Hacia la recuperación económica

Las recientes cifras del comportamiento de la actividad económica en el país, en los primeros ocho meses del año señalan una caída de la actividad productiva de -15,7%, cifras acumuladas en el periodo enero-agosto del presente año[1]. Esta cifra refleja una tendencia hacia un lento proceso de recuperación. Al mes de julio previo, la caída en la producción nacional, en términos acumulados, fue de -17,7%, vamos recuperándonos,  con cifras mensuales cada vez menos negativas, así, en el mes de agosto la caída de la producción nacional fue -9,82%, la cifra menos negativa de los últimos cinco meses, tras el proceso de reactivación productiva en la mayoría de sectores, luego del enorme shock provocado por la pandemia del Coronavirus, que por el confinamiento y parálisis obligada afectó a la mayoría de actividades productivas, en sus niveles de producción y en el empleo. En Lima Metropolitana, la población ocupada se redujo en -23,9% en el trimestre julio-setiembre.

Las cifras acumuladas en los primeros ocho meses del año, muestran un grave deterioro en la mayoría de sectores, las actividades mineras y de hidrocarburos han caído en conjunto en -17,2%, en dicho periodo, la manufactura en -19,5%, la construcción en -33,4%, el comercio en -22,9%, el transporte en -29,7%, la actividad de restaurantes y hoteles retrocedió en -55,0%, impresionante, sólo por mencionar algunos sectores, el proceso de recuperación tendrá que pasar en definitiva por una larga terapia.

Los retos son enormes hacia adelante, no existe otro camino que la activación de la inversión, pública y privada, duramente afectada, con acciones decisivas que le inyecten mayor velocidad, a fin de activar los procesos productivos y alcanzar cifras menos negativas en el 2020, así, sentar las bases para una recuperación más dinámica en los años siguientes. Las cifras de la desgracia son enormes, las acciones implementadas fueron duras, larga cuarentena a fin de detener la propagación de la enfermedad, inyección fiscal y gasto social para evitar mayor afectación a los hogares más pobres y empresas, fueron muy importantes, sin embargo, en las sumas y restas, el balance refleja una situación bastante negativa en la salud, las condiciones de vida de la población y en la economía. Para nuestro bien, se observa una luz al final del túnel, al hacerse más evidente la reducción de los contagios y muertes.

Los efectos de la pandemia han sido enormes,  no sólo en el país, también en otras latitudes, lo cual obliga a los actores de política pública presentes y los que tengan responsabilidad futura a actuar con lucidez e impulsar todas las acciones posibles y utilizar las herramientas de política económica que permitan superar los efectos negativos en la economía, tanto en la esfera productiva como las finanzas públicas y privadas, afrontando los retos fiscales y monetarios que estarán muy presentes.

Más aun este 2020, las condiciones de vida y pobreza se verán muy afectados, el nivel de pobreza en la población, que se había reducido en forma muy importante en la última década, sufrirá un grave retroceso, retornando a niveles de años que parecían superados, y el grado de vulnerabilidad de los peruanos se hará mucho más evidente. Por lo demás gran parte de la clase media, que había crecido en forma importante en las últimas décadas se verá muy afectada por la caída del empleo y los ingresos, será uno de los segmentos de la población más golpeados, incluso el nivel de endeudamiento de las familias será un problema que se evidenciará en forma agobiante hacia adelante, lo cual es un problema a tener muy presente, la activación del empleo de calidad es el gran reto a afrontar, frente a esta dramática situación. Así vamos caminando tras los efectos dañinos de un virus descontrolado.

[1] INEI Informe de la Producción Nacional, agosto 2020.