En el País de la Falsedad

Nuestra sociedad se ha hecho tolerante a la falsedad y la mentira. La exaltación del relato en detrimento de la historia, la confianza en las redes sociales como fuente de información, la glorificación de las opiniones que invitaron a prescindir de los argumentos. La gran mayoría no sabemos y no quisimos distinguir entre un hecho y una opinión.

Muchos medios de comunicación, tampoco lo hacen, por el contrario, son corifeos de la enfermedad, y han sido responsables permanentes de esto que nos toca vivir.

Desde que Vizcarra irrumpió en la escena política, valiéndose de la traición a los que lo llevaron en su propia plancha y luego a quienes se interpusieron en su camino,  bien arropado por un grupo de caviares y populistas que se hicieron del poder sin haber ganado las elecciones. Como sociedad  nos empezamos a descomponer, con el aliento de una prensa alquilada y de  modas que pasan desde un leguaje estúpido de “todas y todos”, “peruanos y peruanas” , hasta una exaltación del aborto y la ideología de género a cualquier costo, salpicado de reformas populistas y un gran fracaso moral de la República.

Nos está pasando respecto de ciertos valores morales, así fácilmente hemos aprendido a aceptar la corrupción, la injusticia o la crueldad. La inteligencia humana está siempre seducida por un mayor peligro: Nos estamos habituado a todo. Como autodefensa, nos hemos hecho insensibles. Consideramos normales cosas que posiblemente en otro momento nos pudieran resultar espantosas. Estamos infectados y no queremos darnos cuenta.

La sociedad se ha encanallado.

Hasta las ideologías políticas utilizan el razonamiento para fundamentar sus posiciones, no para intentar alcanzar un conocimiento verdadero. La relación que nuestra cultura tiene con la verdad se aprecia en la importancia que se da a las fakenews, bulos, falsedades, informaciones manipuladas, adoctrinamientos, y en nuestro caso a la encuestitis.  Parece   que lo importante es la aparición de la post verdad, concepto donde se juntan muchas líneas deconstructoras de la verdad; las escépticas, las posmodernas; las manipuladoras entre otras.

Estas posturas eliminan la posibilidad de un pensamiento crítico, que se basa en un concepto de verdad laborioso y humilde: la verificación. Verdad es aquella afirmación que está suficientemente verificada. Lo nuevo es que una falsedad continúa siendo aceptada a sabiendas de que es una falsedad, y se toman decisiones basándose en ella, porque no se considera importante que lo sea. Sucedió en el Brexit y sucedió con Trump. Lo mismo ha sucedido con el tema Lavajato y nuestros asuntos internos. Neerzan Zimmerman sostiene que Hoy día no es importante que la historia sea real. Lo único importante es que la gente haga clic sobre ella. Los hechos están superados. Nos esta pasando con la crisis sanitaria, y ahora con las vacunas Vip.

A la luz de estos últimos hechos algunas cosas han quedado claras, por ejemplo, que no había un generación equivocada, si no una generación embaucada y en algunos casos alquilada.

Que, los gobiernos regionales fueron utilizados como mercenarios de falange, para sostener a un   embaucador populista y caviaron como Vizcarra.

Que, la metodológia maniquea de dividir a la sociedad entre buenos y malos, no trae nunca buenos resultados, no existen los dueños de ninguna superioridad moral, no hay verdades absolutas, solo febriles olas populistas que han llevado al deterioro de los poderes el Estado, que echarle la culpa de todo al congreso y hasta a disolverlo antidemocráticamente jamás será una buena salida. Los poderes el estado y las instituciones deben ser fortalecidas o debilitadas. (aun que estas sean muy malas)

El populismo es malo, y el poder no puede ser ejercido de manera absoluta, por que termina reflejando lo mas abyecto de los seres humanos, o de personajes como Vizcarra.

Que, nos toca vivir un capítulo doloroso y con dimensiones de holocausto, pues no solo se han dispuesto de los bienes del Estado de una manera desmedida, si no que se ha menospreciado y condenado a cientos de miles de peruanos, al sufrimiento de la enfermedad y la muerte.

Está claro también que estas conductas, explican sin mayor debate y apasionamiento el hecho de la incapacidad moral por si misma , ( basta mirar sin apasionamiento a Vizcarra) y él porque era necesario vacar al entonces presidente, que estuvo bien subrogado y que nunca hubo Golpe.

Que, los reclamos de los que enarbolaran el falso golpe solo era oportunista e irresponsable y los reclamos de una generación embaucada  como de  muchos ciudadanos encandilados con el populismo fue una postura errada, y que el único slogan que ahora tiene vigencia es; “el populismo no me representa.”

