Un nuevo pacto social

Ramiro F. Prialé

Algo de historia. En la década de 1920 en los Estados Unidos (EEUU), los republicanos liderados por Herbert Hoover y Calvin Coolidge entregaron el gobierno a los empresarios sobre la premisa que solo ellos sabían lo que era mejor para el país.  Durante los ocho años siguientes parecía que habían dado con el sistema soñado; la economía parecía estar en auge y varios se hicieron muy ricos.

Los turbulentos años veinte llegaron a su fin de golpe en 1929 con la primera gran crisis bursátil.  Algunos empresarios y financistas habían estado haciendo trampa, jugando con el dinero de los clientes o aprovechando esquemas de riesgo.  El crecimiento económico de la época no se había traducido en salarios más altos para los trabajadores o mejores salarios para los agricultores; todas las ganancias de los negocios en auge se destinaron a aquellos en la cima de la economía.

El presidente republicano Hoover aseguró a los estadounidenses que la economía simplemente necesitaba “algunos ajustes”. No había que cambiar el modelo porque toda injerencia gubernamental destruiría el «individualismo resistente» que era parte del carácter nacional.

Franklin Delano Roosevelt le salío al frente como opositor demócrata en 1932 y le ofreció al pueblo norteamericano un «Nuevo Trato» (New Deal).  FDR sostuvo que el gobierno si debía intervenir para regular la economía, proteger a los trabajadores y evitar que los empresarios engañen. Que el gobierno debía proporcionar una red de seguridad social básica para que los estadounidenses no pasen hambre, y promover la infraestructura tanto para desarrollar recursos como para permitir que todos los estadounidenses compartan el acceso al mundo moderno. El New Deal ayudó al pueblo a encontrar trabajo, obtener un nuevo Seguro Social construir nuevas carreteras, escuelas, aeropuertos, bibliotecas, carreteras y puentes en todo EEUU.  Tras la Segunda Guerra Mundial, el apoyo popular para el nuevo sistema de gobierno se consolidó. De hecho, los propios republicanos lo adoptaron.  Dwight Eisenhower ingresó a la Casa Blanca en 1953 con su propia versión del New Deal lanzando el mayor proyecto de obras públicas en la historia de los Estados Unidos: las carreteras interestatales.  El Nuevo Trato sacó a EEUU de la Depresión, ganó una guerra mundial y presidió una floreciente economía de posguerra. (1)

El Perú necesita un nuevo pacto Social. Uno que sincronice el Estado, los mercados y la sociedad civil en una meta común de desarrollo. Hasta ahora hemos tenido mercados cooptados por núcleos empresariales que han capturado nichos y cuotas de mercado a través de leyes, permisos y regulaciones obtenidas previo pago, de una clase política, elegida para dirigir un Estado que sirva a todos y no a unos pocos. La corrupción del Estado, la simbiosis y concertación de intereses entre la clase política y un segmento de la clase empresarial en detrimento de la sociedad quedó evidenciado tras los escándalos Lava Jato y Lava Juez.

Esto ha marcado a nuestro juicio, la fractura del pacto social que debe ser revisado desde los tres ejes sociedad, Estado y mercado.

El problema no es la Constitución, no es que el artículo 58 señale que la iniciativa privada es libre y se ejerce en una economía social de mercado. El problema es que no se cumple. No existe una economía de libre mercado en el Perú. Tenemos mercados controlados y cerrados a favor de grupos de poder que han pagado a la clase política para obtener la legislación correspondiente. El Estado no cumple con su parte del contrato social con el país y mantiene contratos privados bajo la mesa con los que pueden pagar la cuenta.

De esa manera se consolidaron monopolios y oligopolios en una serie de nichos claves de la economía . Se han dado pasos en dirección a una ley que regule los monopolios (algo que está legislado en los EEUU hace cien años) a través de un Decreto de Urgencia. Pero eso es para corregir una anomalía que ya tenemos, con la que convivimos.

Se trata también de lo que debe ser el mercado: liberar los mercados requiere de otro Decreto de Urgencia al amparo del propio capítulo económico de la actual Constitución.  Cualquier ciudadano debe poder importar (pagando sus impuestos) medicinas de países con altos niveles de control en la producción de fármacos (Comunidad europea, EEUU, Canadá, Japón); acceder a ellos por Amazon ó cualquier otra plataforma, por ejemplo. Los primeros en acatar la norma deben ser las aduanas de todo el país que hoy son la primera barrera de entrada bajo control de los laboratorios y carteles de la industria farmacéutica. 

Verán como en cuestión de meses, gracias a la liberación del mercado, los precios de los medicamentos en todo el país pasan de ser 20 veces el precio de su equivalente fuera del Perú, a 2 veces ese precio. Esta es la guía a seguir en el caso de todos los oligopolios que operan en el país. Liberar realmente los mercados.

El nuevo pacto social pasa no solo por reconfigurar las anomalías del mercado fruto del negociado entre empresas y clase política. El Estado debe ser re-estructurado, pasar por un proceso de re-ingeniería radical. Hemos dicho en otros artículos que el Estado peruano no funciona y debemos delegar por uno o dos periodos de gobierno en Estados proxy todas la tareas de planeamiento, desarrollo y ejecución de obras de infraestructura, para entre otros efectos, externalizar la corrupción.

Al igual de lo ocurrido con el New Deal de Roosevelt y su posterior expansión con Eisenhower, las inversiones en infraestructura deberán ser el elemento central y vital para mejorar la productividad del país.  Esto implicará un enorme esfuerzo formativo, de coordinación con las universidades, institutos técnicos, SUNEDU y los colegios profesionales para contar con personas adecuadas con las habilidades adecuadas (2) disponibles para entregar y hacer posible un ambicioso flujo de inversiones públicas y privadas planificadas, conducidas desde Estados Proxy de manera de desencadenar el desarrollo de la masiva inversión en infraestructura que requiere el país.

Esta adecuación formativa, de desarrollo de capacidades tendrá al Estado como primer eslabón en un proceso de re-ingeniería que incluirá la definición de flujos de trabajo en todas sus instancias, de manera de contar en el plazo de un gobierno, con un nuevo Estado peruano que si nos sirva a todos.

—————-  

(1) Letters from an American – February 8th. 2020 – Heather Cox Richardson

(2) National Infrastructure Plan for Skills – Ref: ISBN 978-1-910835-58-6, PU1833PDF, 913KB, 64 pages