Luis Enrique Tord Romero: el artista de la palabra

Perfeccionar una disciplina, conlleva una serie de retos y desafíos que terminan afiatando nuestras habilidades, aptitudes y cualidades. La capacidad de poder interrelacionarnos con expertos en nuestra materia, amplía nuestra visión gracias a la oportunidad que obtenemos al conocer nuevos pensamientos, ideales y objetivos. Sin embargo, el logro es aún más importante y esencial, cuando una persona decide entrar al campo multidisciplinario e interrelacionar sus sectores profesionales, para abarcar una visión más holística del entorno y enriquecerse con las maravillas que cada disciplina nos puede ofrecer producto de las vivencias relacionadas a cada rubro. De aquellas personas quienes obtuvieron estos conocimientos, siempre es bueno recordar a Luis Enrique Tord Romero, un hombre de bien y un ferviente creyente del poder de la narración y su impacto en las mentes de las personas. Ciertamente, alguien a quien podemos admirar y a través de estas palabras, honrar en la eternidad.

Sus inicios

Luis Enrique Tord Romero nació en la ciudad de Lima, el 27 de enero de 1942. Habiendo estudiado en el colegio Sagrados Corazones “La Recoleta”, se graduó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – UNMSM como antropólogo, para luego, obtener el grado de Doctor en 1975. Su carrera lo llevó a graduarse con un alto diplomado en la Université Catholique de Louvain, en Bélgica.

Fue durante su paso por la UNMSM que conoció a Emma Velasco-Astete, más identificada como “Chichi” por sus allegados, con quien iniciaría una historia de amor entrañable. Tal es así, que cuando ella viajó a Bélgica para estudiar su carrera de posgrado en Louvain, Luis Enrique decidió enviarle una carta por día desde el momento en que tuvieron que separarse momentáneamente por motivos académicos. Mantuvo tan noble detalle hasta su reencuentro en 1966. Finalmente, en 1967, decidieron casarse y producto de su matrimonio, tuvieron 5 hijos.  

Desde los 20 años, Luis Enrique ya mostraba aptitudes y devoción por la literatura, la narración y los poemas. Estas cualidades de plasmar el arte a través de las palabras, fueron moldeando su personalidad y su brillante carrera, reflejo de su cultura exquisita y erudita. A pesar de haber iniciado su carrera de Derecho en la Universidad Pontifica Católica del Perú – PUCP, decidió, a la par con dichos estudios, escribir su primer poemario a la corta edad de 20 años. Dicho poemario fue posible gracias al apoyo logístico de Ediciones de la Rama Florida, cumpliendo con un primer paso en la exitosa carrera de Luis Enrique Tord.

El arte en sus palabras

Recordemos a los grandes narradores y cómo ellos pasaron a la historia, no solo por el poder en sus palabras, sino por el arte que plasmaban en sus obras. Estos grandes escritores introdujeron un estilo narrativo diferente, versátil y elegante, lo cual, ayudo a que se posicionen como referentes de la literatura mundial. Luis Enrique, en ese sentido, también forma parte de aquellos relatores que se arriesgaron a innovar con originales formas de narración, expresando el arte en sus palabras y fijando una impronta original en las historias que el se consagró en escribir.

Una persona como Luis Enrique, con la vasta experiencia y relatos que han alimentado su mente, se aventuró en el campo del relato que incluye una mezcla de verdad histórica y ficción. Una serie de creaciones literarias que abarcan elementos llenos de datos reales, históricos e hitos culturales; y por otro lado, inmiscuye una serie de situaciones ficticias que animan al lector a cuestionar qué es verdad y qué no lo es. He ahí su contribución a la literatura, a la historia y a la imaginación que persiste como una innovadora modalidad creativa.

Justamente, la indagación, el estudio y la investigación, han hecho que los elementos históricos y antropológicos tengan una enorme influencia en sus obras. Es por ello que todo aquel que se decida en descubrir las historias de Luis Enrique, no solo encontrará una serie de hechos fácticos y comprobables, sino que también, se hallará ante la ficción y narrativa mística, puesto que la unión de ambas corrientes, lo conducirán a crear historias que atrapen al lector y que, a la vez, nos ilustre una serie de eventos que han ocurrido en las épocas pretéritas. Sus principales obras se situaron en la época del virreinato utilizando los elementos propios de aquel periodo nacional, para ubicar y contextualizar sus recordadas historias y libros que han  sido publicadas a lo largo de su exitosa e impecable carrera.

