El abyecto recurso de cohonestar

Hace muchos años sostengo que en el Perú se aplican malas prácticas jurídicas. Lo revela el hecho de que la fotografía más difundida en los últimos años en nuestro país es aquella en que aparecen dos peruanos forzando a otro que va preso. Pésima imagen para un país que hace esfuerzos e invierte dinero para sostener la buena imagen internacional que el Perú, por muchas otras cosas, se ha ganado.  Esto de simplificar el sistema judicial con la presión se puede interpretar como consecuencia de falta de realizaciones en materia misma de justicia.

Se gastan varios millones de dólares y es necesario recurrir a dudosos testimonios de delincuentes extranjeros.   Así se distrajo a la opinión pública, a la cazuela, persiguiendo –incluso hasta la muerte- a expresidentes elegidos.  Ninguno de ellos- excepto el dictador Fujimori- pudo, hasta ahora, ser condenado. A ello se suma que nos hemos expuesto a la falta de confianza internacional en lo que respecta el sistema judicial peruano, que -pese a los millones gastados en este esfuerzo – no pudo lograr que las extradiciones funcionen.

Hace unos días, las televisoras de varios países del mundo trajeron las imágenes sobre la revuelta en un penal peruano. Esto es lamentable.  Mas aún resulta, cuando poco se ha hecho al respecto. En el Perú nos hemos acostumbrado a que se cambia a un ministro simplemente porque a alguien no le gusto que remueva a un funcionario público, como fue el caso Petrozzi. Cuando hay varias vidas de por medio, y se daña la imagen internacional del país el ministro del ramo se queda en el cargo y, olímpicamente, le echa la pelota al Poder Judicial

Se sabe que el Poder Judicial actúa de modo selectivo:  existe discriminación en nuestro país. Hay familias privilegiadas, como los Fujimori. Las acusaciones que cargan pueden cubrir un vasto catálogo de delitos. Alberto Fujimori Fujimori, encabezó un régimen, con apoyo familiar, que ha ido destruyendo todos los espacios de legalidad y libertad,  avasallando medios de información, destruyendo las Instituciones, y la credibilidad en la justicia.  El prófugo, al ser traído al Perú solo fue condenado por algunos delitos, acogiéndose a tratados de extradición. Aparecieron plañideras oficiales clamado por su estado de salud, para  ser liberado. Hoy, después de diez años, sano y salvo se encuentra en amplia instalación privilegiada – protegido de contagio- que alterna con largas visitas a una clínica privada, que le brida espacios especiales. Recuérdese que fue indebidamente indultado y ninguno de los que estuvieron involucrados en ese despropósito está hasta ahora procesado. En tanto las hermanas, el cuñado de Fujimori y otros allegados siguen prófugos.  Dos de sus hijos, que cobraron sueldos del Estado, a pesar de tener serias acusaciones a cuestas, coquetean hoy con la justicia.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó adoptar medidas para enfrentar el hacinamiento en los sistemas penitenciarios. No sería necesario que las recomendaciones vengan del exterior. Eso solo confirma que  el sistema penitenciario y el judicial de nuestro país adolecen de múltiples deficiencias. Y es, en contraposición, muy costoso. Sería útil para el contribuyente saber cuánto de nuestro presupuesto es absorbido por el sistema de justicia y cuanto se gasta en mantener a una población que se acerca a cien mil personas en prisión. 

Durante muchos años se recibió cooperación de Alemania para reformar el Código de Procedimientos Penales.  Poco se avanzó. En términos estadísticos en relación al número de habitantes, el Perú tiene una proporción cinco veces más de presos que Alemana. Y una gran parte de ellos sin condena

Ante todo, debemos renunciar a esa mala costumbre de tratar de resolver los problemas del país, privando a personas de libertad. Nos movimos en el círculo vicioso de tener muchos abogados y pocos juristas. En tanto nos hemos acostumbrado a escuchar paparruchadas retóricas y espectar leguleyadas, para poner o sacar a alguien de prisión, de acuerdo a conveniencia. Nada sabio con lo que se entiende internacionalmente como alcanzar la justicia.

Así el país se ha quedado, en el afán de lograr lo justo, en una etapa primaria de aceptar la simple reclusión, o la privación de libertad. Cuando en cualquier parte del mundo. la verdadera justicia es la reparadora, es decir la que pone énfasis al daño o injuria, en protegerse del mismo y elementalmente a la restitución al perjudicado.  Es decir, darle a cada uno lo que le corresponde.

Me parece bien que saliera en libertad Keiko Fujimori. (¿Pagó la fianza respectiva?) Creo que hay también aciertos en el sistema judicial, como el rechazo a la liberación, así no más, de Alberto Fujimori.  De acá en adelante se le debe de dar igual trato que a los otros peruanos que salieron en libertad, previo pago de sus deudas. Fujimori no solo debe una inmensa suma de reparación civil al país, sino que tiene que ser obligado a   reparar el daño que él mismo ocasionó a muchos peruanos; a los que se afanaron en aportar en la defensa de la democracia, así como a la imagen internacional del país. Comencemos por exigirle que pague y pida disculpas a los diplomáticos que fueron cesados y difamados por el abyecto usurpador del poder en 1992, lo que tuvo dramáticas consecuencias para nuestro país.

Hacer justicia no es fácil.  Lo más complejo – y  urgente en nuestro país- es lograr una justicia preventiva, que evite abusos del derecho. La mayoría de los casos que llevan los fiscales y que suscitan la atención pública, viene de hace cinco o más años atrás.  Eso no es culpa de los magistrados que pueden ser excelentes profesionales, sino de un sistema ineficiente.

Hoy tenemos un caso en que este Poder del Estado, el Judicial, podría intervenir para prever un daño y perjuicio muy grande al país. Existe una iniciativa de un frente estrecho de criterio para castigar a la clase media con un impuesto adicional.  Una suerte de imitación de lo que también propuso la izquierda en Alemania, pero que fue, en un país bien informado, objeto de rechazo.  El Poder Judicial debe lidiar entre esta sórdida competencia entre el Ejecutivo y el Legislativo, de hacer populismo  cuando enfrentamos un periodo preelectoral.  

El ideal de justicia debe estar acompañado del empeño de hacer a los hombres más libres.