Disolver, disolver…

El Cardenal Pedro Barreto decidió empezar la semana con unas declaraciones incendiarias que elevan aún más la tórrida temperatura limeña. Un diario local reproduce los pensamientos del obispo de Huancayo respecto de la comunidad del Sodalicio vertidos en Radio Santa Rosa. “Yo, personalmente, pienso: cuando una organización religiosa ha delinquido —porque hay que decirlo así—, desde el punto de vista de abusos sexuales y la parte económica, en las que hay también problemas, hay que disolverla”. Escueto, claro y al punto. Sin embargo, la argumentación del obispo entraña un problema de principio. ¿Se puede acaso atribuir responsabilidades a una institución? Desde una perspectiva, delinquir, es decir, cometer un delito, es un acto individual que para ser punible implica libertad. Y, que sepamos, los únicos seres en el universo creados con libertad somos las personas. La organización religiosa no ha delinquido. Han delinquido personas concretas, responsables de sus actos, que tendrán que asumir las consecuencias de estos si los encuentran culpables.

Quizá le quede más claro el asunto al cardenal Barreto si es que le ponemos un ejemplo cercano. La Compañía de Jesús, organización religiosa a la que él perteneció hasta ser nombrado obispo, reconoció que cerca de 100 miembros de sus filas cometieron abusos sexuales en poblaciones alejadas de los Estados Unidos y por ello tuvieron que pagar cifras millonarias en indemnizaciones. En marzo de 2011 la BBC daba así la noticia: “La orden religiosa de los jesuitas en Estados Unidos acordó pagar US$166 millones a cerca de 500 víctimas de abusos sexuales y psicológicos”. Entonces el Cardenal Barreto diría: “Yo, personalmente, pienso: cuando una organización religiosa (en este caso hipotético, la Compañía de Jesús) ha delinquido —porque hay que decirlo así—, desde le punto de vista de abusos sexuales y la parte económica, en las que hay también problemas, hay que disolverla”. Un simple ejercicio de lógica llevaría la conclusión de que, en la lógica del Cardenal Barreto, hay que disolver a la Compañía de Jesús. El absurdo se prolonga al infinito si es que aplicamos la misma lógica del Cardenal Barreto, a otra institución religiosa: la Iglesia Católica. Y así podríamos seguir.

Esta propuesta del obispo peruano, sobre la que según él “muchos estamos hablando”, suscita algunas preguntas. Primero, ¿quiénes serán esos “muchos” que hablan? ¿Otros obispos peruanos? ¿Monseñor Cabrejos? ¿Monseñor Castillo? ¿Monseñor Prevost?  Por otro lado, ¿por qué tanto interés del obispo de Huancayo en este asunto? Y bien enterado parece estar cuando se anima a hacer cábalas vaticanas sobre el resultado. “Estamos en ese camino” (de la disolución), dice. En tercer lugar, hay que preguntarse por un personaje importante en la jugada: el Nuncio en el Perú. Hasta donde sabemos, él es el representante del Papa en nuestro país. Ante la publicación en prensa y difusión por radio de un pedido de disolución de una congregación que en su momento recibió la aprobación de la Santa Sede, y sobre lo que se dice que el Papa Francisco no estaría en desacuerdo, ¿qué tiene que decir el representante del Papa y de Vaticano en el Perú?

Lanzar declaraciones del calibre de las que ha hecho el obispo Barreto en un medio de comunicación es, desde otra perspectiva, un tanto temerario. Y lo es desde un ángulo muy preciso que a Mons. Barreto le debería, por oficio, interesar: el pastoral. ¿Es justo que los miembros buenos que hay en el Sodalicio, a los que se refiere hasta en dos ocasiones el Cardenal, tomen conocimiento de que se evalúa la disolución de su institución por medio de un periódico? Ni qué decir de las familias que, de cualquier manera, participan de alguna obra de esta institución religiosa, o tienen a sus hijos en sus colegios o universidades. No parece ser lo más prudente por parte de una Pastor de la Iglesia hablar así de temas tan delicados. Finalmente, ¿habrá hablado el Cardenal, u algún otro de los muchos con los que viene cocinando este asunto, con las autoridades del Sodalicio? ¿O ellos también se habrán enterado por el periódico?

En una de esas —las vueltas que a veces da la vida— el Cardenal Barreto o alguno de sus amigos terminan acogiendo en una institución dirigida por ellos a la “gente buena” del Sodalicio. Y de paso, “administran” todos sus bienes. De hecho, a la Caja de Huancayo no le vendría nada mal un “aumento de capital”. Digo, esun decir…