Aproximaciones a los desafíos y respuestas de la salud pública en el Perú

Según todas las encuestas a nivel global, la vida y la salud son los componentes más valiosos del ser humano. Ambos van juntos en una correspondencia de causa y efecto. Si no hay salud, no hay vida. Por eso, debería ser el tema central por parte de los políticos y gobernantes. Pero no siempre es así.

Basta revisar los Planes de Gobierno para confirmarlo. Aparece como una cuestión aleatoria; asociada o como componente de otras políticas sociales con las cuales se relaciona y hasta depende. Porque la salud está relacionada en forma directa a la educación y la alimentación, la vivienda y el saneamiento básico, la cultura y el deporte. Esta concepción secundaria se afirma en el Gobierno, secundario o no prioritario que se le otorga en términos integrales, en particular en infraestructura, recursos humanos y financiamiento insuficiente.  

El problema de la salud pública es que adolece de grandes fallas que dificultan su institucionalidad y su gestión territorial. Como tal, está muy lejos de ser un sistema nacional, es decir conjunto orgánico y articulado de legislación, normas, instituciones, competencias, funciones, personas, recursos y equipos. En esa situación, resulta imposible diseñar y rediseñar las políticas públicas de salubridad (agua potable, saneamiento básico), salud pública (prevención, asistencia, recuperación); incluso la seguridad social. Asimismo, concebir un  Plan Nacional Concertado de Salud Pública en el que se organicen Programas, Proyectos, Actividades.

En el plano del Gobierno es mucho más difícil distinguir una autoridad efectivamente rectora del sistema: ministerio y direcciones nacionales, gerencias, direcciones regionales, redes provinciales y redes distritales que tienen a cargo los hospitales, postas médicas y puestos de salud. Sobre estas plataforma pública se agregan Essalud su organización e infraestructura; así como del Ministerio de Defensa y del Ministerio del Interior; asimismo las clínicas privadas que en un estado de catástrofe se suman a la acción gubernamental. Todos estos males van acompañados de otros problemas de tipo administrativo (provisión de insumos, equipos y medicinas) y de tipo financiero (fuentes imprecisas, bajo financiamiento público per cápita, presupuesto insuficiente e incapacidad de gasto).

Como se comprueba en el presente,  el COVID 19 navega con la ayuda de un estado situacional que se tiene que transformar en positivo y con la energía que le proveen la crisis sanitaria y el incipiente sistema de salud pública. Todo está por rehacerse. Hay que empezar por resolver el problema de la salud pública en su integralidad. Partiendo de la premisa que es un derecho fundamental de la población y pilar básico para el desarrollo económico y el progreso social del país. Sin salud no hay vida. La salud no puede seguir igual o desigual.  Por eso, ahora más que nunca resulta indispensable un ACUERDO NACIONAL POR LA SALUD DE TODOS LOS PERUANOS. Al mismo tiempo que implementar y garantizar el acceso de la población a una efectiva ATENCIÓN PRIMARIA DE LA SALUD en todas las localidades del país que atienda en forma adecuada y oportuna a la comunidad y a la familia.