La era de la decadencia

Iñaki Gabilondo, el periodista español de cadena SER, dice que a la iglesia y a la política les sucede un hecho similar, ambas están convencidas que manejan y gestionan una verdad superior, y por eso se niegan a entender su decadencia.

Para muchos el sistema político Occidental está en un ya conocido órdago decadente. Sin embargo, esta decadencia se ha vuelto infecta en el Perú de los últimos años, nuestra Republica esta en crisis, esta en decadencia, y vemos pasar esta situación casi con una complicidad catatónica, vemos que nuestra Republica se esta volviendo en un pozo mal oliente y envilecido, y todo esto a solo meses de sumar 200 años de vida en independencia y de ser todavía una entelequia de República.

Algunos son los signos de esta realidad son similares a los que han causado la decadencia de grandes civilizaciones como la Romana Cierto es que las causas son abundantes y muy dependientes de las circunstancias tanto del entorno como de la época en concreto, así como la de la idiosincrasia particular de cada civilización. Sin embargo, lo que no se puede ocultar es la semejanza de la existencia de ciertas tendencias, tanto culturales como sociológicas y económicas, que han sido identificadas como precursoras del ocaso de los grandes imperios de la historia de la humanidad. He aquí algunas de esas similitudes con nuestra época actual:

Profunda crisis económica. En la Roma antigua, la debilidad de su moneda a causa del trasvase de fondos constantes en pos de su política belicista a su régimen militar ocasionó una inflación difícil de controlar provocando un estado de pobreza sofocante, agitaciones sociales masivas y disturbios generalizados. Ahora en nuestro país la ´pandemia ha vaciado nuestras reservas destinando miles de millones de dólares a subsidios que no llegaron a favorecer a ciertos sectores con créditos de dudosa recuperación, todo ello sumado a la destrozada economía por los mas de 100 días de encierro infructuoso, a esto se suma que los impuestos no han disminuido ni se han racionalizado

Pérdida de valores morales y éticos. Tanto en la Roma antigua como en la actualidad, la era de decadencia  se ha caracterizado por  una carencia importante de valores morales y éticos. La corrupción se extiende a cualquier organismo de poder, los excesos típicos de la lujuria, la avaricia, la gula inundan el estado social. El culto a los falsos ídolos se impone. La cultura se banaliza, los valores tradicionales arraigados se corrompen, los vicios y los anhelos más profundos se normalizan, el libertinaje se confunde y se entremezcla con el concepto de libertad. La individualidad entendida como el beneficio  particular por encima del bien común se establece como único axioma moral. Una sociedad embelesada por el influjo de las pasiones humanas  está condenada a su perdición. La  Corrupción esta  generalizada; no es necesario resaltar este problema endémico dentro de nuestra sociedad, se ve diariamente en los  informativos de todo el mundo. En el Peru, un accesitario del Presidente de la Republica controla el poder ejecutivo,y con su populismo galopante controla también  a un Congreso Mascota, que ameza con desbocarse, en otro populismo, parece que se tratara  de una organización cuyos dirigentes encabezan el expolio del estado. Una transferencia de riqueza de lo público hacía los nuevos oligarcas del siglo XXI. Los paraísos fiscales son las nuevas islas de los piratas, curiosamente la mayoría coinciden en los mismos emplazamientos, donde los bandidos esconden sus tesoros de moneda soberana conseguidos mediante el pillaje y la extorsión.  Éstos son custodiados en las islas caribeñas de antaño, tierras fértiles conseguidas a base de ron, sangre y sudor. Las buenas costumbres nunca hay que perderlas.

 

Las últimas décadas del Imperio Romano fueron un reflejo de la situación en la que estamos inmersos actualmente. Una corrupción generalizada en todos los estamentos de su administración; el soborno, la extorsión y el tráfico de influencias estaban a la orden del día por todo el territorio. Ninguna provincia se libraba de su influjo. Simplemente era inherente al propio sistema. Incluso disponían de sus métodos de purgas con el fin relajar la crispación social en cuanto la corrupción se tornaba demasiado evidente, justo como hoy en día. El mismo emperador dictaba un exilio para cierto funcionario, lo que significaba la pérdida de su estatus y su patrimonio, así el clamor social se distendía y las aguas volvían a su cauce.

Los gobernantes ya no están al servicio de sus ciudadanos, ni siquiera de su nación, sino de las grandes corporaciones y los de su estirpe.

Los Falsos ídolos, es otro de los signos que debe llamar nuestra atención. La veneración a los falsos ídolos siempre ha sido sinónimo de una sociedad enferma, carente de valores morales y éticos. Antaño, en la Grecia clásica, los grandes filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles, como tantos otros, fueron los precursores de los valores fundamentales de la ética, de la moral y de la Política. Se enaltecía el arte, la belleza, la música, incluso el deporte como método de cultivar el plano físico de la realidad. Se discutía sobre los modelos de estado social más adecuados, sobre el cómo y el porqué de la vida. Los jóvenes se versaban en las disciplinas relacionadas con el arte, la literatura, la poesía, la pintura y la escultura.

Sin embargo, nuestra sociedad actual considera esas disciplinas como arcaicas y anticuadas, innecesarias en un mundo digital. Los jóvenes se jactan de su carencia de interés por la lectura, disfrutan promoviendo en las redes sociales los momentos más artificiales de su vida, implorando afecto y aceptación exterior mientras su mundo interior se derrumba. Los nuevos modelos sociales son los deportistas, los cocineros, los vigoréxicos o las it girls creadoras de tendencias de consumo. No existen referentes morales ni intelectuales cuya crítica represente una alternativa al statu quo. En realidad sí que los hay, pero no se les escucha.

Así se explica que  estemos pensando o nos quieran hacer pensar que un  Ex Arquero sea el mas  simpático para ser presidente, o un amante pirómano aparezca en los carteles, sin dejar de mencionar a una niña de cara bonita que tiene como único  blasón haber gritado por la gran transformación y ofrezca cambio de constitución. Solo así se entiende, en plena decadencia que un grosero general sea una opción popular, a pesar de ser sindicado como violador o asesino, circunstancias que ni el Botox disimulan.

De esta manera, nuestra decadencia apela nuevamente  a lo que en la vieja  Roma se denominaba al famoso Panem y Circenses, o lo que es lo mismo, Pan y Circo. Se trata de una práctica común utilizada por el establishment para aturullar y alienar las conciencias de la masa social. Su principal objetivo es por un lado, inocular una anestesia generalizada en la población, y por otro, la ocultación de acontecimientos o toma de decisiones proveyendo a la masas de entretenimiento continuo y alimento de subsistencia. Lo que se hace con la complicidad o el servicio de los medios de  comunicación.

Sumemos a esto la destrucción de las instituciones, la casi extinta academia, la desaparición de los partidos políticos que son solo cascaras vacías que se llenan de oportunistas y de ídolos de barro, en tiempo de elecciones y con el apoyo de algunas universidades y otros grandes negocios. Nuestra Republica esta infectada.