¿Cómo va la economía en las regiones?

Entre los años 2007 y 2019, 13 años antes de la pandemia que nos tiene en sobresaltos, la economía peruana creció cada año, en promedio, 4,6%, el país experimentó un escenario positivo importante, que innegablemente se extendió a todo el territorio, generando una ambición natural, y socio cultural positiva hacia el crecimiento económico, circunstancia que se manifestó en los lugares más apartados del país, a pesar de las aun existentes desigualdades, el flujo económico fue decisivo para superar parte de las debilidades del pasado, sobre todo con la incursión de muchos peruanos al empleo, y el mejoramiento de los ingresos por trabajo. 

Las últimas dos décadas el crecimiento económico se extendió hacia todas las regiones del país, algunas con cifras impresionantes, como Apurímac, que ha crecido a una tasa media anual de 12,1%,[1] en el periodo 2007-2019, fruto, principalmente, de la inversión minera.  Regiones como Cusco, en el mismo lapso creció a una tasa media anual de 6,0%, impresionante, por la extracción minera, de hidrocarburos y por su industria turística, que involucra importantes actividades económicas, transporte, restaurantes y hoteles, agencias de viaje, y actividades de servicios, el crecimiento ha marcado pauta singular por las actividades de mercado.  Ica, se convirtió en la región abanderada de la agroindustria peruana, incluso exhibió la posibilidad de cubrir la oferta de empleo. Así, Ayacucho, tras superar dramas del pasado, Huánuco, San Martín, Arequipa, con crecimientos superiores al 5,0% anual, el aumento de la producción aun diferenciado entre regiones, es realidad enraizada en la mente de los peruanos, en todos los rincones.  

Es verdad se avanzó, aún sin superar grandes desigualdades que más adelante ganarán protagonismo, en demandas salariales por ejemplo en la agroindustria, o déficits impresionantes en los recursos que provee el Estado. El dilema está en combinar las acciones de mercado, que trajeron progreso, con las rezagadas promesas estructurales de carácter social que afloraron con fuerza en la crisis sanitaria que hoy vivimos. El mercado posibilitó aumento de la riqueza, pero la acción elefantiásica del Estado, por lo burocrático, no supero las brechas en salubridad, salud, educación o seguridad, que los programas del futuro deberán afrontar, sin relegar lo mejor de lo avanzado con resultados positivos en inversión y trabajo.  Estimo, la combinación de ambas visiones deparará un futuro mejor, dos caras de la realidad, potenciadas.       

Es evidente que la crisis sanitaria que vivimos hoy ha tenido un efecto negativo en el crecimiento económico, el empleo y los ingresos, en todo el país, dichos efectos se sintieron diferenciadamente en todas las regiones, en algunas de ellas con impactos mayores y en otras en menor proporción, no hay región con cifras positivas, con información regional del tercer trimestre del 2020[2]. Se observa que los efectos negativos de la pandemia golpearon más agudamente en las regiones donde la emergencia sanitaria, fue más dramática. Las cifras oficiales de la economía en el tercer trimestre del 2020 señalan una disminución de la producción de -9,4%, lo cual significa un avance frente a los datos del segundo trimestre que lo precedían, cuando la producción nacional se redujo en -29,8%. En la recuperación ha incidido la reactivación de actividades económicas como construcción, transporte, comercio, servicios aun con aforos limitados, pero se han dado pasos importantes para la recuperación económica. Suma el aumento del crédito al sector privado, los subsidios directos a las familias y a las empresas.     

En el tercer trimestre 2020 la economía cayó como resultado de los comportamientos desfavorables en las actividades primarias, de transformación, de servicios, dada la debilidad de la inversión pública, privada e incluso el menor consumo de las familias. Esta circunstancia se manifestó indistintamente en todas las regiones del país, doce regiones con tasas negativas superiores al promedio nacional: Madre de Dios (-27,4%), Tumbes (-14,9%), Ayacucho (-14,6%), Arequipa (-10,6%), Cusco (-10,1%) y Cajamarca (-9,6%), por la menor actividad de minería e hidrocarburos, construcción, agropecuario y transporte; en Piura (-10,2%) y Lima (-9,7%), por los sectores manufactura, transporte, comercio y agropecuario; y en Loreto (-14,7%), Ucayali (-13,7%), Puno (-13,2%) y Huánuco (-11,6%), debido a la debilidad de la minería el transporte y construcción. En conjunto, estas regiones concentraron la mayor incidencia negativa del país.

La pandemia afectó duramente al país y sus regiones. Se espera el cierre del 2020 y la caída en la producción pueda superar los dos dígitos. Los efectos de la segunda ola de contagios, y la nueva cuarentena demandará mayor liquidez a las empresas y hogares, y esperar que la capacidad de resiliencia del país abone a superar el drama actual. La presencia de las vacunas en el territorio nos da una perspectiva positiva. Así vamos en las regiones en el magro panorama, pero sin perder de vista las posibilidades intactas de recuperación.

[1] INEI Producto Bruto Interno por Departamentos, 2007-2019. Diciembre 2020.

[2] INEI Indicador de la actividad productiva departamental, tercer trimestre 2020. Informe Técnico N°04, diciembre 2020.