El Chinchorro peruano

En la actualidad, la armonía construida entre dos pueblos puede ser una consonancia a veces incierta, en especial, si esta nace de un capítulo accidentado en el que las dos partes involucradas estuvieron en conflicto. Es importante siempre tener en cuenta la historia, los procesos y en especial los personajes que construyeron esta armonía, formar una perspectiva centrada siendo críticos, pero no dejarse llevar por emociones exacerbadas que pueden conducir a derribar o dañar todo lo que se ha construido.

El “Chinchorro” ha sido el causal de múltiples roces entre nuestro país y la nación hermana chilena. Se viene viviendo una actitud propositiva por parte del Perú y Chile, gestando un ecosistema favorable a la creación de oportunidades que benefician a ambas naciones.

El fallo de la Corte Internacional de Justicia, sin duda, al mismo tiempo que resolvió un incordio latente, apertura nuevas dimensiones innovadoras a la relación bilateral. Siempre hay que ser optimistas cuando se trata de pueblos que intercambian diversos lazos, como sucede en el caso de Tacna y Arica, concretamente la situación del territorio denominado el “Chinchorro” de 13.5 hectáreas.

Basadre, una figura de motivación

Sabemos que, después de la guerra del pacífico de 1883, la ciudad de Tacna quedó bajo la influencia chilena y durante todo ese transcurso el destino de la ciudad era incierto. El plebiscito era la única salida para reiterar nuestra dignidad post guerra, pero no se había realizado. En palabras de Basadre en ese momento se respiraba un clima de “chilenización” con la apertura de liceos, donde se entonaban himnos chilenos, y la persecución y acoso de antiguos sacerdotes y funcionarios peruanos. Basadre, creciendo en medio de todo este proceso, fue un fiero luchador pro peruanidad en una época en la que esta era casi un crimen. Esto influyó mucho en la valoración que se le da después a Tacna, como la ciudad patriota que es.  Parte de esta lucha lo podemos ver reflejado en sus apuntes de “Infancia en Tacna” en los que señala:

“De niño, el Perú fue para mí, como para muchos, lo soñado, lo esperado, lo profundo, el nexo que unía la lealtad al terruño y al hogar que invasores quisieron cortar, la vaga idea de una historia con sus fulgores y sus numerosas caídas, y la fe en un futuro de liberación”.

Para Basadre cada metro cuadrado recuperado era un elemento valioso, tan significativo como lo que para los peruanos vale tal legado. Es por esta razón que se resalta fuertemente la idea de generar esta vinculación sobre lo luchado por Basadre y el rol que al Perú lo identifica con el Chinchorro. Basadre nos da una lección sobre entender cómo funciona una verdadera armonía dando un auténtico significado a lo que se perdió, pero también a lo que se ganó en un capítulo histórico como el de la guerra del pacífico.

El Chinchorro ¿una oportunidad perdida?

Para Jorge Basadre (1875) el valor del sacrificio se ve reflejado en la siguiente cita:

“Mi padre y mi madre, a diferencia de varios de otros miembros de la familia de aquél, habían decidido que era necesario residir en Tacna, costara lo que costase, dentro de la idea de que el plebiscito ordenado para orientar el destino de la zona alguna vez podía efectuarse (…) Sin embargo, no hubo un acuerdo sobre las condiciones de ese acto de sufragio y la situación se mantuvo durante muchos años indecisa y conflictiva” (p.36)

La razón por la que menciono a Basadre rebasa su figura como excepcional historiador peruano. La cita recoge la experiencia de alguien que vivió en carne propia un proceso de tanto significado como el de la “chilenización”. Y esta razón obedece a otra, que es la de resaltar la gran oportunidad perdida de rendir homenaje a lo que nos pertenece y explotarlo como se debe. La pasividad del estado peruano durante muchos años respecto al Chinchorro ha sido reprensible; y, recordar el peso de la figura de Basadre en el Chinchorro lo hace aún más.

Es importante tener en cuenta figuras importantes en nuestra historia que nos hagan recordar la contundencia y el significado de aquello que nos hemos ganado con tanto sacrificio. Ese es el sentido de la presencia de Basadre en este modesto artículo, una invitación a la reflexión a nuestras autoridades para reenfocar los esfuerzos y no seguir ignorando el gran potencial del Chinchorro peruano.

El Chinchorro hoy

El trayecto hacia el aprovechamiento de este Chinchorro ha sido desganado cuando no displicente. No obstante, las gestiones para promover este espacio como un ámbito cultural y no militar ha sido la priorizado en estos últimos años. Aun así, esto no detuvo una serie de propuestas y comentarios desafortunados que han logrado tensionar las relaciones en esta zona. Hay esfuerzos concretos del Perú que vuelven a poner en el mapa el impacto de este Chinchorro, pero el tiempo determinará de nuevo si existirá, por segunda vez, un clima de pasividad respecto a este terreno adquirido por el ex plebiscitarios. Es menester que, con figuras como las de Jorge Basadre, se reimpulse una vez más una mentalidad que logre hacerse con aquello que no hemos recogido y valorado en el pasado, y así podamos reinventarnos y contagiarnos de sus motivaciones patriotas para lograr darle su lugar a un importante espacio del Perú que tuvimos la osadía de desatender.

Finalmente, sabemos que se ha llevado a cabo un estudio de pre-factibilidad para potenciar el Chinchorro con un museo de sitio, el local del Consulado General del Perú, almacenes y depósitos, espacios deportivos, centro logístico,  entre otros aspectos que remonten las sucesivas «Comisiones» que lo evalúan y estudian pero no resuelven ni ponen en valor este gravitante terreno adquirido por los patrióticos plebiscitarios, cuyos descendientes así como todos los peruanos queremos que luzca productivo, con dignidad, generando rentabilidad, sin subsidios, y, contribuyendo al desarrollo del sur peruano.

Bibliografía