‘Bomba gay’: el descabellado plan del Pentágono para volver homosexuales a sus enemigos

Dice la sabiduría popular que “en la guerra y en el amor, todo se vale” y muchos han aprendido a guiarse con esa filosofía. Sin embargo, cuando el Pentágono de los Estados Unidos consideró la idea de una ‘bomba gay’ para atacar a sus enemigos podríamos llegar a pensar que el concepto se les fue un poco de las manos.

En 1994, las Fuerzas Armadas de EE. UU. parecían estar en el pico de su creatividad y propusieron una gran variedad de ideas que la nación podría desarrollar para doblegar a sus enemigos en la guerra. De entre ellas, una de las indudablemente más memorables es la propia ‘bomba gay’. Esta se trataba de un hipotético gas capaz de volver homosexual al enemigo.

Con tan solo leerlo, esto puede parecernos una idea sacada de una película de ciencia ficción… y no necesariamente de una de las mejor elaboradas. Sin embargo, honestamente estuvo como una propuesta sobre la mesa de Departamento de Defensa estadounidense.

Un plan “perfecto”

Para los inicios de los cuarenta los investigadores del Laboratorio Wright en Ohio –el que es ahora el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de EE.UU.– pusieron su interés en el desarrollo de armas químicas que no implicaran matar a sus enemigos.

De hecho, la meta que se planteaban en su proyecto de investigación era la posibilidad de encontrar una forma de bajar la “moral” del enemigo antes del ataque. De esta forma, las tropas estarían desordenadas o desganadas, lo que las haría teóricamente más fáciles de vencer.

Para este fin pensaron variadas propuestas, pero la teoría de la ‘bomba gay’ fue la que se presentó con más fuerza luego ante el Pentágono. Para los investigadores, la posibilidad de hacer que sus enemigos al inhalar un gas se distrajeran por sentirse sexualmente atraídos a sus compañeros sería un golpe “desagradable pero completamente no letal”. El plan perfecto… ¿verdad?

Una propuesta… particular: presentando la ‘bomba gay’

En su informe inicial, los científicos plantearon la posibilidad de usar feromonas en gases capaces de aumentar la atracción entre los soldados. Poco a poco, se fueron añadiendo ideas como la utilización de afrodisiacos y aromas determinados para intentar hacer a sus enemigos “irresistibles” entre ellos.

Para poder crear la sustancia que le daría poder a la ‘bomba gay’ los investigadores llegaron a solicitar al Pentágono un presupuesto de 7.5 millones de dólares. Claramente, la propuesta no avanzó como los científicos hubieran esperado. Pero se mantuvo rondando al menos unos 6 años dentro del Pentágono, según comentó a The New Scientist Ed Hammond, quien reveló al mundo los archivos sobre la ‘bomba gay’.

Para el 2000, los archivos se guardaron en un CD-Rom creado por el ejército de los Estados Unidos. Pero ese no fue su fin, de hecho, en el 2002 incluso llegó a manos de la Academia Nacional de Ciencias.

¿La ‘bomba gay’ del Pentágono realmente llegó a existir?

No. A pesar de que sí se presentaron propuesta a su alrededor, el Pentágono nunca llegó a iniciar un proyecto de construcción de una ‘bomba gay’. Pero, según parece, sí mantuvo la idea en consideración, sin darle un rotundo no, hasta poco antes del 2005, año en el que la noticia de esta particular arma química llegó a los titulares del mundo.

Esto se hizo posible gracias a Hammond, a través del Sunshine Project. Todos los documentos que comprobaban la situación se liberaron en el sitio web del grupo de monitoreo de la investigación de armas químicas y biológicas bajo la protección de la Ley de Libertad de Información.

El archivo principal estuvo titulado como “Sustancias químicas que identifican a los malos, molestos y hostigadores” y contenía muchas más propuestas además de la ‘bomba gay’. A pesar de que los archivos ya no se pueden encontrar en el portal web del Sunshine Project, ni el Pentágono ni el Departamento de Defensa estadounidense han hecho esfuerzos por negar la existencia de dichas propuestas.

Solo la punta del iceberg…

Como mencionamos, la ‘bomba gay’ es apenas una de las ideas que se presentaron ante el Pentágono. De hecho, en el mismo documento se plantean otras particulares armas químicas, pero casi ninguna tan inverosímil como el gas capaz de cambiar la sexualidad de los enemigos.

Una de las primeras propuestas indicaba la posibilidad de liberar un olor en el aire que atrajera hordas de abejas enojadas que comenzaran a picar al enemigo. Por otro lado, se planteaba la posibilidad de liberar un químico que causara extrema sensibilidad al sol en la piel de los soldados.

Sumado a esto, estaban propuestas como el crear una sustancia que diera “halitosis severa y duradera” a los enemigos. Como explicación, solo se dijo que ello ayudaría a identificar a los soldados incluso cuando estuvieran vestidos de civiles.

Pero esta última, dejando de lado la ‘bomba gay’ ni siquiera fue la propuesta más particular. De hecho, este puesto lo tiene la idea titulada “¿Quién? ¿Yo?” cuyo sustento era liberar aromas desagradables en las trincheras que hicieran creer a los soldados que sus compañeros habían soltado un gas… Lo que se esperaba era que el olor desconcentrara a los enemigos y los hiciera más fáciles de atacar.

Ninguna de estas ideas salió del papel.

¿Y ahora?

Claramente, 1994 fue una época de mucha creatividad para los científicos estadounidenses. Pero no se trató de una ocurrencia única. De hecho, propuestas particulares asimilares a la ‘bomba gay’ sugerida al Pentágono, se hacen con más frecuencia de lo que creeríamos.

En el 2005, cuando la BBC News entrevistó al capitán Dan McSweeney, quien entonces eran miembro de la Dirección Conjunta de Armas No Letales del Pentágono, este les comentó que “literalmente cientos” de propuestas como estas llegan a su escritorio cada año.

Sin embargo, quiso aclarar que: “(…) solo aquellas propuestas que se consideren apropiadas, basadas en estrictos efectos humanos, revisiones legales y de tratados internacionales, se consideran para desarrollo o adquisición”.

Con esto, vemos que la “bomba gay” del Pentágono, definitivamente no fue el único plan descabellado que se desarrolló o se podría desarrollar dentro de la milicia estadounidense. No obstante, ha sido definitivamente uno de los más notorios. Sobre todo porque, afortunadamente, en la actualidad está claro que la sexualidad no es un interruptor que se puede cambiar al inhalar unos gases adulterados.

(Publicado en Tekcrispy. Escrito por Oriana Linares)