Este admirable y reconocido estilo de redacción, lo llevó a conseguir el aplauso y reconocimiento de varios colegas. Asimismo, le otorgó una serie de reconocimientos por sus obras a lo largo de los años. Obtuvo premios Copé en los años 1979, 1983, y 1987. Logró el Premio Nacional de Cultura Antonio Miró Quesada en 1971, así como el Premio Jaime Bausate y Mesa de la Embajada de España en 1973, lo mismo que el Premio Luis Antonio Eguiguren en 1974, la Condecoración Cruz Litteris et Artibus del gobierno de Austria en 1977, el Premio de Novela de la Universidad Nacional Federico Villareal en 1998 y el premio del XIX Concurso Novela Corta 2016 “Julio Ramón Ribeyro” por su obra “Pasiones del Norte”. Estas distinciones, altamente merecidas, fueron otorgadas por su productiva narrativa y por su competente carrera en los distintos ámbitos que le tocó vivir.

Como obra de recopilación, en el año 2011, decidió agrupar los libros “Oro de Pachacámac”, “Espejo de Constelaciones” y “Fuego secreto” en una sola edición llamada “Revelaciones. Relatos Reunidos 1979-2011” con la que permitió a las nuevas generaciones conocer los relatos más antiguos y contemporáneos de su autoría, para enriquecer su historia, enaltecer su trayectoria y permitir continuar con su legado.

Su partida y legado

El viernes 2 de junio del 2017, falleció Luis Enrique Tord Romero, siendo velado en el Salón de los Espejos del Teatro Municipal, dado su carácter de regidor del Municipio de Lima Metropolitana. Un amante de la música, un poeta y artista de la narración, conocedor de la antropología e investigador de la vasta historia peruana, pero sobre todo, un hombre con un espíritu intelectual y social dispuesto a romper los paradigmas y estereotipos de escritores y narraciones para inculcar su propio estilo y detalle. Amante de la ficción y de cómo ésta podía mezclarse con la realidad, para dar pie a la creación de las historias galardonadas que lo sitúan en un lugar privilegiado de la narración peruana.

Una persona que cautivó a sus lectores a través del arte en sus palabras y que creó esa dulce disyuntiva entre la realidad y la ficción, por lo que decidió diferenciar sus obras, pidiendo, justicieramente que no se les llame “cuentos”. Él creía que los cuentos lo conducían a la fantasía, sin embargo, Luis Enrique optó por un camino diferente, debido a que se esforzó en plasmar situaciones reales, ideales existentes y palpables pero despegado de las emociones, del ensueño y de los cuentos de lectura lineal o “literatura light”. Es por ello que, a través de sus relatos, podemos hallar espiritualidad, historias trascendentes, que tocan el alma y descubren, en cada uno, un significado que trasciende el lenguaje común.

Su erudición, sus conocimientos y simpatías, lo llevaron a alcanzar cargos como Jefe del Archivo General de la Nación, diputado del Congreso Constituyente Democrático, Regidor por Lima, Asesor para asuntos Culturales de la Presidencia de la República durante la segunda administración de Fernando Belaunde Terry, años en los que fortalecimos nuestra amistad; y presidente del Comité Interamericano de Cultura de la OEA entre 1981 y 1983, lo que le permitió contribuir, a través de su experiencia, en la defensa de la Cultura en el máximo organismo regional de las Américas y su aporte en las Relaciones Internacionales, toda vez que sus contribuciones presidiendo el citado comité de la OEA, le permitieron alcanzar estándares de importancia en el respeto y preservación de la cultura en los distintos Estados miembros del nuevo continente. Fue justamente su amor por la historia, lo que lo llevó a estos indudables y merecidos puestos y reconocimientos públicos.

Sin embargo, su mayor legado será siempre el arte que pudo plasmar a través de las palabras. Su pasión por la historia, por el arte, por la narración y ser una persona que se enalteció por si solo, abarcando estas disciplinas en una sola, fue lo que justamente lo ayudó a cautivar a miles de lectores que se instruyeron con sus textos y reconocida erudición. Su estilo de comunicar una idea creó un universo de historias que ahora contemplamos con admiración y recordaremos por siempre en su descanso eterno.

Como homenaje permanente a su notable talento, a su sofisticada intelectualidad y a su icónica personalidad, un grupo de apreciados amigos han constituido la “Fundación Luis Enrique Tord”, que preside el empresario Rafael Bernado Lopez Aliaga Cazorla y que concede un premio que alienta la producción histórico-literaria y que haga perdurable su vitalidad humana y académica.

Bibliografía

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