Libertad económica

La lista de los derechos humanos universales está recogida en treinta artículos ratificados por la Asamblea General de la ONU (Resolución 217 A (III) de 10 de diciembre de 1948), en París, tras la Segunda Guerra Mundial. Ello dió vida a uno de los documentos más importantes de la historia de la humanidad: la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Los primeros cinco tratan de los valores humanos y los siguientes van de lo más general a más específico. Abordan la discriminación y los derechos personales y sociales, pasando por libertades todavía más concretas y relacionadas con nuestro día a día como personas que conviven y trabajan en sociedad, tocando los derechos de pensamiento, conciencia, religión o libertad política.

Esta declaración universal surge como corolario de la post guerra en una era donde el orden y el progreso que se quería construir como un ideal para toda la humanidad, nacía de una interpretación del cambio por la fuerza de la ley. La jurisprudencia todavía hoy es dominante, en particular en sociedades como la nuestra: creer que la realidad se puede cambiar por ley. Cada nuevo gobierno suscribe y reitera esa expectativa.

La economía global inició en los ochenta un acelerado cambio en el tránsito de transacciones basadas en papel hacia las transacciones digitales gracias a la diseminación masiva de las tecnologías que hicieron posible el inicio de la era de la información. Estos cambios acaban de profundizarse con la incorporación reciente de mecanismos de seguridad de encriptación al registro trazable de todo intercambio. Por primera vez podemos transferir con seguridad valores y no solo información, gracias a la tecnología de cadena de bloques o Blockchain.

Toda la estructura previa de la economía, los gobiernos, el rol del Estado, la propia identidad ciudadana priorizó bajo un enfoque eminentemente jurídico, uno de los derechos humanos fundamentales, la declaración 6 que señala que «Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica: es decir, ser tenido en cuenta por las leyes nacionales e internacionales». Para ello y por lo mismo ha sido tarea de todo Estado el proveer una identidad jurídica a través de documentos de identidad generados, producidos y aceptados por el Estado de derecho en toda transacción pública o privada.

La globalización ha seguido expresándose a través de una interpretación esencialmente jurídica, donde todo intercambio contractual transita por una legalidad que nace con la identidad legal y positiva de un ciudadano: su documento de identidad.

Pero la velocidad del intercambio de bienes y servicios platean hoy una identidad digital que no solo transita por la identidad legal, sino por la identidad económica de un individuo y ella se expresa en un nuevo derecho que debería ser incorporado a la declaración de los derechos humanos. El No. 6 debería decir «Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica y económica…» y la declaración 18 que dice «Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente» debería ampliarse para incorporar el derecho a la libertad económica. 

Un documento llamado a ser tan o más importante que el documento de identidad nacional provisto por los Estados es la billetera electrónica de uso universal la que utilizada bajo tecnología Blockchain permitirá a los gobiernos asistir a las poblaciones más vulnerables de manera directa, la trazabilidad de toda transacción económica que impedirá de una manera real y eficiente el lavado de dinero, evidenciar la ruta del dinero de la corrupción y hará además, inviable la evasión y elusión tributaria.

El único problema, es una conjetura, será la oposición de la banca a este tipo de cambios que ya empezaron a darse en otros países. En Perú ya existen ofertas de billeteras electrónicas y pronto nos dirán que estas deben ser otorgadas solo por Bancos, lo que equivaldría a decir que solo los Bancos pueden otorgar billeteras físicas como la que llevamos en el bolsillo o la cartera y además ligadas forzosamente a una cuenta bancaria. Ciertamente inaceptable. 

Los bancos son esenciales en una economía de libre mercado, pero en nuestro país no existe una economía de libre mercado. La tarea más urgente es en realidad liberar los mercados, comenzando por el financiero y todos los oligopolios y monopolios de facto que operan y controlan vastos segmentos de mercado en el país que se traducen en tasas de usura y sobreprecios impresionantes en medicinas y retail de alimentos, entre otros.

Este cambio, la identidad digital económica de cada ciudadano, supone la pérdida del control del tránsito del dinero, que ahora podría fluir libremente entre billeteras electrónicas y de manera directa. La banca en todo el mundo tendrá que redefinir su nuevo rol que creemos deberá enfocarse en colocaciones y captación agresiva mediante una oferta realmente atractiva a clientes que no necesitarán transitar por una cuenta bancaria, como ocurre hoy. Cualquier ciudadano hoy en día, no requiere consultarle a un banco cómo, cuándo ni por qué realizar un pago desde su billetera personal con dinero en efectivo a cualquier persona.

Con la billetera electrónica provista por el Estado para todos los ciudadanos, las condiciones no deberán ser distintas; con la ventaja adicional de que con dinero de papel las transacciones si son anónimas y se puede lavar dinero, mientras que con la billetera electrónica si hay trazabilidad y posibilidad de auditoría de las transacciones efectuadas.

China y 16 países ya han dado paso a cripto monedas nacionales de curso legal. Creemos que bajo las condiciones de concertación y oligopolio bancario en nuestro país y el control que ejercen sobre el BCR y sobre la SBS – que en consonancia, está evaluando una regulación para evitar lavado de activos de empresas de bitcoins –  nosotros seremos de los últimos países en incorporar la billetera electrónica y una cripto moneda nacional como instrumentos poderosísimos para el desarrollo nacional.