Después de los comicios

La ciudadanía en el país actúa por impulso, por emociones o sentimientos, hemos dejado de ser una población con pensamiento crítico, vivimos en la superficialidad impuesta por los medios y por la desinformación. Nuestros mejores referentes son fantoches de farándula o histriónicos personajes, que además de ser pintorescos, solo están ansiosos de un poder efímero.

Estas elecciones nos han dejado en claro que en el país se han extinguido los partidos políticos, por lo tanto, las adhesiones a los eventuales candidatados son solo circunstanciales, están despojadas de un compromiso, sin una vocación; se establecen en función de una sensación. Casi todos los candidatos son y han sido personajes pintorescos, extraídos de alguna fabula mal contada por los medios y las encuestas, algunos incluso han terminado encarnando sus propias caricaturas: Más allá de alguna que otra idea audaz, no han existido planteamientos sólidos, y la ciudadanía no ha sido capaz de exigirlos. Ha sido una confrontación de insultos y municiones de todo calibre que solo han buscado descalificar a unos y otros, demostrando eso si que vivimos atrapados en el odio.

La única posibilidad de presentar un proyecto serio desde el liberalismo, ha pecado de soberbia desbordante e inacción traumatizante, además de profundizar las ya irreconciliables disputas con sus pares de pensamiento, se ha perdido la ocasión de consolidar una defensa del modelo de la libertad.

La candidata del chavismo ha desplegado todos sus recursos, en una campaña sostenida y costosa(financiada seguramente con dólares venezolanos) pontificando la vieja formula de un progresismo trasnochado, cambio de constitución, que de seguro muchos ni la hemos leído, otra reforma agraria, intervención en la prensa y los medios productivos, aunque su  maquillaje burranquino y de pituquería caviar, acabo pasándole la factura, dejando en el escenario electoral muchos camaradas desesperados por escribir   con lápiz. Propuesta que esta reflejada  con matices más radicales en el opción de Perú Libre.

El escenario electoral fragmentado hasta la ficción, ha sido el seno perfecto para que el chavismo, o mejor dicho el comunismo latinoamericano tenga una segunda ficha, una segunda opción que con la complicidad de las encuestas termino siendo una “sorpresa” teniendo de protagonista a un viejo agitador arropado en el rol de profesor y campesino. (profesor de apariencia, ya que es un viejo sindicalista que hace años goza de la licencia sindical, es decir no trabaja como profesor, aunque su condición de campesino parece ser más auténtica).

La oferta electoral y la campaña han sido por si mismas una inusual experiencia, debido a la crisis del covid 19, prueba de ello es que se ha elegido un Congreso de anónimos agrupada en 10 bancadas en los que resalta como el más votado, también  un nefasto y miserable  personaje de las últimas décadas, por no dejar de mencionar  a cuatro o cinco congresistas de grupo del profesor, sentenciados por terrorismo, Ay!  la elección del parlamento debió ser muy importante y rigurosa, nos hemos acostumbrado a deshonrar este poder del Estado para luego decir que no nos representa. Lo que demuestra que la ciudadanía es cada vez mas permisible a altas dosis de corrupción, que seguro solo es un reflejo de los valores de todos nosotros. (algo en lo que se debe reflexionar profundamente).

Sin quedarnos en estos datos de nuestra democracia siempre adolescente creo que hay una lectura que debe quedar en claro de los resultados de cara a una segunda vuelta.

Lo primero es que la elección de un candidato Radical no es el resultado de una razón ideológica, es el resultado de una manipulación y la desinformación de las encuestas de los medios. Sumada a una reacción emocional que desnuda un Perú cansado y que sigue descartando opciones de su triste oferta política.

No es una mayoría oculta, es la primera minoría que se hace notar, son alrededor de 2 millones 600 mil votos, de un universo electoral de aproximadamente 25 millones de electores hábiles. La mayoría ha sido el ausentismo que denuncia que mas o menos 4 millones cien mil electores no acudieron a expresarse en las ánforas, solo que legalmente no tienen expresión. O los medios no quieren darle importancia.

La corrupción es un tema común de todos los peruanos, no es patrimonio y característica de la derecha o de funcionarios públicos, la izquierda muestra más corrupción que sus oponentes, muchos gobernadores regionales, de izquierda en la cárcel y procesados, el Mismo Sr. Cerrón vicepresidente de Perú libre, esta sentenciado por su responsabilidad como gobernador de Junín. La izquierda es también muy corrupta, pero además radical, con ideas trasnochadas de un ejercicio del poder basado en las ideas de Lenin Marx y Mao.

