Corazón Valiente

A lo largo de la historia hemos visto innumerables casos cuando el líder de una nación ha sacrificado su vida para darle la libertad a su pueblo. Pienso en el caso de William Wallace (personificado por Mel Gibson en la película Braveheart) quien fue un héroe nacional que participó en la Primera Guerra de Independencia de Escocia. En la película, Wallace se enfrenta al rey Eduardo I de Inglaterra, que en 1280 invade Escocia a la muerte de Alejandro III, quien no dejó sucesor. Después de haber hecho una campaña exitosa en contra del dominio inglés, Wallace es finalmente traicionado por Robert Bruce Sr. y otros nobles, capturado y entregado a los ingleses. Los ingleses juzgan a Wallace por alta traición y lo condenan a ser torturado y decapitado públicamente. Lejos de pedir misericordia por su vida, Wallace muere pidiendo “libertad” para su pueblo.

Quisiera hablar ahora del “corazón” de Somos Perú y de la “valiente” decisión del ex presidente Martín Vizcarra para sumarse como parte de los 12,000 voluntarios de los ensayos clínicos de Sinopharm tal y como declaró en conferencia de prensa en Tacna.

La semana pasada, nos enteramos a través del programa “Beto a Saber” que Martín Vizcarra junto a su esposa y un grupo cercano al ex presidente habían sido vacunados en septiembre del año pasado con la vacuna china de Sinopharm. Esto ocurrió en medio de cifras alarmantes de contagios y muertes por covid en nuestro país y además en medio de la “negociaciones” del Gobierno peruano con la farmacéutica Sinopharm  para traer el fármaco al país.

Es así, que mientras miles de peruanos morían por la falta de camas UCI, oxígeno, medicinas, etc. y por supuesto la falta de vacunas, Vizcarra aseguraba para él y su grupo de “íntimos”,  el acceso a la vacuna china, ocultando tal decisión al país. Al margen de las implicancias legales que ello puede tener como delito de colusión, cohecho pasivo, negociación incompatible y falsedad genérica; es una traición al pueblo peruano que debe ser castigada de manera ejemplar.

Después que la Universidad Cayetano Heredia publicó en su cuenta de Twitter el sábado por la noche, en respuesta a una inspección del Instituto Nacional de Salud, la autoridad regulatoria de estos ensayos clínicos, una nota de prensa descartando que Martín Vizcarra o su esposa hayan sido parte de los 12,000 voluntarios, ya no puede quedar nadie en el país que le crea a Vizcarra el cuento que participó como voluntario en dicho estudio. Una vergüenza por donde se le mire.

Ahora tengo claro el motivo por el cual el Gobierno de Vizcarra demoró meses y meses para firmar acuerdos de compra de vacunas con los principales laboratorios del mundo como Pfizer, Moderna o Astrazeneca. Como estoy seguro que estas empresas americanas e inglesas no iban a aceptar el “dar vacunas de cortesía” o  más claro “un soborno”, el Gobierno no tenía ningún incentivo en cerrar las negociaciones de compra de vacunas. Más aún, se nos engañó de manera vergonzosa con el cuento que las “condiciones que nos estaba exigiendo Pfizer eran inaceptables para el país”. Yo diría que era al revés. Ni Pfizer ni Moderna estaban dispuestos a aceptar las exigencias de sobornos de los “negociadores peruanos” y por eso nunca se firmó el acuerdo. Ahora entendemos por qué estamos comprando 38 millones de dosis de la vacuna china, a un precio superior al de Pfizer y Moderna y con una efectividad inferior (79% versus 95%).

Como todos sabemos, las vacunas chinas finalmente han llegado a nuestro país. Hace diez días llegó un lote de 300,000 y el fin de semana pasado otro lote de 700,000 para completar el millón de vacunas que con bombos y platillos anunció el presidente Sagasti.

Según información difundida orgullosamente por el MINSA, en los primeros seis días de vacunación, desde que llegó el primer lote, se han vacunado con la primera dosis un total de 71,848 peruanos (promedio 11,975 personas diarias). Mientras tanto en Chile, desde el día 3 de febrero que empezó la vacunación masiva hasta la fecha, se han vacunado con la primera dosis 1´817,266 personas (promedio 181,722 personas diarias).

Viendo con envidia países más avanzados que el nuestro, en Israel, un país del tamaño del departamento de Ica, se han vacunado a la fecha aproximadamente 3.5 millones de personas con la primera dosis y 2 millones de personas con ambas dosis. Israel está llevando la campaña de vacunación más rápida del mundo administrando dosis las 24 horas del día, los 7 días a la semana. A este ritmo, las autoridades esperan lograr la inmunidad de rebaño antes del mes de mayo, cuando hayan vacunado a más de dos tercios de la población del país (población total 9 millones). En Israel están vacunando un promedio de 200,000 personas diario.

Al ritmo de vacunación que vamos, nos tomaría 7.5 años aplicar la primera dosis a toda la población del país. No creo que sea motivo de tanta celebración por parte de las autoridades.

He visto como los presidentes y primeros ministros de diversos países se han vacunado junto con sus connacionales. En el caso de Israel el primer ministro, Benjamín Netanyahu, fue el primero en vacunarse del país, en un acto público y televisado. En Chile, el presidente Sebastián Piñera se vacunó hace unos días, cuando le tocó a su grupo de edad (71 años) según el cronograma de vacunación chilena. En Estados Unidos he visto cómo se vacunó el presidente Biden, pero debo admitir que nunca he sentido tanta vergüenza ajena, a la vez que rabia y frustración, cuando nos hemos enterado que Vizcarra se vacunó a escondidas.

Pero no crean que la historia de las vacunas se haya terminado. Al momento de enviar este artículo al editor, estaba por hacerse público el listado de los funcionarios del Estado que aprovecharon de manera indebida su cargo y se vacunaron a escondidas del pueblo, entre ellos: la canciller, que ya renunció, y dos viceministros de Salud entre varios otros.

Como decía William Wallace en la película Braveheart “Podrán quitarnos la vida, pero jamás nos quitarán la libertad”, a lo que yo agregaría “podrán quitarnos las vacunas, pero jamás nos quitarán la decencia.¨