Indefensión

Resulta deplorable, alarmante e inaceptable la actitud de muchas personas que, además de desobedecer las leyes, se resisten cuando los intervienen, normalmente policías, para llevarlos a las comisarías cumpliendo las directivas del gobierno por el bien del país.

Dicha actitud es deplorable toda vez que la irresponsabilidad de miles de peruanos pone en riesgo la salud de los millones que queremos cuidarnos y que el país se recupere afectando lo menos posible nuestra salud, la economía nacional, y por ende, los trabajos y la olla.

Quienes incumplen las disposiciones, por obvias razones, están más expuestos a la enfermedad o directamente ya la contrajeron.

Resulta alarmante cuando se observan las imágenes. Es común encontrar escenas símiles de indefensión policial y que hay que subsanar sin mayor dilación. El circuito detención, traslado y arresto por miles sólo causa impacto directo e inmediato a quienes nos protegen. Los policías tocan y son tocados. Cuando los detenidos son conducidos en patrulleros o camionetas respiran a distancias riesgosas y pueden contagiar. En las comisarías, el riesgo continúa.

La resistencia física de los desadaptados ha sido especialmente denunciada por las autoridades y los medios de comunicación muestran imágenes que evidencian que los policías carecen de las protecciones necesarias.    

Es de público conocimiento los crecientes casos de policías infectados y de muy lamentables fallecimientos. Si usáramos analógicamente las estadísticas, hoy, los uniformados y especialmente los policías, resultan siendo el grupo más vulnerable frente a la pandemia. Los profesionales de la salud, a quienes tenemos tanto que agradecer, no se enfrentan a la violencia y a tanto contacto indefenso.

No sólo es también inaceptable lo que sucede; es tremendamente injusto y muy penoso. Es imposible, mientras escribo, no ponerme el uniforme de un agente y no sentir que todo esto mella su fortaleza, la de su familia y también podría, ante una amenaza e indefensión común evidente, vulnerar el espíritu de cuerpo de quienes tienen tan difícil misión.

El gobierno informa que la expansión del coronavirus se agrava. Entonces, resulta lícito preguntarse si la detención tal y como se produce, no debe replantearse. Creo que urge que los especialistas revisen inmediatamente ciertas disposiciones y los protocolos operativos. También considero impostergable dotar de los conocidos equipos de protección individual (EPI) a quienes, indefectiblemente tienen físicamente que intervenir.

Con las técnicas modernas ya disponibles se capturan imágenes y movimientos del cuerpo y en poco tiempo se identifica a la persona.  Si es tan irresponsable el infractor, el daño menor es que regrese a su casa y no contagie a nuestros valerosos uniformados. Después que les caiga la multa, el juicio y demás rayos.

No podemos permitir más muertes de quienes nos defienden, los aplausos y los reconocimientos, muy pertinentes, no protegen!