La economía, tras los efectos de la pandemia

En el país hemos transitado ya un año de la pandemia del SARS Cov2, que ha traído muerte y desolación al país. No es únicamente, la desgracia cerca de 53 mil muertes por la enfermedad, oficialmente reportadas por el Ministerio de Salud, o ciento cincuenta mil muertes por toda causa, registradas por encima del promedio, a fines de marzo, según el Sistema Nacional de Defunciones. Sino los efectos en la economía. El PBI, cayó en 11,1% y 2,2 millones de peruanos perdieron su empleo, en el 2020[1]. Cifras negativas que son el reflejo de una crisis sanitaria que ha impactado en forma adversa en nuestra economía, y por supuesto en la situación social de los peruanos. La pobreza en el año 2020 indudablemente se ha incrementado, retrocediendo esta condición quizás muchos años.

Si John Maynard Keynes, tras la gran depresión de los años treinta del siglo pasado, en sus responsabilidades de la época, propugnó activar la demanda agregada, impulsando alguno de sus componentes, como el consumo, inversión, gasto de gobierno o dinamizar las exportaciones, hacia el propósito de reactivar la economía, posibilitar el objetivo mayor de pleno empleo, saliendo de la gran depresión y teniendo al Estado como el gran impulsor. Porqué un siglo después, la receta puede ser diferente, están los argumentos. Apostemos por lo que surtió efecto positivo, elevando el gasto y la inversión pública, como un shock, que acelerará el consumo, creando confianza, en forma indirecta potenciará la inversión privada, tras mayor demanda de bienes y servicios, posibilitando también, bajas tasas de interés que abaraten el dinero. Es la prioridad, tras una crisis sin precedentes.

El déficit en infraestructura de todo tipo, debe ser atención principal, conectividad física que dinamiza el empleo, conectividad virtual, que genera valor, en añadido. Cubrir grandes demandas en infraestructura de salud, en educación, en la agricultura, vivienda, creo el cuadro se torna bastante claro de lo que hay que hacer. Tal vez parezcan recetas múltiplemente escuchadas, en teoría, hoy es responsabilidad de hacerlas realidad, sólo permitiéndolo en los próximos cinco años seguidos, daríamos un salto cualitativo en el bienestar de todos los peruanos, y tener la posibilidad de ver un país en crecimiento y desarrollo. Y luego filosofía de la que se quiera, que enriquece el espíritu.            

No desviemos nuestra atención con cantos de sirena, de cambios en la Constitución, que no nos lleva a nada, perdiendo valioso tiempo, quizás nos lleve al pasado, momentos que ya sufrimos, con efectos adversos. Se requiere mirar el futuro, recuperando lo perdido. La abundancia de propuestas, en tiempos electorales, ha tocado tangencialmente el problema económico que vivimos. Tenuemente se ha insinuado la necesidad de dinamizar la demanda con más inversión pública, incentivar la inversión privada, que algunas propuestas ven con ojeriza. Debemos apuntalar el trabajo de las familias, abordando al mismo tiempo, la problemática social latente con mayor consumo, que a su vez disminuye pobreza. No olvidemos que en la última década el crecimiento económico aportó la mayor parte de la reducción de la pobreza. Ese es el camino.    

Así, vamos en esta emergencia que camina a dos años duros. Pienso, en buena voluntad, y en el deseo de potenciar la vacunación de la población, que el virus se debilitará poco a apoco tras el daño causado, dejándonos los muros en pie, pero con grandes necesidades que sólo se disiparán con el esfuerzo de crecer económicamente, aun con sólo su trabajo, los más pobres. La alternativa, como en toda época, no se soluciona con verborrea, sino con la posibilidad de dinamizar la economía. Ilusiones paternalistas no funcionan. Sólo concatenando el capital preservado y el trabajo, que no es mezquino, nos sacará adelante. Tras una guerra, que queda, levantarse y luchar por producir como en el pasado, aquí las ideologías no valen.

[1] INEI Informe de la PBI IV Trimestre 2020, e Informe del Mercado laboral a Nivel Nacional, dic. 2020.