Datos inclusivos para políticas inclusivas

El shock del coronavirus y sus daños en la salud de la población nos ha vuelto a la realidad, tres décadas de crecimiento económico habían escondido nuestras precariedades, nuestros problemas estructurales en salud, en educación, en el acceso al trabajo, compromisos ineludibles con la población. Existen hogares, en las zonas más alejadas sin agua y desagüe, ejemplo, las comunidades nativas de la Amazonía, y las comunidades campesinas de los Andes,  con las mayores carencias de estos servicios, allí están los datos, para futuras políticas inclusivas, tenemos registradas 9,385 comunidades nativas y campesinas, con más de tres millones y medio de pobladores originarios, según los resultados de los Censos Nacionales 2017, más de la mitad de ellas no tienen un establecimiento de salud, dato frio y relevante, ni hablar del agua y desagüé, será la revolución del bicentenario llevarles esos servicios, con políticas inclusivas, ahí la filosofía.    

Aun no es tiempo del balance real de los efectos de la pandemia, seguramente habrá momento para las conclusiones, cuánto afectó, a quiénes, a qué segmentos de la población golpeó más, sabemos que esta enfermedad no distingue el color de la piel o el nivel de riqueza, a todos los afecta por igual. Sin embargo, conocido es que el virus no es tan democrático, hay condicionantes que afectan a unos más que otros, los que tienen que trabajar, los que no pueden guardar la cuarentena están más expuestos, las poblaciones sin seguro de salud impactadas por la emergencia. Los adultos mayores varones y mujeres bastante golpeados.

Los hechos nos lleva a pensar que son los segmentos de la población más pobre y vulnerable los más afectados, los contagios podrían ser mayores en dicho entorno, muchos pobladores en la búsqueda del sustento, terminan siendo víctimas de la enfermedad, y exhiben los peores daños, sufren la infecciones en sus casas, las sobreviven por su propia fortaleza, o son abatidos en la precariedad de su existencia, en su modesta vivienda, o en su esfuerzo de buscar ayuda ni si quiera llegan a la puerta del nosocomio, caen buscando atención, mueren por falta de oxigeno, las colas por un balón de oxigeno los vemos en los distritos más populosos, es la cruda realidad, pobreza y vulnerabilidad, juegan en contra.     

En este marco, el pasado 21 de julio se organizó, vía zoom, un side event: “datos inclusivos para políticas inclusivas – políticas basadas en datos para que nadie quede atrás”, impulsado por la organización Alianza global para el desarrollo sostenible, con sede en Nueva York, que tuve la oportunidad de participar. El objetivo fue conocer cuánto han avanzado los países por generar información desagregada que permita identificar a las poblaciones más  vulnerables, conocer sus características, visibilizarlas, localizarlas en apoyo a las políticas públicas orientadas a elevar su bienestar.  Más aún, en tiempo de pandemia, donde los más excluidos y necesitados sufren con dureza los estragos de la enfermedad, mujeres, niños, ancianos, vulnerables, los migrantes internos e internacionales, las poblaciones que sufren discriminación, las comunidades más alejadas que sienten los embates del virus, o las personas con discapacidad, el 10,0% de los peruanos señaló tener alguna discapacidad, visual, para moverse o caminar o de otra naturaleza. Los datos censales permiten ubicar sus viviendas y los hogares de personas con discapacidad, mapearlos, conocerlos más.

Por ello, se requieren datos inclusivos para políticas inclusivas, hay avances importantes pero se requiere aún más, para diferentes segmentos de la población, en ese esfuerzo hay que aprovechar todas las fuentes posibles para generar dichos datos, explotar exhaustivamente con fines estadísticos la información de los registros del sector público, recogen datos de los lugares más alejados de educación, salud, servicios básicos, es compromiso de las oficinas de estadística del mundo trabajar con ellos, complementa el esfuerzo la información de los Censos Nacionales, que tienen la potencia de recoger datos estructurales al más amplio nivel de desagregación, el Centro Poblado, plantea retos su actualización en periodos cortos, en ese propósito la información de las encuestas de hogares suma datos gravitantes, nos dan una visión actualizada de la realidad. En esta reflexión, la gran tarea, el gran esfuerzo, es generar datos inclusivos, para no dejar a nadie atrás en la visión 2030.