Vizcarra promete elecciones y entregar el mando presidencial

El largo discurso del presidente Vizcarra nos ha dejado con la sensación de que está cargado de buenas intenciones, a un año de su salida de palacio, pero con una obra de gobierno en camino, inconclusa, donde las reformas políticas, la lucha contra el covid-19 y las expectativas de una recuperación económica, caminan precariamente hacia el bicentenario, donde entregará la posta a otro presidente, que se supone que llegará con nueva energía y nuevo programa para su mandato de cinco años.

Uno se pregunta, por ejemplo, cómo pide el presidente  a los políticos que se unan en un pacto para las elecciones, con cinco puntos básicos, cuando el mismo presidente mandó a su casa a los parlamentarios del Congreso anterior y los actuales saben que se irán en un año. Cómo se van a poner todos de acuerdo si cada partido está preparándose para intentar ganar las próximas elecciones generales, en una competencia que normalmente es una polémica entre todos para ver cuál se gana la voluntad de los electores.

Como tantas otras naciones, somos una sociedad en duelo por nuestras víctimas de la pandemia, una sociedad que cuida a sus pacientes, ancianos y niños. Una sociedad que lanza a la calle a los trabajadores para ganen el sustento de los suyos y, la verdad, lo que espera del gobierno es eficiencia en la atención de la salud, para salvar a todos los enfermos que se pueda. Una sociedad que no espera del bicentenario ningún milagro.

Los ministros -se adivinaba cundo estsban en el parlamento- vivían cada uno su preocupación por trabajar bien, con su mascarilla en la boca y su faja a la cintura, oyendo lo que hablaba el jefe del estado sobre sus portafolios, preguntándose sin duda si será posible hacer tanto. Lo mismo vi en los periodistas que comentaban el discurso, que no encontraban de dónde agarrarlo. Aburrido, reiterativo, insistente, poco convincente.

El presidente se había gastado en tantas apariciones diarias antes del 28 de  julio. Ha procurado hacer ahora un discurso completo en Fiestas Patrias, pero no hacía falta decir tanto, cuando bien sabemos que los recursos económicos son pocos y la eficiencia de la administración pública está a prueba. Los peruanos no sabemos todavía cuáles serán las ofertas políticas que tengamos. No podemos definir todavía nuestro voto, porque no vemos aún a los candidatos a la presidencia y a los partidos bien preparados que se lancen a conquistar el Congreso.

La promesa de realizar las elecciones y de entregar el mando quizás sea, después de todo, la palabra dada que más importante del discurso, porque el Perú necesita un buen presidente y un buen parlamento, después de tantos desengaños en las últimas décadas. Y ojalá que para las elecciones generales tengamos ya una vacuna gratis para ofrecer al pueblo, pagada por el estado, para que el covid-19 se vaya del Perú y del mundo.

Ojalá Pedro Cateriano hable poco y concreto, en contraste con el discurso presidencial, que nos ha dejado con mal sabor de boca.