¿Una nueva normalidad digital?

* Publicado por el Instituto de Cultura Ciudadana, reproducido con autorización

La realidad de la situación de las telecomunicaciones y la accesibilidad a internet en nuestro país presenta aún varios desafíos en materia de inversiones e infraestructura que se abordan desde el sector privado y también desde la política pública. Pareciera utópico pensar en un futuro de interconexión total, una universalización digital donde ninguna persona sea excluida de los beneficios de la tecnología aun en las montañas más altas o en los desiertos más alejados y bosques profundos.

Al respecto, algunos datos nos muestran  un escenario poco alentador, por ejemplo, en cuanto a la penetración del internet, en  el  año 2019, poco más de la mitad de la población peruana estuvo conectada  a internet (58,8%) según cifras del INEI. Eso refleja una conexión en el área urbana de 62,3% y sólo del 20,7% en el área rural.  Con estos datos, los avances en telecomunicaciones se ven aún mínimos, y más si a ello le sumamos los resultados del reporte Estado de la banda ancha en América Latina y el Caribe 2017 de la CEPAL que ubica al  Perú en el penúltimo lugar de hogares con acceso a internet de Latinoamérica.

Sin embargo, dado el vertiginoso desarrollo de la tecnología y la ciencia,  parece que será plausible replantear estas limitaciones de los países emergentes; lo que sin duda nos llevará a enfrentar nuevos desafíos como sociedades.  Para bien o para mal, innovadores proyectos como la iniciativa Starlink ideada por Elon Musk –  empresario, inventor y físico  sudafricano, seguramente el lector querrá  descubrir más sobre sus proyectos alrededor del planeta –  tiene como objetivo  construir y enviar al espacio una red de 12 mil satélites  los cuales rodearán el globo terráqueo brindando así conexión a internet  de alta velocidad en  cualquier  punto del mundo.  No es utopía. A febrero del presente año Starlink ha enviado 300 satélites en órbita – considerando que los costos de colocar satélites en el espacio han disminuido considerablemente, de 300 millones de dólares a 20 millones. Un proyecto de esta magnitud, que desafía  la geografía y las realidades paralelas hará que todas las personas que posean un dispositivo estén conectadas  al internet a un bajo costo. Ello incluye recónditos lugares donde muchas personas han vivido distanciadas de la civilización y la modernidad por años.

¿Cómo responderán los gobiernos  a estos cambios?  ¿Cómo responderán las empresas de telecomunicaciones a estas nuevas iniciativas de bajo costo?  ¿Qué nuevas regulaciones se deberán crear para hacer frente a los nuevos desafíos que implica estar más conectados que nunca? ¿Cuál será el futuro del internet?  Varias preguntas que deberemos plantearnos y tratar de responder como sociedad y sobre cómo nos adaptamos al vertiginoso desarrollo de la ciencia y la tecnología. Es un hecho que una época en la historia del mundo está por acabar.