EL Gran Almirante Miguel Grau

Amigos buenas tardes. Regresando de una singular y emotiva Ceremonia en honor de nuestro Gran Almirante del Perú en la Plaza Grau de San Borja. Gracias nuevamente por sus saludos en este día tan especial que en realidad es de todos los peruanos y donde al parecer le vendría bien conocer y respetar al Ingeniero Vizcarra, Grau no es solo un héroe de la Marina, es el Peruano del Milenio escogido y nombrado así por todos los peruanos y no hay Gobierno alguno que cambie eso y menos dejar que la historia y el quehacer diario deje de reconocerlo, no por un día festivo sino por lo que el mismo representa para todos nosotros, en especial para nuestra juventud que desgraciadamente viene siendo engañada con una historia que cada vez tratan de reescribirla o minimizarla los hoy educadores bajo un sesgo político con ideologías progresista.

Tiempo atrás, escuche a un amigo contar una reflexión sobre Grau que me parece oportuno contarla aquí y que muestra de cuerpo entero quien era Don Miguel Grau Seminario. » ….al término de una conferencia sobre Miguel Grau, alguien preguntó: ¿no hubiese sido mejor que dejase a los náufragos de la Esmeralda ahogarse en el mar y perseguir a la Covadonga?.

Sí se hubiese evitado la pérdida de la Independencia. ¿No hubiese sido mejor que Grau bombardee las desalinizadoras de Antofagasta tras el combate de Iquique o que no advirtiese a los buques que atacaba para causar el mayor daño al enemigo? ¿Por qué devolver a la viuda de Prat las pertenencias de su esposo que eran legítimas preseas que darían orgullo al Perú? Las preguntas pasaron a ser acusaciones de un fiscal de la Historia que pide a Miguel Grau rendir cuentas sobre sus decisiones durante y después del combate.

Asumiremos su defensa con una pregunta: ¿sería Grau el héroe que hoy reverenciamos si no hubiese actuado como lo hizo? Revisemos algunos hechos: cierto es que tras el Combate de Iquique, Miguel Grau ordenó recoger a los náufragos de la Esmeralda. Sería difícil borrar de la historia cómo los propios sobrevivientes aclamaron su actitud gritando “viva el Perú generoso”. Proceder magnánimo como lo reconoció su biógrafo Geraldo Arosemena. En aquel encuentro también es cierto que Grau trató de salvar la vida del comandante chileno Arturo Prat, con quien había participado en el Combate de Abtao el 7 de febrero de 1866, y que murió fruto de su arrojo al abordar el Huáscar. Poco después envió la espada de su enemigo a la viuda, lo que motivó una carta de respuesta donde ella le decía que nuestro héroe obraba “con la hidalguía del caballero antiguo” y reconocía que “en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos”.

Miguel Grau consideró indigno bombardear embarcaciones enemigas sin antes advertirles de la inútil resistencia. Como ejemplo tomemos el ataque a los buques fondeados en Iquique el 10 de julio de 1879, donde ordenó a Augusto Castleton, comandante del transporte chileno Matías Cousiño que bloqueaba nuestro puerto, desembarcar a su tripulación antes que atacarlo. Castleton reconoció que salvó la vida gracias a Grau y poco después le escribió agradeciéndole con una caja de vino. Grau le respondió diciéndole que su conducta “fue inspirada en un simple sentimiento de humanidad, la misma que emplearé siempre con todo buque al cual me quepa atacar en un caso semejante”.
Tampoco quiso Grau bombardear los puertos para no deshumanizar la guerra. Consta su parte del ataque sobre Antofagasta que no disparó sobre el puerto por haber intereses de los neutrales y “pobladores indefensos”. La nobleza del espíritu de nuestro héroe lo convierte en un vigente ejemplo del respeto a los Derechos Humanos, y un precursor del correcto comportamiento de un militar en el marco del Derecho Humanitario.

Pero la entrega de los trofeos de guerra, la espada y prendas de su enemigo denota un comportamiento aún más sublime y, lo que pocos conocen, no fue un hecho aislado.