Empresa privada solidaria

Desde siempre, ciertos sectores de la ciudadanía vienen calificado al empresariado de cuanto se les ocurre, pero principalmente de no tener corazón, de adorar al ídolo llamado “lucro”, de ser “hambreadores del pueblo”, de “llevársela en carretilla” y olvidarse por completo del entorno social en que se encuentra.

Peor aun, en la pandemia en que estamos inmersos, desde el Estado se omitió dirigirse al empresariado privado en búsqueda de ayuda, ni siquiera en lo que es planificación de ella y la logística para su entrega. Simplemente se le ignoró.

Empero, la actividad privada dio talla y, sin esperar requerimiento desde el Estado, por propia voluntad y convicción y, pese también, a que la crisis económica, originada por la pandemia, los había afectado gravemente, con sus centros de operaciones cerrados, con sus almacenes vacíos, con sus emprendimientos paralizados y, pese también a no tener nuevos ingresos monetarios, han prestado su ayuda desinteresada.

Hemos visto como empresas de todo nivel, han conseguido plantas de oxígeno a las han donado en las colectividades en que tienen o no operaciones, simplemente por gesto solidario.  Hemos visto también la entrega de material médico y equipos a hospitales y centros de salud, pero también elementos de higiene y de protección para evitar contagio, hasta en los lugares más recónditos del país.

Si se necesitó transporte humanitario, sus aviones, barcos, camiones y omnibuses, estuvieron presentes, costeados por el empresariado de todo nivel y tamaño.

Hubo ayudas que fueron de conocimiento público, pero muchas otras efectuadas fuera de reflectores, en tremendo anonimato, pero no menos importantes, pero todas mereciendo el reconocimiento de la Nación.

Hemos visto también a organizaciones privadas de ayuda, concurriendo hasta a alejados centros poblados, llevando prendas de abrigo, alimentos, medicinas y equipos de respiración asistida a centros de salud. No se circunscribieron en muchos casos a lo simplemente material, sino con su propio esfuerzo y actividad participaron en la adecuación de centros de alojamiento y preparación de ollas comunes.

Las Iglesias de diferentes credos, también han hecho lo suyo y han estimulado a las poblaciones a hacer la “chanchita” para adquirir los equipos necesarios. Sorteos y rifas, fueron frecuentes, pero siempre se las agenciaron para contribuir a las necesidades sociales.

Empresas de sectores extractivos, en que los pobladores de las circunscripciones territoriales en que tenían sus actividades, las motejaban de insensibles, dieron talla y sin que nadie se los pidiera estuvieron y están presentes en la emergencia sanitaria que a todos nos atañe.

Las empresas ni siquiera han tramitado ni gestionado resoluciones gubernamentales de aceptación de donaciones, como tampoco han exigido el reconocimiento de ellas para efectos tributarios.  Se necesitó su ayuda y allí estuvieron, sin esperar nada a cambio e incluso, ante la posibilidad de una administración tributaria con anteojeras que no reconozca como gasto lo que han invertido en tanta cooperación solidaria. debemos
No buscaron reconocimiento, pero debemos agradecer, tanto desde el Estado como la ciudadanía, el gran esfuerzo desplegado.