Este ultimo episodio no es nuevo, no hemos podido aprender, Fujimori también proclamo algo parecido cuando gozaba del apoyo de casi un 80‰ de la población, muchos de los cuales ahora lo detestan y lo combaten, motejo de tradicionales a unos, por tanto de malos;  a otros como pragmáticos, por tanto, de buenos. Hemos tolerado el populismo durante mucho tiempo.

¿Cuál es la solución? Sin duda se debe fortalecer el sistema inmunitario social, sus defensas. Y para eso podría haber métodos eficaces. El castigo “ejemplar” es uno de ellos, siempre y cuando exista un Poder Judicial adecuado y no politizado, independiente fundamentalmente.  El segundo, y el más viable y eficaz es practicar y fomentar el pensamiento crítico. “Criticar” no significa “atacar”, sino separar el polvo de la paja, lo bueno de lo malo, lo estúpido de lo inteligente, lo socialmente aceptable de lo inicuo.  El pensamiento crítico exige un esfuerzo de reflexión. El voto cautico, el voto emocional o el inducido por las encuestas privan al ciudadano y las instituciones de controlar la labor de gobierno. Aun las ideologías no son criterios de verdad, sino que deben ellas mismas someterse al pensamiento crítico.

La situación en la que estamos inmersos actualmente donde la corrupción esta generalizada en todos los estamentos de su administración; el soborno, la extorsión y el tráfico de influencias están a la orden del día por todo el territorio. Ninguna provincia se libra de su influjo. Simplemente es inherente al propio sistema. Los gobernantes ya no están al servicio de sus ciudadanos, ni siquiera de su nación, sino de sus propios intereses, de las grandes corporaciones y los de su estirpe.

Hemos creido en Falsos ídolos, que es otro de los signos que debe llamar nuestra atención. La veneración a los falsos ídolos siempre ha sido sinónimo de una sociedad enferma, carente de valores morales y éticos. Antaño, en la Grecia clásica, los grandes filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles, como tantos otros, fueron los precursores de los valores fundamentales de la ética, de la moral y de la Política. Se enaltecía el arte, la belleza, la música, incluso el deporte como método de cultivar el plano físico de la realidad. Se discutía sobre los modelos de estado social más adecuados, sobre el cómo y el porqué de la vida. Los jóvenes se versaban en las disciplinas relacionadas con el arte, la literatura, la poesía, la pintura y la escultura.

Sin embargo, nuestra sociedad actual considera esas disciplinas como arcaicas y anticuadas, innecesarias en un mundo digital. Los jóvenes se jactan de su carencia de interés por la lectura, disfrutan promoviendo en las redes sociales los momentos más artificiales de su vida, implorando afecto y aceptación exterior mientras su mundo interior se derrumba. Los nuevos modelos sociales son los deportistas, los cocineros, los vigoréxicos o las it girls creadoras de tendencias de consumo. No existen referentes morales ni intelectuales cuya crítica represente una alternativa al statu quo. En realidad, sí que los hay, pero no se les escucha.

Así se explica que estemos pensando o nos quieran hacer pensar que un Ex Arquero sea el más simpático para ser presidente, o un amante pirómano aparezca en los carteles, sin dejar de mencionar a una niña de cara bonita que tiene como único blasón haber gritado por la gran transformación y que ofrezca cambio de constitución.  Solo así se entiende, en plena decadencia que un grosero ex general sea una opción popular, a pesar de ser sindicado como violador o asesino, circunstancias que ni el Botox disimulan. Hay algunos más, pintorescos por doquier como un candidato de Puno, que remueve los escombros del radicalismo, para tapar su lascivia y oportunismo, sin dejar de mencionar a un erudito trujillano que copia, pero no plagea.

De esta manera, nuestra decadencia apela nuevamente a lo que en la vieja Roma se denominaba al famoso Panem y Circenses, o lo que es lo mismo, Pan y Circo. Se trata de una práctica común utilizada por el establishment para aturullar y alienar las conciencias de la masa social. Su principal objetivo es, por un lado, inocular una anestesia generalizada en la población, y por otro, la ocultación de acontecimientos o toma de decisiones proveyendo a las masas de entretenimiento continuo y alimento de subsistencia. Lo que se hace con la complicidad o el servicio de los medios de comunicación.

Sumemos a esto la destrucción de las instituciones, la casi extinta academia, la desaparición de los partidos políticos que son solo cascaras vacías que se llenan de oportunistas y de ídolos de barro, en tiempo de elecciones y con el apoyo de algunas universidades y otros grandes negocios. Nuestra Republica está infectada.

Es hora de aprender la lección. Seamos ciudadanos críticos