Entre dos recesiones

En la historia económica del Perú de los últimos setenta años (1950-2019) los grandes periodos de recesión en la economía se dieron en la década de los ochenta, en el año 1983 el PBI peruano cayó en -10,4%, en el segundo gobierno de Belaunde, circunstancia que se agudizó unos años después, en el primer gobierno de García, la economía cayó en -9,4% en el año 1988, -12,9% en el año 1989, año de mayor recesión de la economía peruana de los últimos setenta años, y continuó cayendo en -5,0%, en el año 1990, tras severo y necesario ajuste económico. Es verdad, que para el Perú de dichas épocas, la recesión o crisis internacionales tenían efectos muy negativos para una economía como la peruana, muy dependiente de sus materias primas, principalmente, como muchas otras de América Latina.

El exponente más grave de las recesiones que sufrió la economía peruana en los últimos treinta años, fue aquella que se registró en el año 1989, el Producto Bruto Interno (PBI) disminuyó en -12,9%, fue el epílogo de una catástrofe en política económica, llamada “heterodoxia económica” caracterizada por controles de precios, crecimiento desproporcionado del aparato del Estado, empresas públicas que generaban pérdidas, cierre del acceso al crédito internacional, el Perú se convirtió en “paria” en el sistema financiero mundial, por supuesto, déficit creciente en las finanzas públicas, y financiamiento inorgánico que devino en una gran hiperinflación. Es evidente que el shock del año 1990, buscaba sincerar precios, la inflación se disparó dicho año a 7,650%, para ir declinando ostensiblemente en las últimas tres décadas, se implementaron una serie de reformas estructurales, apertura comercial de bienes, servicios y capital, achicamiento del aparato del Estado, incentivos a la inversión privada, que hicieron despegar la economía por tres décadas hacia adelante.

Si la obra y el “intelecto” peruano de la época generó dicha catástrofe, treinta años después, una extraña pandemia, un virus importado, ha vuelto al país, en pleno siglo XXI, a inaugurar la primera gran recesión del siglo XXI, que nos tocará experimentar y seremos protagonistas los peruanos y peruanas de hoy, el Perú del año 2020, tendría una caída de su PBI, después de venir registrando cifras positivas en las últimas tres décadas. Pero el país no será sino uno más de los países golpeados, no somos una isla, la economía mundial se estima caerá entre 3 y 4%, la Unión Europea según Eurostat, estima una contracción de 7,7% en las economía de 19 países de la zona del Euro, el PBI de Italia caería en -9,5%, España -9,4%, Francia -8,2%. Para el Perú, hace un mes atrás CEPAL (abril 2020) pronosticaba una caída cercana al 5,0%, el Banco Mundial estimó una caída de -4,7% para Perú. Ahora, con 70 días de cuarentena, privilegiando la salud de la población, con acciones de aislamiento, cuarentena y aislamiento social, buscando quebrar la curva de ascenso de contagios y muertes, con justa razón se ha valorado la salud, por encima de la economía. Sin embargo, los efectos directos de paralización de la actividad productiva traerán, en el corto plazo, disminución en los niveles de empleo, mayor desempleo, disminución de los ingresos, aumento de la pobreza, aumento del gasto público en salud, mayores costos y acceso desigual en la atención de los pobladores, así, es diferente vivir la cuarentena y la atención de la salud en los distritos de mayor ingreso, que en aquellos distritos o barrios populosos, o los más pobres, como las laderas de San Juan de Lurigancho o de Ate. Igual sucede en otras latitudes, en Estados Unidos, la población más vulnerable a la enfermedad, por la actividad que realizan, son los latinos y afroamericanos.

Según un estudio de la CEPAL, los efectos de la pandemia en los países de América Latina, en el mediano y largo plazo, se reflejarán en quiebras y desaparición de empresas, una brusca caída de la inversión privada, consecuencia de la menor demanda de bienes, materias primas y productos terminados. Pérdida de capacidades productivas, incluso de capital humano. Es por ello, que en el Perú, la gestión pública actual va a destinar el 12% del PBI, cerca de 90 mil millones de soles, para contener la pandemia, preservar la actividad empresarial y el empleo, el ingreso y paliar las necesidades inmediatas de las poblaciones más vulnerables, el reto será en la eficiencia y eficacia de las medidas de política, que esperamos lleguen a buen puerto.

Como lo vienen recomendando diversos organismos internacionales, y lo enseña la economía, es necesario un gran estímulo fiscal, que sea suficiente para apuntalar los servicios de salud, y proteger los ingresos y los empleos. Incentivar el apoyo social a las poblaciones vulnerables y en especial aquellas cuyo efecto de la pandemia es mayor, y una provisión de liquidez por parte del Banco Central para mantener y dinamizar la trama empresarial. Superada la emergencia, al menos gradualmente, surgirá un panorama nuevo para la reactivación productiva, la recuperación y el crecimiento sostenido única garantía del desarrollo futuro. Grandes enseñanzas nos dejará haber vivido entre dos recesiones, si lo permite Dios que soy creyente.