¡¿Comunismo en el Perú?! ¿Cuál de ellos?

No hay un solo marxismo, eso lo piensan solo los fanáticos. Hay varios, como veremos. Por mi parte, las pocas veces que he tenido una militancia política ha sido el elegir al ingresar en San Marcos. Era imposible dejar de tener una doctrina y preferí ser comunista que aprista o liberal. Ser comunista, en la conservadora Lima de entonces, era una suerte de sacrificio. Por las urnas no llegaríamos al poder. Pero no nos habitaba la libido dominandi. A la juventud comunista no se entraba, te llamaban. Reclutaban a los mejores, tanto por los estudios como por la moral personal. Éramos pocos, la gran mayoría eran jóvenes apristas, o los indiferentes de siempre. Éramos pocos pero una élite, perdón por decirlo. Fernando Fuenzalida, Carlos Franco, Alfonso Barrantes que dejó el aprismo, el brillante Schreiber, el chino Chang que murió al lado del Che Guevara. Curiosamente, había más hijos de grandes familias que de obreros y trabajadores. Pensándolo bien, no sabíamos bien qué pasaba en Rusia. Lo que nos interesaba era lograr una revolución peruana. Éramos muy jóvenes, pero teníamos la convicción de que el Perú no saldría de otra manera del pozo de pobreza y la dominación de la oligarquía de entonces. ¡Cómo íbamos a imaginar que los militares iban a realizar una reforma agraria!

Fui marxista un buen rato, los estudios que hice en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París me descubrieron lo que Karl Marx no había previsto. Marx muere en 1883, y no vio las transformaciones producidas por la revolución industrial, el pauperismo de los obreros se transforma en mejores salarios, y la aparición de un tipo de marxistas socialdemócratas, en Alemania. Dejé pues de ser marxista cuando visité a la URSS. Fui como profesor y con mis alumnos franceses, por los años 70, y me asombré tristemente por el retraso de la sociedad soviética. Y la distancia social de la nomenklatura. Es palabra rusa. En el pueblo, los llamaron apparatchiks, es decir, burócratas de la buena vida. En los países marxistas-leninistas de la URSS y los países satélites —Polonia, países bálticos— nunca hubo igualdad de clases.

Volvamos sobre nuestros días. Enfrentemos el túnel que nos está llevando a un error colosal. Y antes de abordar la posibilidad del comunismo en nuestro país —eso que pregonan tanto el candidato presidencial Pedro Castillo como Vladimir Cerrón— para que el lector no piense que se me ocurre algo ideológico, he acudido a esa máquina formidable que se llama Google, en internet. Hice pues  una simple pregunta, la siguiente: ¿cuántos son los países comunistas en la actualidad? La respuesta fue inmediata: «Los únicos que quedan son 5 países comunistas». Cuba, Corea del Norte, Vietnam y Laos.

Y por supuesto China actual. Lo dejaremos para el final. El gran Mao Zedong muere en 1970.  Y deja un país potente y la vez pobre y rural. (Conocí la China de Mao, junto con Raúl Vargas, invitados.) Pero China ha cambiado enormemente. Los sucesores de Mao, comenzando por Den Xiaoping, en los años 80, hasta el presidente actual Xi Jinping, han conseguido que «el país pobre y rural» se convierta en una superpotencia mundial. No fue de inmediato, ¡tres décadas! Y así, «850 millones de chinos salieron de la pobreza gracias a las reformas». Lo dice el Banco Mundial. Una transformación de ese rango no se explica fácilmente. Hoy la academia planetaria tiene una definición: China, el nuevo capitalismo de Estado. Volveremos sobre esa mutación que hace del Asia el competidor de Occidente. Sin embargo conviene que se sepa que si progresaron, es porque dejaron de lado «el todo Estado» que es la ideología de nuestros comunistas peruanos. Ellos solo conocen Cuba. Los neocomunistas que han emergido en estas elecciones no examinan por qué los mismos rusos dejaron lo que había comenzado en 1917.  Aquí se piensa a la peruana, se arropan con el pensamiento mágico. La utopía. Y el rapidito nomás.

