Indignación selectiva

Llama la atención la indignación que hoy vuelcan ciertos sectores simpatizantes de la izquierda y la caviarada local sobre el supuesto blindaje que se estaría dando en el Congreso de la República en relación con Pedro Chávarry y los llamados “Cuellos blancos”. En realidad, la irritación con la que han reaccionado algunas bancadas del Legislativo y ciertos personajes mediáticos no hace sino reafirmar la conducta de indignación selectiva de este colectivo ideológico que suele trabajar en pared. ¿Cómo entender, por ejemplo, la vociferante protesta en determinados casos, como el señalado, y, en otros, el silencio cómplice ante escandalosos casos de corrupción que merecerían una acción decidida para que no prime la impunidad?

Uno de estos procesos es el de la confirmada corrupción en la gestión municipal de Susana Villarán. Sí, es cierto que el señalamiento a la exalcaldesa de Lima ya se dio y que ello llevó a que se le dictase prisión preventiva. Obviamente muchos que en su momento de gloria no escatimaban muestras de apoyo y complacencia a su lideresa con chalina verde, al momento de la caída dejaron las negaciones de Pedro como una traición anodina. Sin embargo, lo que salta a la vista haciendo un parangón con el caso de los “Cuellos blancos”, es que sobre las otras “chalinas verdes” hay un silencio que resuma complicidad. ¿Cómo así no vemos decenas de publicaciones en redes sociales solicitando una investigación y, claro está, una denuncia ante la actuación de personas que estuvieron en el círculo más cercano a la gestión edil de Villarán? En ese entramado, por ejemplo, habría que mencionar a Anel Townsend, Augusto Rey, Marisa Glave y Paola Ugaz, entre otros.

A esto se suma las casi inexistentes declaraciones públicas de esta misma argolla caviar ante la noticia de que el exfuncionario de la Municipalidad de Lima, Budian, se acogió a la figura de colaboración eficaz. Aun sabiendo que José Miguel Castro tiene información privilegiada sobre las “chalinas verdes”, los hasta hace poco allegados a la exalcaldesa parecen haber decidido en bloque cubrirse unos a otros y poner por encima del bien público, la verdad y la justicia, los vínculos de amistad o ligazón ideológica.

En esta línea, la actitud del autodenominado justiciero Pedro Salinas Chacaltana deja mucho que desear. El periodista se vanagloria de buscar la verdad y llegar hasta las últimas consecuencias, pero cuando se trata de su amiga y socia Paola Ugaz, pone pies en polvorosa al grito de esta boca no es mía. ¿Cómo así Salinas Chacaltana es tan agudo para denunciar la actuación de cúpulas de poder, de culturas de delitos en algunos casos, y en otros igualmente evidentes y perniciosos, voltea la mirada descaradamente? ¿No sabe acaso que su socia Ugaz fue la jefa de comunicaciones de Villarán y que mientras estuvo trabajando en la Municipalidad de Lima bajo su gestión se ausentó del país por más de 70 días y visitó justamente los países en los que se negociaban los corruptos contratos con OAS? Mientras Salinas permanezca más tiempo callado menor será su ya mermada credibilidad.

Otro abanderado de casos que requieren atención pública es el reelecto congresista Alberto de Belaúnde. Curiosamente, también en lo que se refiere al círculo cercano a Villarán viene guardando silencio. Una vez más nos preguntamos: ¿por qué? ¿En qué medida influye su amistad con la exlegisladora Marisa Glave? ¿O más bien su silencio responde al tácito acuerdo que parece unir a los que comparten la misma agenda ideológica? Preguntas que ojalá los hechos o la justicia respondan más temprano que tarde.