Volviendo al terruño, drama o posibilidad

El Perú y el mundo vienen sufriendo un súper shock mortal en la salud y en la economía con la pandemia del COVID 19, mucho más grave en los países en desarrollo con grandes fragilidades en sus sistemas de salud, el Perú no escapa a esta realidad, es parte de ella, la enfermedad está provocando muchas muertes y la actividad productiva, que ya venía débil en el último quinquenio, ha recibido inesperadamente este mega shock externo, el sistema de salud precario al borde del colapso, y la economía registrará una gran depresión. No es una visión alarmista, sino el reflejo de una cruda realidad, pérdida de vidas y cifras negativas en el crecimiento económico, para el presente año. Estamos seguros se revertirán el año siguiente, con el esfuerzo de todos los peruanos, sólo debemos tener presente que el foso que dejará la crisis sanitaria y económica del 2020, no se podrá recuperar rápidamente, tomará tiempo, los próximos dos o tres años, de allí enrumbar, recién, a una nueva década con esperanzador futuro, en democracia.

Este drama no sólo se manifiesta en la salud de la población sino que va erupcionando realidades que no hemos podido superar por décadas, como es el enorme centralismo económico y político, que aún padece nuestro país y que sigue siendo un gran problema. Sólo la región Lima concentra la mitad del PBI peruano, supera en diez veces al aporte de la segunda región, Arequipa, y así las que siguen. Históricamente, esta ventaja limeña, ha generado que miles de miles de pobladores del interior del país, desde hace más de medio siglo, migren a la gran ciudad, este mismo proceso se da en otras ciudades del interior del país, replicando en su tamaño, la esencia receptora, a la vez concentrando el progreso regional, (lo señalaba hace cinco años en el documento: “La fuerza económica de las migraciones internas”).

En la actualidad, el 21% de la población (6,5 millones de pobladores), son migrantes interdepartamentales de toda la vida, la mitad de ellos en Lima, y el 35% migrantes interdistritales, (11,4 millones de pobladores). Más aún, en los últimos cinco años (datos del Censo 2017) el 6,0% de la población ha migrado de un departamento a otro, las migraciones internas no se detienen, se dinamizan en diversas direcciones, cambian de inmediato en respuesta a shocks externos de distinta naturaleza, que afectan el empleo y el ingreso, ahora el detonante ha sido el COVID 19.   El drama de miles de compatriotas atrapados en la cuarentena o incluso aquellos que vivían en Lima del día a día, tras la crisis sanitaria y económica, se han quedado con los “pies descalzos”, y han vuelto sus ojos a su terruño, a sus pueblos de origen, en la esperanza de que allí aún pueden sobrevivir. Estimo, que en las últimas dos semanas, un cuarto de millón de peruanos ha retornado o quieren retornar a sus lugares de origen. Y no sería extraño hacia adelante, este proceso de retorno se dinamice, ya que gran parte de los trabajadores de Lima, muchos de ellos migrantes internos, y de otras ciudades, que vivían del trabajo diario, en tanto la crisis persista y la demanda de empleo siga deprimida, no tendrán otra alternativa. Qué posibilidades vemos para ellos que retornan?, aumentará el desempleo en el interior del país?, pues será un reto para los gobiernos regionales y motivo para plantear soluciones prácticas de inversión regional y trabajo.

Este proceso de descentralización forzada del recurso humano, es a la vez una posibilidad. Sí, que lo es, pero no puede ir solo sino que requiere de una autentica descentralización del capital, con incentivos a la inversión privada y por supuesto, mayor inversión pública dinamizando actividades regionales potenciales, ampliando e integrando el mercado interno. Si los grandes oleajes migratorios hacia la costa y selva, salieron de Cajamarca, Junín, o Puno, por dar algunos ejemplos, ahora es la posibilidad de generar polos de desarrollo en esas regiones y otras potencialmente activas e integradoras a nivel macro regional. Aunque en un ideal óptimo de Pareto, es necesario repensar la redistribución equitativa de recursos hacia las regiones.

Considerando además, que uno de los factores aliados de la reactivación es nuestro creciente mercado interno, mirémoslo como una gran posibilidad en tanto la demanda mundial tomará tiempo activar. Esta realidad cruda de hoy nos trae a la memoria, la historia del pasado, en plenas guerras mundiales el mercado interno peruano, lejos del fragor de la guerra, se desarrolló, se dinamizó. Por ello, debemos pensar que esta crisis, tendrá como alternativa el mercado interno, será el primero en absorber la mano de obra retornante, a la vez nos dará la posibilidad de reactivación con auténtica descentralización económica, lo demás vendrá solo.