Necesitamos liderazgo; ciudadanos e instituciones

Nuestra Democracia se ha convertido en un ritual pintoresco, que se atiza cada cierto tiempo, y termina con el consabido lamento, de mira lo que se ha elegido… Un par de meses y algo más, donde se han dicho frases y estribillos extrapolados de lo que cada quien, o cada cual de los competidores electorales han considerado una oferta atractiva. (Cambio de constitución, pena de  muerte por fusilamientos, expulsión de emigrantes etc.).

La confusión ha sido el ingrediente más abundante, aspirantes al congreso con plataformas de   alcaldes que quieren ser ministros de energía, postulantes al congreso que quieren ser  presidentes  nacionales o regionales o que en el fondo  que anhelan ser alcaldes de distrito. En fin puro desconocimiento de la función del Congreso y  de ser parlamentarios.

Hemos sufrido una campaña que ha demostrado estar a la altura de la ciencia ficción, pues ha creado mutantes ideológicos y engendros desesperados, matizada de  muchos  personajes sorprendentes.

Esta campaña  ha desdeñado al ciudadano,  ha traficado con sus pasiones más primarias, y nos ha  hecho cómplice de las  miserias de nuestra falta de liderazgo, de ciudadanía y de institucionalidad. Clamorosamente, esta realidad; nos pide ponernos de pie, de sublevar nuestra consciencia, de buscar un cambio real.

Vivir en democracia, no es dejar que se empapele la ciudad,  ni permitir que  nos  adormezcan  con una campaña como esta, salpicada de farándula y vacío de kermeses y polladas, vivir en democracia es educarse cada día, en ser ciudadano, es asumir responsabilidad para ejercer nuestros actos, incluso y fundamentalmente para  sufragar.

Probablemente, el contrapeso que añora nuestro fútil ritual de campaña, sea el de una ciudadanía libre y responsable, que le ponga freno y control a esta parafernalia que adormece y no convoca.

Esta nuestra democracia, tiene candidatos pero no tiene partidos, tiene ritmo, pero no tiene melodía, tiene frases y no tiene contenidos, tiene votantes pero no ciudadanos, esta nuestra democracia mueve masas pero no promueve lucidez ni coherencia, es casi un suplemento de crónicas vulgares y caricatura de la política por vocación.

Requerimos líderes; ergo el liderazgo político es más necesario que nunca. En los tiempos actuales de desafección y fragmentación del voto se echa en falta la figura del líder, que sigue siendo fundamental en nuestra civilización dado que el ciudadano aspira a estar representado y dirigido por cargos electos carismáticos y creíbles; cuidadosos todos ellos de la ética y, también de la estética. La desafección que ha irrumpido en la agenda de todos los partidos políticos ha propiciado la búsqueda de nuevos perfiles que se aproximen al de sus votantes.

Presidentes de lujo, chinos, morados y furtivos amantes, generales torpes chabacanos, peonajes pintorescos, esos si abundan por doquier. La lucha por el voto no se gana exclusivamente en las redes sociales o en la calle, sino que también la imagen del líder juega un papel relevante a la hora de obtener el respaldo de la mayoría de la ciudadanía.

Con el paso del tiempo, los políticos se han transformado y adaptado al contexto de cada momento. Por lo tanto, se llega a la conclusión de que el liderazgo es una de las piezas determinantes del tablero político actual o al menos en momentos puntuales donde el distanciamiento entre sociedad y política es una realidad.

La importancia de ser un líder permite (en condicional) que representantes de partidos políticos cuenten con un importante apoyo en las urnas. Pero, para llegar a ser un líder, se requiere un recorrido previo por los diferentes ámbitos de la sociedad, puesto que “un líder no nace sino que se hace”. El liderazgo se adquiere, principalmente, con la experiencia y con determinadas actitudes que cuadran con las perspectivas de los votantes. La confianza y la credibilidad juegan un papel crucial en este complicado mundo del liderazgo. Los políticos tienen que echar mano de su formación, de su preparación y de su experiencia personal para saber hacia dónde deben ir dirigidas sus políticas. Saber escuchar al ciudadano y saber atender sus necesidades son piezas tan cruciales como sus propias dotes de persuasión.

Pero también necesitamos ciudadanos, que no elijan por consumo o por descarte  a candidatos que se venden como productos únicamente. Ser ciudadano  significa más allá de las prácticas concretas, –sea votar en elecciones o gozar de la libertad de expresión, recibir beneficios sociales del estado o cualquier otra práctica específica–.tener, por un lado, el derecho de reclamar y por lo tanto salir del plano subordinado. Por el otro, ejercer una “práctica conflictiva vinculada al poder, que refleja las luchas acerca de quiénes podrían decir qué en el proceso de definir cuáles son los problemas sociales comunes y cómo serán abordados .Adquirir una conciencia de ciudadanía se relaciona directamente con la politización del individuo. El propio proceso que implica salir a la esfera pública, de sentirse con derecho a estar en la esfera pública, forma parte del proceso de construcción de una dimensión de la ciudadanía.

Y requerimos Instituciones, sin ellas no hay progreso. Los líderes y los ciudadanos se diluyen sin las instituciones capaces de darle permanencia a las políticas e ideas impulsadas.es en los espacios institucionales donde es posible desarrollar prácticas que posibiliten densidad, proyección, construcción y calidad `para satisfacer las demandas ciudadanas, por parte del estado, de la sociedad civil, de la academia de los agentes económicos.

Solo así, nos alejaremos de esta Crisis; de presidentes de lujo,  de presidentes presos,  investigados y prófugos; de constructoras brasileras, de congresistas sentenciados y procesados, de turbas intolerantes y beligerantes, de clubes electorales, de  aventureros y oportunistas  electoreros; solo así alcanzaremos propuestas serias, y solo así sostendremos la democracia. Necesitamos ciudadanos, lideres e instituciones.