Mercado de trabajo y efectos del COVID-19

En las últimas dos décadas el empleo creció en el país, buen empleo, y aquel sin protección social, ha sido una constante en la economía del país, va con el crecimiento económico, que en la última década, mantenía rumbo positivo, el PBI peruano creció a una tasa promedio anual de 4,5%, donde los negocios pequeños, medianos o grandes, ofertaban más bienes y servicios, tanto al mercado interno, como al externo, dadas esas condiciones, el empleo no dejó de crecer, cuando las tasas de crecimiento económico fueron menores, el empleo siguió creciendo, incluso fue más dinámico en pequeñas unidades económicas, gran parte informal. En el año 2007, en el Perú se estimó 14 millones 198 mil ocupados, cerramos el año 2019 con 17 millones 133 mil empleos[1], 3 millones de empleos más.

Así el estado de cosas en el mercado laboral, en los primeros meses del presente año, cuando el mundo recibió un inesperado shock, ante la diseminación por los cinco continentes del coronavirus o COVID-19, considerada pandemia mundial, generó una emergencia en la salud y en las medidas sanitarias a nivel global, regional y local. Como consecuencia, trajo al presente medidas de confinamiento social, como nunca habíamos vivido, la cuarentena, experiencia de de diversos pueblos, ante la peste u otras enfermedades, no salir de casa se convertía en la mejor forma de protegerse frente a la propagación del virus. Estas, medidas han sido casi generalizadas en el mundo entero, lo cual ha inducido a la parálisis de gran parte de las actividades económicas, en una proporción nunca antes conocida, con efectos muy graves a la economía y la oferta productiva mundial. Un colega que reside en Estados Unidos me decía: “Ayer llegué a Washington DC., me encontré con las oficinas del gobierno americano, los organismos internacionales y todos los negocios completamente cerrados. Muy limitado el movimiento turístico, parecía como una ciudad fantasma de la serie de TV. Un paso al más allá. Increíble pero lo del Coronavirus tiene un dramático efecto mundial.”       

El Banco Mundial en su Global Economics Prospects, junio 2020, estima una caída del PBI global de 5,2% en el 2020, cifra histórica en décadas, igual sucederá en América Latina y el Caribe, para la región estima un retroceso de -7,2%, también, el organismo estima una caída del producto en Argentina -7,3%, Brasil -8,0%, Chile -4,2%, Colombia -4,9, Ecuador -7,4%, México -7,5% y Perú -12,0%, estimaciones deprimentes, lo cierto es que, cifras más o cifras menos, la recesión es eminente. En el caso peruano, el país mostró las primeras cifras negativas con una caída del producto de  -16,26%, en marzo del presente año[2] y se esperaría un retroceso de más del doble en el mes de abril. El balance final aún es incierto por la evolución de la pandemia en cada país, lo cierto es que la recesión global traerá a las economías emergentes, como la peruana, un deterioro en la productividad laboral y las capacidades productivas. El empleo ligado al comercio internacional también se verá afectado por menor demanda y precios deprimidos. Se estima que la menor actividad de economías como la China, de Estados Unidos o Europa, donde van nuestros productos, incida este año en una caída del comercio mundial, entre 15% a 30%.

En el Perú, la caída del empleo, aumento del desempleo, son eminentes, ya al mes de abril, a mes y medio de la cuarentena el empleo en la Capital de la República se redujo en una cuarta parte, el objetivo por ello es evitar pérdida del empleo (teletrabajo, preservación, reactivación) generar condiciones para retornar a la situación pre crisis. No perdamos de vista que la mayor parte del empleo, más del 70%, está en pequeñas unidades económicas de menos de 10 trabajadores, acogen a más de 10 millones de empleos, la gran mayoría en condiciones de informalidad. De otro lado, el empleo en la agricultura, pesca y minería, absorbe 4,3 millones de trabajadores, actividades que pueden acelerar su reactivación. Dependerá de los estímulos a la demanda, elevar el consumo de productos pesqueros y agropecuarios, la producción agroindustrial y la minería estarán supeditadas a reactivar la demanda externa, considerando los precios internacionales de nuestros productos.

La manufactura y la construcción, tienen buen horizonte de reactivación, acogen a cerca de 2,5 millones de trabajadores. El comercio y los servicios, con 10,2 millones de ocupados, actividades que en su mayor parte venían paralizadas, con el grueso del empleo, la reactivación económica de estos sectores es vital. Por allí anda el turismo, que aporta el 4% del PBI, bastante golpeado por la pandemia, la alternativa será el turismo interno, el internacional necesitará más tiempo. Como se puede apreciar gran parte la fuerza de trabajo está muy relacionada a las actividades orientadas al mercado interno, por ello los estímulos deben ir en ese norte, mantener los ingresos e incluso inyectar gasto público o privado, recursos que jalen los caballos de la carreta productiva. Sin descuidar la salud de los peruanos, con medidas de salubridad, hay que preservar o recuperar el empleo generado en la última década.

[1] INEI Perú: Evolución de los indicadores de empleo e ingreso por departamento, 2007-2018. Lima, agosto 2019, Informe Técnico Comportamiento de los indicadores del mercado laboral a nivel nacional. Febrero 2020.   
[2] INEI Informe mensual de la producción nacional, Marzo 2020.