favor del país.  Felizmente tenemos en la Cancillería  hoy  excelentes profesionales que hoy la están dirigiendo, y seguramente podrán corregir ciertas anomalías en favor del fortalecimiento Institucional y el prestigio del país.

Para lograr justicia, se requiere ante todo de convicción moral – como nos lo enseno Pérez de Cuellar- y comportamiento ético de respeto a los valores fundamentales. El reto del Siglo XXI es como hacer participar con éxito al Perú en un orden internacional que rige un mundo que debe superar las perspectivas históricas divergentes, con una contribución valiosa a la cultura universal Prestigio no solo se gana con propaganda. Prestigio – como lo defino en mi libro Relaciones Internacionales Modernas- es el ascendente o la influencia que se puede ejercer sobre los demás en base a la captación de aprecio y reconocimiento. La política de prestigio involucra la capacidad de extenderse y asociarse con otros elementos aceptados como prestigiosos.  O por la sistemática puesta en valor de atributos propios. 

Hoy  la Academia Diplomatica, en  su funcion formadora, esta integrada por un excelente equipo de profesionales,  que son, para los alumnos, ejemplo digno de emular. Para el éxito   internacional nuestro país tiene que seguir una dinámica muy activa dotada de un firme anclaje en los intereses nacionales y   asimismo de la necesaria flexibilidad para acomodarse rápidamente al desarrollo de los acontecimientos. La inactividad, o pasividad frente al escenario internacional, dejan a un país en desventaja frente a otros. El liderazgo le permite ensanchar el camino de dialogo y concertación de intereses con actores principales. Esto conlleva un ejercicio de proyección a la comunidad internacional en busca de aceptación de los intereses nacionales. Y recíprocamente, otro ejercicio, a veces más difícil,  hacia  adentro, en procura de que en el propio país se acepten  aspiraciones y valores de la comunidad internacional.