Problema latente, la inseguridad ciudadana

Este año ha sido, y es, muy difícil para todos, a consecuencia de la inesperada pandemia del coronavirus que nos cogió desprevenidos. En nuestro país, el daño alcanza ya a cerca de 300 mil contagios, más de diez mil muertes, penosos decesos, daño irrecuperable. También, efectos negativos en la economía, pérdida de miles de empleos, por razones de la cuarentena, inevitable. Es irrefutable decir que este año, el principal problema del país, son los efectos nocivos en la salud, provocados por el coronavirus o COVID-19, colateralmente daño a la economía y en lo social.

Sin embargo, aún subsisten otros problemas, como la corrupción, que corree la trama social y económica del país, que no se ha ido ni se irá fácilmente, y la delincuencia, que agrega un problema mayor. Hace años atrás, el principal problema del país era la pobreza o el desempleo, esto cambió, ahora, la delincuencia, es protagonista del temor ciudadano. En esta emergencia provocada por la pandemia, la delincuencia ha estado agazapada, en la oscuridad, en cuarentena, pero ahora, cuando se empieza a liberar la economía, empieza a emerger con virulencia y se puede extender si no se toman medidas urgentes para su contención.

La inseguridad y el delito no son un problema único del Perú, afecta a múltiples países, unos más que otros, está presente en diversas regiones del planeta, los países buscan combatirla a fin de afianzar la convivencia social y la democracia, con estrategias y acciones  que mitiguen los efectos dañinos, reducirlo a cero imposible, pero, al igual que las epidemias, el objetivo llevarlo a su mínima expresión. Existen indicadores comparables de mucha utilidad para conocer los niveles de violencia entre los países, considerando que los diagnósticos requieren datos de los hechos, y del grado de violencia delictiva.

El indicador más utilizado y comparable entre países, es la Tasa de Homicidios por cien mil habitantes, según la Organización Mundial de la Salud, tasas  superiores a 30 muertes por cien mil habitantes, significa violencia muy alta, entre 21 y 30 muertes por cien mil, violencia alta, de 11 a 20 muertes por cien mil violencia media, y menos de 10 muertes por cien mil habitantes violencia baja. Los datos señalan que América Latina y el Caribe es una de las regiones más violentas del mundo, registrando el mayor número de ciudades con tasas de homicidios, por encima de 30 muertes por cien mil habitantes. Países como, El Salvador, Honduras, Venezuela, Brasil, Guatemala, Colombia, México con tasas superiores a 20 muertes por cien mil habitantes, con alta violencia.

El Perú se encuentra en el rango de violencia baja con una tasa de homicidios que no llega a las 8 muertes por cien mil habitantes, pero tenemos provincias con tasas de homicidio bastante altas, como Tambopata, Tumbes, Barranca, El Callao, donde el crimen organizado ha logrado una presencia muy dañina, las labores de inteligencia y especialidad son determinantes para su reducción.  Otro indicador es la Tasa de Victimización, que proviene de las encuestas, ayuda a tener un panorama mayor del delito, superando sub registros o errores en las cifras criminales. Al mes de abril, el 26,8% de la población peruana de 15 años y más, había sido víctima de un hecho delictivo, principalmente los  jóvenes de 15  a 29 años de edad (35,3%), victimas del arrebato, del robo de la cartera o el celular, hechos que son el grueso de la actividad delictiva en el Perú.

En estos meses de cuarentena por la pandemia, el delito se encontraba adormilado, pero sus actores empiezan a reactivarse junto con el levantamiento de las restricciones pos cuarentena. Por ello, es menester relevar esta preocupación ciudadana, las instituciones saben qué hacer, nosotros los pobladores protegernos también, con acciones preventivas, estar alertas, no circular por lugares peligrosos, por las noches, desconfiar ofrecimientos tendenciosos, por mencionar algunos. Todos podemos aportar algo para que las altas tasas de victimización, que muestran el iceberg del delito, tiendan a reducirse para el bien de todos.      

En diversos países de América Latina y el Caribe, los organismos públicos, nacionales, regionales o locales, han ido forjando mayor institucionalidad a fin de encarar la delincuencia, fortaleciendo las instancias de acción por la seguridad ciudadana, interacción de múltiples actores, mayor coordinación y cooperación, que dan buenos resultados, y, un ingrediente importante, compartir información y tecnología, adopción de buenas prácticas que apoyen las labores de prevención, o la implementación de programas de acción multisectorial y multidisciplinarios, entendiendo que el fenómeno de la delincuencia también tiene un trasfondo social.