Mafias y elecciones 2021

Hace poco, gracias a la terquedad del buen Tony, aprendí que los temas de gestión pública y privada pasan por algoritmos y cuadros excel. Yo llegaba todo apasionado y descubrí que la medición empírica, cuantitativa es tan importante como declararse discípulo de John Nash, a secas.

Mientras descubro mafias viejas y empresarios jóvenes y millonarios muy caprichosos pero lúcidos en temas como el azúcar, el oro y la contratación estatal de infraestructura, aparece de la nada y al mismo tiempo la llamada de dos antiguos amigos. Uno es un militante periodista de investigación, incapaz de publicar una falsedad; el otro es un caviar liberal y pragmático. Ambos me anunciaron que un tal Pablo saldría en primetime a decirle al Perú que al señor Julio Guzmán, a quien le impidieron candidatear en el 2016, le habrían solicitado dinero desde el Jurado Nacional de Elecciones. A partir de allí mis dos teléfonos no dejaron de sonar. Decidí escuchar de nuevo la cancion

“Wade in the water”. Ese himno del gospel. Los niños están moviendo el agua. Dios observa y pondrá turbulentas esas aguas.

Los niños y los políticos han convivido con virus de corrupción que no solo carcomen el sistema de justicia sino el sistema electoral. El Estado peruano no solo yace fallido ad portas de su bicentenario, sino que el signo más distintivo de lo que es una buena o mala democracia, los procesos electorales, están bajo escrutinio ahora.

Un señor Pablo, ex secretario de confianza de uno de los más impresentables presidentes del Consejo Nacional de la Magistratura, saldrá en TV con buen look y actitud dramática. A decir que el fiscal supremo provisional Fernández Alarcón lo quiere enviar a prisión. Para que no revele una gestión oscura, que tiene como punto grave una negociación de costos ocultos  para decidir si un candidato a la Presidencia de la República sigue o no en competencia. 

Visité en Roma a Leonardo Morlino, uno de los teóricos mas famosos del mundo sobre calidad de democracia. Me abrió los ojos. Yo iba con mi rollo sobre la justicia, me escuchó hasta las historias de narcoindultos y Tumán. Pero él me explicó que podía medirse los resultados electorales como parte de la aplicación de reglas perversas o saludables para un sistema democrático específico. 

El Perú espera que este fin de semana el periodismo de investigación muestre chats y audios. Hay mas de tres tableros de ajedrez, diría Guillermo O’Donnell. Uno que refleja la pelea de mafias del sistema electoral y judicial. Unos acusan a otros y pretenden así salvarse. No me extrañaría que el cerebro de José Luis Cavassa esté detrás de este aparente jaque. Él se preparó para manipular el sistema electoral peruano y ofrecer productos a clientes inescrupulosos. Pero también están los cuellos blancos que la decente fiscal Rocío Sanchez investiga. En otro tablero de políticos y jueces y fiscales supremos hay quienes quieren deshacerse de ella.

El otro tablero es el estrictamente político electoral. Desde el congresista Luna, hasta el político Julio Guzmán, pasando por la anomia llamada Acción Popular. Todavía no sabemos realmente si tendremos elecciones presidenciales y de congresistas en abril del 2021.Si el gobierno de Vizcarra decide suspenderlas o deformarlas cambiando reglas en nombre de la lucha contra la pandemia, encontramos que la caja de Pandora está por destaparse. 

Dos apuntes finales. Julio Guzmán debe leer a Leonardo Morlino antes de volver a salir en televisión. Los jueces de la Corte Suprema, los viejos y los que se hacen los viejos, deben elegir en menos de un mes al próximo Presidente del Jurado Nacional de Elecciones. O eligen un hombre con capacidad técnica o mejor destrozamos todo, de una vez, y pensamos que el JNE ya no debería existir. El gobierno de Vizcarra no es solamente una democracia imperfecta. Representa una sociedad que está harta de su propia hipocresía.