Develando al acuerdo regional de Escazú

El Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, debe su denominación abreviada a la localidad de Costa Rica, donde fue adoptado el 4 de marzo del 2018. Fue promovido por la CEPAL y la ONU. El 27 de septiembre de ese año, Fabiola Muñoz firma por Gobierno peruano. Sin embargo, al incumbir derechos humanos y soberanía, el Congreso deberá aprobarlo, por mandato del Art. 56º de la Constitución, antes del 27 de septiembre del presente año.

Prima facie, el tratado parece inocuo o, quizá, redundante vista nuestra copiosa legislación medioambiental. Por eso ha navegado con falsa bandera, pasando desapercibido. Nadie, en su sano juicio, estaría contra la defensa de la naturaleza, poniendo coto a las prácticas predatorias, incluso penalizando los delitos ambientales. Consideramos positivo proteger a las personas y a los grupos más vulnerables, con los derechos de acceso a la información, la participación publica y a la justicia ambiental.

En consecuencia, no será ese el terreno para un debate en serio, como los promotores del convenio aspiran. Es otra la cuestión a elucidar. Responder si la debida protección del entorno natural debe conllevar a su desnacionalización. Si la mejor garantía ecológica pasa por  sustraer competencias y decisiones a los países, para delegarlas a los organismos internacionales. Si hay que  sacrificar la soberanía sobre los recursos naturales destinados al desarrollo nacional y al bienestar popular, permitiendo su administración externa, al amparo de la ideología que los concibe como “bienes comunes de la humanidad”.

Vivimos una nueva era de globalización, ¡qué duda cabe!. Mas como todas las anteriores no son extrañas a las pretensiones imperiales, porque producen asimetrías y desigualdades. El orden mundial del siglo XXI no es un oasis de fraternidad universal, como no lo fueron el Helenismo, el Imperio romano o la Monarquía española. Por eso, nuestros estadistas tienen que ser cautelosos frente a los riesgos de la mundialización, ciertamente inexorable. Jamás echarse ni rendirse. Más bien defender los fueros nacionales, incluso en esta época de crisis del Estado-Nación, aprovechando lo mejor para nuestras naciones.

Es un grave error tragase los “cantos de pajaritos”, así vengan investidos de cosmopolitismo y progresismo izquierdista, propio de los adúes del globalismo radical. Ingenuos o no, aviesos o no, ¡vaya usted a saber!, lo cierto es que, sirven a intereses trasnacionales. Su retórica ecologista ataviada con derechos indígenas,  a la postre, edulcora el accionar de las grandes potencias que ambicionan nuestros recursos amazónicos, los minerales como el litio, el agua escasa, la biodiversidad marina. Son como las fruslerías conque los conquistadores compraban nativos, conjuntamente  con el evangelio encubridor de la codicia por el oro, el despojo de las tierras y el sometimiento de su fuerza de trabajo.  ¡Así de simple!