Los privados cumplen

Cierto es que tanto el Sector Público como el Sector Privado tienen sus propios roles y nuestra Constitución, con sabia determinación, dispuso que la inversión pública como la privada, estaban sujetas a las mismas reglas, precisando que sólo por ley expresa puede el Estado realizar subsidiariamente actividad empresarial.

La iniciativa del Sector Privado es libre, ejerciéndose dentro del sistema de economía social de mercado, correspondiéndole al Estado orientar el desarrollo del país y actuar principalmente en las áreas de promoción de empleo, salud, educación, seguridad, servicios públicos e infraestructura.

Para cumplir con su rol, el Estado está solventado principalmente por los impuestos y tributos en general que sufraga el sector privado por las operaciones que realiza y por la renta que percibe.

Pese a lo antes señalado, muchas veces al Sector Privado se le exigen otras contribuciones no legisladas, que bajo la denominación genérica de “responsabilidad social” tienen por finalidad ayudar en la construcción principalmente de obras de infraestructura, como son las viales e inclusive obras para mejorar la situación de las poblaciones bajo su campo de influencia por motivación territorial.

Penosamente la actividad privada, es muchas veces agredida desde el Estado, que por exceso de tramitología burocrática le hace la vida imposible, con licencias, permisos y autorizaciones frecuentemente absurdas y con requisitos formales interminables.  Encima, constantemente está sometida a amenazas tanto tributarias como laborales, con pretensiones abusivas y hasta con inspecciones agresivas y generalmente con ánimo sancionador y no colaborador, para subsanar deficiencias que si pueden presentarse.

Lo expuesto sin olvidar que muchas veces se pretender elevar irracionalmente la imposición tributaria y hasta pretender impuestos a la riqueza, cuando la tributación debe ser pagada con renta y no con liquidación de patrimonio.

Pese a todo lo antes señalado, en los momentos más difíciles que afronta el país, como ahora en la pandemia del COVID 19 que nos agobia, se toca las puertas del Sector Privado, el que pese a pagar sus impuestos, apoya solidariamente a la población de su entorno, sigue dando empleo a quienes por la pandemia deben estar recluidos en sus domicilios, asume hasta el alto costo del transporte para importar las vacunas, entrega gratuitamente protectores bucales/nasales así como también oxígeno, dota de respiradores mecánicos a los establecimientos de salud y, hasta entrega en diversas localidades del país plantas para la producción de oxígeno medicinal.

Allí no acaba la cosa, muchas empresas privadas están listas para prestar su apoyo logístico en el transporte nacional de las vacunas, su almacenamiento y también entrega, lo mismo con las ayudas alimentarias o de otra índole. Su personal especializado en comercio exterior ha ayudado en las gestiones de las vacunas y está presto a seguir colaborando.

Tenemos mucho que agradecer a la actividad privada, la que cumpliendo con su rol y solventando los gastos del Estado a través de los impuestos, sigue aportando recursos, esfuerzos humanos y sobre todo solidaridad, sin ser nada de ello su responsabilidad legal, pero aunque si cívica y humana.