El modelo económico no se ha agotado ni la gente quiere su cambio, como en la elección anterior, la mayoría voto por opciones que lo defienden. Solo que están expresadas en un voto fragmentado, las opciones no radicales son casi tres veces mayores a la que expresa el Sr Castillo de la izquierda radical. Los votos de la izquierda radical son solo una primera mayoría. Son mas los peruanos que no votaron, representan un 29 % de los electores hábiles.

Es falso que la Izquierda no gobernó el país, lo hizo Velazco, con el desastre económico que represento, lo volvió a experimentar Alan García, con la mayor inflación como resultado, lo hizo Toledo y lo volvió a hacer  Humala, y siempre lo ha hecho aun sin haber sido elegida ,con personajes como Vizcarra, o como Sagasti, sin mencionar a ministros como Zamora y Castillo en Salud, Flor Pablo en educación, para terminar  por mencionar a consultores como el patético  Matuk, o el genio de Campodónico que firmo la refinería de Talara. La Izquierda si gobernó y deterioro el sistema.  

Maduro y el chavismo tenían dos candidatos una fue derrotada por caviar (desayunos con cuyes y huacatay) mientras el otro estaba agazapado entre las encuestas y la estupidez.

Queda finalmente preguntarse, ¿para que queremos elegir un gobierno?, en la vorágine de la elección de presidente y Congreso, no nos detenemos a hacernos una pregunta esencial: ¿Por qué necesitamos un gobierno?  Fundamentalmente es para corregir dos sesgos del ser humano que han sido ampliamente estudiados: el cortoplacismo y el individualismo.

El primer problema a la hora de tomar decisiones es elegir entre el presente y el futuro: los seres humanos somos cortoplacistas. Si se le pregunta a una persona si prefiere recibir mil dólares hoy, o mil cien en un mes, la mayoría elegirá los mil de hoy, aun cuando si esperase treinta días recibiría 100 veces más en el futuro. El segundo sesgo del ser humano a la hora de tomar decisiones es considerar el bienestar de los otros, la gran mayoría rara vez piensa en cómo sus acciones impactan al resto de la sociedad: los seres humanos solemos ser egoístas. Los venezolanos eligieron a Chávez bajo la promesa de un paraíso comunista, al cabo de un tiempo es un infierno socialista; corto plazo y egoísmo.

El gobierno existe para compensar estos “malos comportamientos” individuales: en teoría, es el único ente social que está en la obligación de pensar en el beneficio de todos y que, por su naturaleza no mortal, puede tomar decisiones de largo plazo. Pensemos por un momento en todas las acciones que toma un gobierno: leyes, subsidios o incentivos, todas de alguna manera pueden ser vistas como formas de compensar esas dos conductas: las leyes contra la contaminación, para limitar el consumo de cigarrillo o la tenencia de armas, así como imponer límites de velocidad en la carretera, el cobro de impuestos, la inversión en servicios públicos, la obligación de contribuir a un sistema de pensiones son todas herramientas para obligar al ser humano a pensar en el futuro y en los otros miembros de la sociedad.

Habrá quienes digan que muchas veces los gobiernos cometen los mismos errores que los individuos. Es cierto. El mundo está plagado de ejemplos de gobiernos beneficiando a grupos particulares y no al conjunto, así como tomando decisiones cortoplacistas, pensando en ganar elecciones o acumular poder y no en lo que es mejor para el futuro de un país. Habrá también quienes afirmen que los individuos pueden cooperar sin la intervención del gobierno.

¿Por qué es importante que un gobierno busque el beneficio colectivo y que prepare al país para el futuro? Pues porque cuando hace las cosas bien, es una fuerza enorme para incentivar el progreso y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Jonathan Tepperman en su libro The Fix narra el caso de diez países que han tenido éxito en resolver distintos desafíos: pobreza, corrupción, terrorismo, guerras civiles, inmigración. Detrás de cada uno de estas historias hubo un gobierno (y gobernantes) que tomaron decisiones complejas y corrigieron decisiones individuales equivocadas.

Elegir un gobierno es más que ir a las urnas: es la posibilidad de pensar qué tipo de país queremos y de encontrar nuevas formas de cooperación entre ciudadanos. Ojalá llegue el día en que seamos capaces de tomar decisiones pensando en el futuro y en los demás. Sin embargo, hasta que ese día llegue, el gobierno seguirá siendo una herramienta necesaria para resolver problemas que escapan a la capacidad de los individuos. Esa es la razón por la que debemos votar con capacidad crítica, esa es la razón por la debemos informarnos sobre los planes de cada candidato, y esa es la razón por la cual debemos asegurarnos que esos funcionarios públicos —sean quienes sean— rindan cuentas una vez elegidos y se sometan a las reglas del estado de derecho y la regulación del poder.