La pobreza de cada día

Hace pocos días se publicó el reporte de la medición de la pobreza para el año 2019,[1] según los datos divulgados, una quinta parte de la población peruana está en condición de pobreza, se ha reducido de niveles de 37,5% en el año 2008, a 20,2% en el 2019, aproximadamente existirían en el país 6,5 millones de peruanos en pobreza. Los niveles de pobreza, en los últimos diez años, se han reducido en forma sustantiva, el crecimiento económico, ha incidido en ello, se estima aportó el 70% de la reducción de la pobreza, complementado con la acción de los programas sociales que inyectaron recursos para el mayor gasto de los hogares, se estima en 30% de la acción social del Estado. Sin embargo, es bueno señalar que la ralentización del crecimiento económico, entre 2 ó 3% anual, ya no alcanza para empujar hacia abajo los niveles de pobreza, se requiere una dinámica de crecimiento mayor que impacte positivamente hacia menores niveles de pobreza. Tras la pandemia el esfuerzo será el doble o triple, frente al eminente crecimiento en el número de pobres, en este 2020.  

En segundo lugar, las cifras señalan  que, en estos tiempos, la pobreza, en valores absolutos, es más urbana que rural, diferente del pasado, 3,5 millones de pobres en las ciudades y 3,0 millones en el área rural. La pobreza se está trasladando a las ciudades por la migración, no es extraño a los ojos de todos, ver como en la periferia de los distritos urbanos, como San Juan de Lurigancho, Ate, Ancón, Pachacamac, van creciendo y concentrándose capas más densas de población en pobreza, allí están los más necesitados en busca de un derrotero para el día a día y sobrevivir, otros lugares en similar circunstancia la Esperanza en Trujillo, el Alto de la Alianza en Tacna, Cerro Colorado en Arequipa, las expansiones en Piura, Chiclayo, Chimbote, son ejemplos de puntos que concentran porcentajes altos de población en pobreza, podríamos mencionar muchos otros lugares, lo importante es que las cifras están, y con variables mapeadas sirven para focalizar acciones de política y apoyo sin distinción.

Pero es menester también señalar que regiones del país, con altos volúmenes de población rural son los más pobres del país, cuatro regiones exhiben los más altos porcentajes de pobreza: Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica y Puno, los índices de pobreza fluctúan entre 34,4% y 39,4%, regiones caracterizadas por expulsar población, altamente dependientes de la agricultura, con altos porcentajes de población rural, como Cajamarca, donde el 65% de su población vive en el campo muy atadas al mundo rural y a la agricultura. Cabe agregar que en el área rural, el 40,8% de su población es pobre. Las regiones mencionadas encabezan el ranking de las regiones más pobres del país, seguido de las regiones Amazonas, Apurímac, Huánuco, Loreto y Pasco, con niveles de pobreza entre 28,3% y 32,7%. Allí están las regiones de la selva, región natural con las mayores necesidades del país, que concentran una población con un grado de vulnerabilidad aún mayor.

Un tercer punto, la pobreza, tiene muchas acepciones, la más común es aquella que señala la incapacidad de un poblador o de una familia de poder cubrir satisfactoriamente múltiples necesidades, de alimento, vestido, vivienda, salud, educación, alcanzando un “estándar común” o “situación deseable”, existe una línea objetiva que es necesario trasuntar. Según Amartya Sen[2], existe un “núcleo irreductible” de la pobreza, refiriéndose a la incapacidad de las personas de satisfacer sus necesidades básicas de supervivencia, acceso a alimentación mínima y un lugar donde guarecerse de la intemperie, que son necesidades cuya insatisfacción es signo de pobreza en cualquier sociedad contemporánea. Pero más allá, hay que mirar al ser humano individual que se ve impactado por limitaciones geográficas, biológicas, sociales, existen multiplicidad de factores que requieren una visión multidimensional. Los Objetivos de desarrollo sostenible, en la visión 2030, van en esa dirección, conjugando lo económico, lo social y lo ambiental, tema complejo, a la vez imprescindible de abordar para disminuir integralmente los niveles de pobreza, en una visión de largo plazo.

En el país, además de los indicadores de pobreza monetaria, se mide también la evolución de la pobreza estructural, o pobreza por necesidades básicas insatisfechas, que no únicamente consideran el componente monetario sino indicadores de vivienda, acceso a servicios básicos, niños que no asisten a la escuela, hacinamiento. Ambas visiones son complementarias ya que por un lado vemos las carencias relacionadas al mercado del trabajo, acceso al ingreso, y por otro, las necesidades estructurales de los hogares, muy ligadas a la inversión del Estado en vivienda, saneamiento, salud, educación. Cualquiera sea el método utilizado la pobreza en el Perú se redujo significativamente en la última década, el reto que tenemos a futuro es enorme, hay que reducir pobreza generando condiciones de mercado y atención social, tras la pandemia que nos cogió desprevenidos, las políticas que recojan adecuadamente las lecciones del pasado impulsarán, quiérase o no, el bienestar de las familias peruanas, que es el deseo de la mayoría de peruanos.


[1] INEI: “Informe de la pobreza monetaria 2019”. Lima, mayo 2020.

[2] Sen, A. (1983), “Poor, relatively speaking,” Oxford Economic Papers: New Series, vol. 35, N° 2, Oxford, Oxford University Press.