Entre caviares y tiburones

Se ha puesto de moda en el Perú que, cuando alguien quiere argumentar su posición, y no encuentra rozamiento adecuado, aduce a que quien no piensa como él es un “caviar”. Lo curioso es que este término afrancesado es invocado incluso ahora por quienes pretenden ser nacionalistas y defensores de nuestra soberanía.  Sucede ello también en circunstancias que se comenta el acuerdo de   Escazú.  Un convenio que reviste complejidad y debe ser ponderado por todos los actores involucrados, pero especialmente por juristas con experiencia internacional.

 El Acuerdo de Escazú otorga a todos los ciudadanos derechos concretos y obliga al Estado a actuar con transparencia (evitando corrupción) lo cual es deseable para todos, incluyendo aquellos que buscan un ambiente con reglas claras y estables en el cual realizar inversiones.  Una empresa que opera sin respetar estándares sociales y medioambientales no genera la confianza de sus inversionistas. Por ello, las importantes establecen criterios ambientales, sociales y de gobernanza corporativa (ESG, por sus siglas en inglés) que permiten medir la sostenibilidad y el impacto de una inversión en la sociedad.

 Hay que recordar que tendencias negativistas han aparecido también respecto a la Convención del Mar. El Perú invirtió mucho esfuerzo -participé en las negociaciones- para llegar a un acuerdo universal a través de las Naciones Unidas que respete el límite de 200 millas.  Y aparecieron en nuestro país “patriotas” que se llamaron “territorialistas”. Esta supuesta intención de   defender la soberanía, nos trajo en la realidad de que los que argumentan esta posición no nos pueden explicar hoy quién y en qué cantidad se llevan las riquezas del Mar de Grau.    

El Perú, vive de lo que el suelo y el mar produce.  Y el clima condiciona.  Entonces los   que -seguramente con buenas intenciones- asumen posiciones extremas de soberanía, bien harían en   defender  nuestra jurisdicción  cuando se trata de los asuntos que nos afecta directamente y a diario, como son las decisiones -a que no tenemos acceso- cuando nos califican país de mayor o menor riesgo, o nos señalan tasas de interés que no podemos reclamar en ningún tribunal; así como los tiburones que establecen tarifas por uso de servicios en nuestro país condicionadas a ganancias de empresas extranjeras.

Se observa que los que no tienen formación jurídica internacional argumentan temor a someterse a la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). El Perú ya se encuentra bajo a la jurisdicción de ambas cortes. La CIJ tiene hoy competencia para ver disputas entre Estados, incluso en materia relacionadas al medio ambiente.  En caso de que exista una controversia respecto a la interpretación o aplicación del acuerdo entre Estados que son Parte, se aplica el mecanismo de solución de controversias establecido en el artículo 19, que permite acceder de manera voluntaria a la CIJ.

Como sostiene el jurista Pinto Bazurco Barandiarán, el Acuerdo de Escazú que está a la espera de su ratificación por el Congreso, pondría al Perú en la vanguardia en el hemisferio en materia de justicia ambiental.  Y esto no es sino similar al que existe para países europeos. No hay que olvidar que la Unión Europea es hoy reconocida como el proyecto político más exitoso de la humanidad, no solo por haber logrado paz entre sus miembros sino cooperación para mejor estándar de vida. Hoy es una isla en el Mundo en combate de la pandemia, respetando libertades individuales.

De no actuar con conocimiento de causa podríamos caer en el retraso   en que nos encontramos respecto a la Convención del Mar. Hoy pocos peruanos saben la verdadera razón por la que se adoptan límites de 200 millas, ni mucho menos conocen -como sí lo saben nuestros vecinos- que islas están frente a nuestras costas más allá de los límites artificiales.  Ni menos el rol de Isabel Barreto en nuestra Historia. 

Si mantenemos a nuestro país en la nebulosa de la desinformación tendremos que seguir enfrentando situaciones tan vergonzosas ante la Comunidad Internacional, como que una Ministra de Estado, no sabe aun cuándo en el  Perú  se van a reiniciar vuelos internacionales, sugiriendo que el eje de la cuestión es el turismo.