El consumo de las familias y la pandemia

La emergencia sanitaria que viven los peruanos, en el presente año, por la pandemia del coronavirus, está afectando duramente diferentes ángulos del bienestar familiar, ha disminuido el empleo y los ingresos, por la parálisis productiva que a su vez ha mermando la capacidad de generar bienes y servicios, limitando la oferta productiva. La caída de los ingresos afectó a su vez el gasto en consumo de las familias disminuyendo recursos destinados a ese propósito.

El consumo de las familias es un componente principal de la economía, forma parte de la demanda interna de bienes y servicios, y junto con la inversión, mueve las ruedas del crecimiento económico, es el motor de las industrias que producen más bienes incentivadas por una demanda creciente, cuando es positiva genera un círculo virtuoso en la economía. Cuando el consumo se retrae o se debilita afecta directamente los negocios, por menor demanda, coadyuvando a empujar a la economía a la depresión, como está sucediendo ahora con parte importante de la población en inactividad por el coronavirus o COVID-19.

Las familias toman decisiones de consumo, dichas decisiones están influenciadas por múltiples factores, uno de estos factores es el ingreso disponible, que incorpora transferencias públicas o privadas, disminuido del pago de impuestos. La lógica económica señala que cuando el ingreso disponible aumenta, las familias compran más bienes, cuando este disminuye compran menos, circunstancia que vivimos hoy en el país.

Las familias consumen alimentos y bebidas, dentro y fuera del hogar, constituye el principal rubro de consumo de los hogares, nadie puede vivir, rico o pobre, sin alimentos. Las familias gastan en salud, ahora que dicho gasto por la emergencia sanitaria se estima se ha elevado, sumado a los razonable y rutinarios gastos en salud de los peruanos. Las circunstancias han motivado mayores visitas de atención médica, compras en farmacia, incluso yerbas medicinales, los más pobres. Miles de afectados con gastos de bolsillo en salud por salvar alguno de los suyos frente a los contagios, tratando de evitar lo extremo.

Los gasto familiar debe haberse trastocado en plena pandemia pero ello no impide intuir que se mantiene alto en transportes y comunicaciones, la obligación de movilizarse por trabajo tras la cuarentena, es razón de mayor gasto,  o comunicarse, demanda recursos, ahora las comunicaciones a distancia ya no son únicamente cuestión de ocio, sino, además de trabajo e ingresos, en un mundo cambiante. La educación, también golpeada, demanda recursos, son parte del consumo de las familias, a mayor educación mayor posibilidad de mejores ingresos, es la lógica. Las familias gastan en vivienda, enseres, alquileres, servicios, luz, agua, desagüe, arbitrios, son las rigurosas necesidades del bienestar. Cuando las familias no pueden cubrir este amplio abanico de necesidades, están en pobreza, son muy pobres, o están rondando la esfera de la vulnerabilidad. Por ello, ante una caída del empleo, los ingresos y el consumo, el aumento de la pobreza será el resultado, la COVID-19, ha trastocado el consumo familiar, obligando a establecer nuevas prioridades para colmar las necesidades.

Las cifras económicas al segundo trimestre del año[1], grafican los impactos de la crisis generada por la pandemia, registran un derrumbe del gasto en el consumo de las familias, en -22,1%, ya el primer trimestre había caído en -1,7%, con lo cual el consumo se redujo en -12,2%, en el primer semestre del año, ello impactará en los actuales patrones de consumo de las familias, que se verán obligadas a reorientar sus recursos a los bienes indispensables. Las cifras negativas en el gasto de consumo de las familias peruanas se deben a la reducción del ingreso de los trabajadores formales e informales, dependientes e independientes. Se ha registrado una disminución del gasto en alimentos, bienes durables y no durables, y menores gastos en servicios. Las cifras son simple evidencia del daño sufrido, hasta ahora.

Esta pandemia, nos ha envuelto en una rutina diferente, ha trastocado nuestras prioridades, situación que se evidenciará con mayor claridad un tiempo adelante, si en la pre pandemia las familias tenían cierto patrón de gasto de consumo, es muy probable que pasada la emergencia dichos gastos muestren una nueva fisonomía. Esperamos un proceso de recuperación al año 2021 o 2022, cerrando primero el foso económico y social, generado por la crisis sanitaria. El esfuerzo por la reactivación es la meta de los próximos meses, la inversión pública y privada será motor para recuperar lo perdido y encarrilar al país a un mayor crecimiento económico, con ello elevar el consumo de las familias.

[1] INEI Informe Técnico: Producto Bruto Interno Trimestral, agosto 2020.