Déjà Vu

La semana pasada, al escuchar al presidente Sagasti dando una conferencia de prensa, tuve una sensación de déjà vu. Por unos segundos pensé que era el expresidente Vizcarra quien se dirigía al país para anunciar las nuevas medidas destinadas a reducir la transmisión de la Covid-19. Por supuesto no era Vizcarra quien se dirigía a los peruanos, sino Sagasti, pero encontré la misma ineptitud, desidia, falta de claridad, falta de transparencia y ninguna intención de aceptar la responsabilidad por los errores cometidos. Todos los peruanos tenemos la culpa de lo que sucede, menos el Gobierno.

Sin dejar de reconocer que muchos peruanos no se toman esta pandemia en serio, con las graves consecuencias que nos puede traer no solamente a nosotros sino a nuestras familias, este Gobierno de Transición, al igual que el anterior, no reconoce sus errores y falta de liderazgo.

Al igual que el año pasado, hay una escasez de camas UCI en todo el país. Vemos en los noticieros a decenas de familias que tienen que recorrer los hospitales de Lima buscando una cama UCI para uno de sus familiares. Mientras tanto, nuestra Ministra de Salud, declaró en el diario Expreso “¿No hay camas UCI? Eso no es cierto. En la medida que nos vamos acercando a una o dos camas, inmediatamente estamos haciendo las implementaciones necesarias”.

Pregunto: ¿es mentira lo que vemos en los noticieros? El Perú empezó la pandemia con 100 camas UCI (la menor cantidad de camas UCI por habitante de América). En mayo del año pasado Vizcarra prometió que Perú iba a contar con 2,000 camas UCI para junio del 2020. Ello por supuesto no sucedió. Según la Asociación Peruana de Medicina Intensiva, a diciembre de 2020, había 1,400 camas UCI distribuidas a escala nacional que se encontraban operativas, de las cuales el 90% ya estaba ocupada. Pregunto nuevamente ¿Por qué el Gobierno de Sagasti no se preocupa de manera urgente en incrementar el número de camas UCI, sabiendo que la segunda ola o rebrote ya está en Perú? ¿Acaso nos sobran las camas UCI? En el peor de los casos una vez que termine la pandemia, tendremos camas UCI sobrantes para tratar a los peruanos que así lo requieran. ¿En qué idioma tenemos que pedir para que nos escuchen?

Una última pregunta ¿Qué pasó con el tan famoso acuerdo que había firmado el Estado con las clínicas privadas para poder derivar a pacientes graves de Covid? Según datos de la Asociación de Clínicas Particulares a diciembre de 2020, el SIS y ESSALUD solo habían derivado un total de 39 pacientes a las clínicas particulares. (ESSALUD debe el pago de 31 de ellos)

Otro de los gravísimos problemas que tuvimos los peruanos el año pasado, fue la falta de oxígeno para tratar a los pacientes de la Covid-19. Vimos larguísimas colas en las pocas plantas de oxígeno disponibles para llenar los balones. Cada paciente debía tener su propio cilindro de oxígeno si quería sobrevivir en los hospitales del Estado. El Estado tardó meses en permitir el uso del oxígeno al 93% en lugar de oxígeno al 99% como exigía la Resolución Ministerial 062-2010-MINSA dada en el segundo Gobierno aprista por el Ministro de Salud Óscar Ugarte. El día de hoy, nuevamente vemos colas en las plantas para poder recargar los balones de oxígeno y pronto esto se convertirá en una nueva crisis. Pregunto: ¿Qué ha hecho el Gobierno en este sentido para asegurar que todos los pacientes que requieran oxígeno lo tengan disponible? Pareciera que poco o nada.

Entre las medidas anunciadas por Sagasti, al menos las que yo pude entender, se modificó el horario del toque de queda de 9pm a 4am para Lima y Callao. Como ya sabemos, al haber menos horas en el día para trabajar, hacer las compras etc., se incrementa el número de personas por hora, lo que inevitablemente genera aglomeraciones.

Ello por supuesto sin contar el perjuicio económico para tiendas, restaurantes, etc. También se anunció el retraso de la apertura de las playas al público hasta febrero. Según la presidenta del Consejo de Ministros, Violeta Bermúdez, “evaluamos que las playas podrían ser un potencial espacio de contagio si estamos al aire libre…”, lo que no logro entender hasta el momento ¿cómo es que las marchas contra Merino, con miles de personas una al lado de la otra no eran un potencial espacio de contagio, pero si las playas en donde cada uno está por su lado? Según sus declaraciones, al no poder controlar el aforo de una playa como Agua Dulce, entonces mejor prohibir el uso de las playas. ¡Qué tal facilismo! En la misma línea, el alcalde de Pimentel, Jacinto Purizaca,  declaró que como ellos no tienen el personal suficiente para controlar el aforo de las playas de su municipio, va a pedir al Gobierno Central que prohíba el uso de las playas todo el verano. ¡Cuánta ineptitud!

Mientras el país se encuentra en una segunda ola, con la economía semiparalizada, con el riesgo de entrar en una segunda cuarentena obligatoria, la canciller Elizabeth Astete declaró hace unos días “que el millón de vacunas que el Perú ha comprado a la empresa estatal china Sinophram están listas para ser recogidas, pero como hay algunos detalles que finalizar todavía no puede dar fecha exacta de su llegada al país”.   Si yo fuera canciller, me daría vergüenza dar una declaración así. Si es verdad que las vacunas están listas para ser recogidas, entonces como Gobierno, haría hasta lo imposible para resolver cualquier “detalle” que pudiera haber y así poder enviar un avión de la Fuerza Aérea Peruana o de Lan Perú a recoger las vacunas que tanta faltan hacen en el país. Pero esto es solo el último eslabón en la cadena de ineptitud de las autoridades peruanas.

Como no fuimos capaces de negociar con laboratorios como Pfizer (efectividad de  vacuna al 95%) o Moderna (efectividad de vacuna al 94%), nos tenemos que contentar con recibir la vacuna de Sinopharm (efectividad al 79%). Mientras países como Estados Unidos, Canadá, Inglaterra e Israel ya están vacunando a sus poblaciones con las vacunas de Pfizer, Moderna o Astrazeneca, nosotros tenemos que seguir el ejemplo de países como Indonesia, Pakistán, Emiratos Árabes y Egipto, quienes son los únicos en el mundo aparte de China, en donde se está usando la vacuna de Sinopharm. Eso sin dejar de considerar que el costo promedio de la vacuna de Pfizer es de 40 dólares (por dos dosis), la de Moderna de 50 dólares (por dos dosis) mientras el Perú ha comprado la vacuna de Sinopharm a un precio que parece superior pero que no ha sido  informado por el Gobierno. Según declaraciones del presidente de Sinopharm, Liu Jingzhen, el precio de la vacuna sería de 145 dólares, aunque algunas fuentes del MINSA han asegurado de manera extraoficial que el precio estaría próximo a los 52 dólares (por dos dosis). Sea como fuere, estamos pagando un precio más alto por una vacuna con menor eficacia, menor transparencia en la información y menor aceptación mundial.

Y todo gracias a la ineptitud de nuestras autoridades, que Dios los coja vacunados.

Déjà vu.