La descentralizacion no puede respirar

La pandemia ha destruido nuestro proceso de descentralización, nos ha mostrado lo más aberrante del endémico modelo central, ha desnudado la incapacidad de ser de los pueblos del Perú de adentro esta poniendo en peligro la existencia de nuestra república y nuestros sistemas productivos, dando la espalda a millones de peruanos.

Los gobiernos regionales son solo mesas de partes, sus autoridades damas de compañía de la burocracia  de la casa de Pizarro, tramitadores de presupuestos que incluso no puedan gastar, mientras tanto mucho clamor no atendido, ahora muertos y enfermos que no cuentan con hospitales ni oxígeno y hasta de paracetamol padecen. Al punto que se no has hecho creer que debemos importar eucalipto, así como ya importamos papas, mientras nuestros productores   naufragan en la pobreza y a pesar de la riqueza de sus productos despreciados.

La descentralización solo es la presencia fantasmal de crecientes organismos burocráticos, que sirven para pagar favores electorales, en forma de cupos o beneficiando proveedores, dicho de forma más propia, honradores del  clientelaje vinculado la elección  sin visión ni compromiso de los de  los gobernadores regionales y de  muchos alcaldes. Tan terrible es la pandemia burocrática que los presupuestos asignados a inversión terminan siendo malversados en el pago de gasto corriente, bajo increíbles y aceptadas formulas, que legalizan lo ilegal y distraen el dienro destinado a obras en el pago  de personal , el tareo es una de sus formas más aceptadas  Hay por cierto  también asesores de lujo y vinculados a otras entidades que parasitan de la gobiernos regionales-

¿Que han resuelto en es esta crisis sanitaria nuestros gobiernos regionales y locales? Creo que nada, en lo único que han sido eficientes ha sido en descentralizar y movilizar el virus, moviendo en medio de una cuarenta, con toque de queda y demás restricciones a grandes grupos de población sin una estrategia adecuada, rompiendo el propio sentido sanitario, solo por no contradecir el problema que les había pateado el gobierno central. Convirtiéndose en una suerte de agencia de viaje humanitarias, que han consumido presupuestos, creado diferencias y subrayando su ineficiencia.

Mientras tanto, no hay pruebas, de ninguna índole, no hay previsto planes para reactivar el empleo y la economía y solo esperan genuflexos las dadivas de un sistema central que no tiene perfil ni alternativa, en lo relacionado a afrontar esta crisis sanitaria y post sanitaria-

En clara muestra del “sindrome Pierolista” el manejo de esta crisis paso por varios experimentos sociales, uno de ellos fue pedir que los municipios hagan de  dispensadores de ayuda alimentaria, canastas que nunca supieron comprar, pues no estaban preparados para esto, jamás supieron distribuir y por el contrario, esta medida se ha convertido en un pandemonio de ineficiencia que es una cara más de la corrupción en nuestra país.

Los gobiernos Regionales, afanosos trataron de culminar, crear o inventar alguna infraestructura sanitaria, se supone que los días de cuarentena deberían ser el tiempo que comprara tiempo para paliar la grave carencia sanitaria de todos los rincones del país, nunca pudieron hacer eso, muchos gobiernos regionales, ni tan solo pudieron gastar los poquitos millones que el Gobierno Central le había transferido.

Se crearon centros médicos que no funcionan, o que luengo se cerraron, sin explicación, pero si con mucho gasto, como en el caso de San Jerónimo en el Cusco.  Lo que ha reforzado la imagen y necesidad de un ministerio de salud al que se le pide todo, desde EPP hasta respiradores, sin que tampoco exista respuesta alguna, se ha creado el rito mas bien de un ministro que más parece Lord Voldemort.

Cada día de esta pandemia se han generado nuevas necesidades, medicamentos, elementos de Protección Personal, personal sanitario, pruebas virales, respiradores que no existen, camas hospitalarias, información (que es falsa o inextacta), ahora falta oxígeno y hasta eucalipto. Mientras tanto las pocas respuestas han venido de la iglesia, de alguna que otra organización privada, pero que no terminan de resolver mucho.

Los gobiernos locales y regionales no han sido capaces de articular con las universidades para lograr desde orientación científica  hasta planes de soporte en lo social y económico, son entes aislados. Mucho menos han tenido la capacidad de articular con los sectores productivos para entender sus requerimientos y usar sus potencialidades. Se han limitado a ser furgones de cola de los vaivenes del gobierno central-

Estos estamentos de gobierno local y regional son grandes incordios de incapacidad, y falta de imaginación, y claro castrados de todo tipo de liderazgo.

Todo absolutamente todo lo regula y desregula, para bien y más para mal, un gobierno central que improvisa y experimenta y que ha sido superado defacto, por las condiciones de más de 80 días de encierro y destrucción de nuestro aparato productivo y de la libertad de las personas.

¿Han aportado algo los gobiernos municipales y los Gobiernos Regionales, por ejemplo, sobre el uso del eucalipto, o de implicancia de los rayos UV? Ni tan siquiera han podido afrontar lo que debía ser ordinario, como la época del fríaje, que en regiones como el Cusco ya ha cobrado casi la muerte de 50 personas, que paradójicamente son mayores a las que la propia pandemia ha producido (por lo menos en cifras oficiales) hasta el momento.

Los gobiernos regionales se han encapsulado en su afán improductivo de pelear contra la COVID, sin resultados evidentes, mientras no han hecho nada por la deuda social, por mencionar algo más. Miles de jubilados maltratados y privados de un estipendio justo y reconocido por los tribunales.

En las regiones, en su burocracia falta todo, falta espíritu descentralizador, falta liderazgo, por eso que la empresa privada ha tenido que alquilar aviones para evacuar médicos enfermos de Iquitos y hemos visto a un cura inventarse una plata de oxígeno, y eso solo ha favorecido al monstruo centralista y a los políticos, muchos de ellos provincianos que paradójicamente viven tan horrenda realidad. Hoy tenemos un presidente sureño.

Después de la pandemia nos queda un país sin instituciones, sin casi ciudadanía y sin animo descentralista, absorbido, fagocitado por un sistema del que empezamos a revelarnos aun antes de ser Republica, y al que esta crisis nos ha puesto más atrás de donde empezamos. Nos toca dejar el respirar del centralismo.