Pero sigamos, hechos reales y no blablablá. De los cinco, dos países asiáticos comunistas, Vietnam y Laos. Estoy seguro que el amable lector no se ha olvidado del Vietnam rebelde que le paró los machos a los Estados Unidos. Aquella fue la sola guerra que han perdido los norteamericanos. Ahora bien, hace más de 40 años que un Partido Comunista dirige Vietnam. Sin embargo el país de Ho Chi Minh a partir de 1986 se abre a la economía de mercado.  O  sea, dejan de lado el modelo soviético, mucho antes del colapso de la Rusia leninista (justo ese sistema que nos propone Perú Libre). Además en el 2007, Vietnam entra en la Organización Mundial del Comercio (OMC). O sea, adiós marxismo-leninismo.

En cuanto a Laos, pequeño país al lado de Birmania, excolonia francesa, se convierte en comunista en los finales de 1975, y «después de 43 años de régimen comunista, Laos es uno de los países más pobres del Asia», dice nuestra fuente. «El partido Popular Revolucionario tiene el poder militar y político, controla los tribunales y los medios de comunicación». Pero también abandona el modelo «todo para el Estado». (Eso que nos proponen en Perú.) Y según internet, «en 1986 deciden liberar la economía».  Y cómo otros países comunistas, incluyendo China, entran, desde el 2013, a la OMC. Menos mal porque se le conoce como el país cuya población al 77,2%  vive con menos de tres dólares al día. Y según el PNUD, en el 2017, «casi un tercio de los niños de menos de cinco años sufren de malnutrición».

Nos queda un país asiático, Corea del Norte. Sus habitantes aislados del mundo (de repente, en la mentalidad de algunos peruanos, es la meta paradisiaca). Corea del Norte es mucho más desdichada que los otros países comunistas. En 1990 hubo una hambruna «que dejó entre 900 mil y dos millones de muertos». Además de eso, Corea del Norte es una dinastía. En 1948 Kim II-Sung funda la República Popular Democrática. En el 2002, Kim Jong-il lo vuelve el país más militarizado del mundo. Pero una vez más, el régimen se modifica. En el 2009, en su constitución, «se suprime la referencia comunista y se proclama la supremacía del kimilsunismo». O sea, una dinastía. Otro, Kim Jong-un, se convierte, en el 2009, en el tercer dirigente de la dinastía Kim. Y según Amnistía Internacional, «hay 120 mil personas detenidas en campos para presos políticos». Corea del Norte, nadie entra ni nadie sale.

En cuanto a Cuba, la conozco. Cuando Velasco, yo era uno de los directores de Difusión del SINAMOS y viajé una infinidad de veces a La Habana. Además, había ganado un premio de la Casa de las Américas, con un libro que recogía la vida de un líder campesino. El libro se titula, Saturnino Huillca, habla un campesino peruano. Lo tradujeron a siete lenguas. Era la belle époque de Cuba. En plena Guerra Fría, la necesitaba la URSS geopolíticamente. Cuba podía amenazar a los Estados Unidos. Eso acaso frenó la posibilidad de una III Guerra Mundial. Y es así como consigue el apoyo del tío Iván —o sea la URSS de esa época—, el 90% del presupuesto del Estado cubano corría a cuenta de Moscú. Pero también han echado la toalla. Hoy hacen esfuerzos para volver a una economía privada. No pudiendo que les resuelva sus problemas el Estado, se autoriza, desde el 2011, comprar o vender sus viviendas, y también se han levantado las restricciones que impedían a los cubanos viajar al extranjero. Incluso Raúl Castro, el hermano de Fidel, también ha favorecido con las actividades privadas antes de dejar su cargo. Desde el 2014, «en la nueva Constitución se reconoce el mercado, y la propiedad privada».

En suma, el motor de toda economía es el mercado. Los rusos, pueblo culto dado a la ciencias y las matemáticas, intentó con millares de sabios reemplazar la dinámica espontánea del mercado mediante la planificación del Estado-Partido. Y es eso lo que ha hundido a la Rusia anticapitalista y a los 5 países que hemos resumido. Y entonces viene la pregunta esencial: ¿por qué el señor Vladimir Cerrón Rojas, médico y magister en neurociencias, propone «un nuevo régimen económico de Estado»? Eso no es economía, es la preparación de un despotismo que no logrará nunca salvarnos de la pobreza. En todos los países comunistas nadie ha salido de la pobreza. He leído el ideario y Programa del señor Castillo. En particular, el capítulo III. Él repite la palabra «mercado» pero no quiere que el gran capital transnacional intervenga. Al revés de la China comunista. Ellos progresan. Nosotros vamos a retroceder.

He leído minuciosamente su Programa. Repite «no estamos en contra de la empresa privada». Pero ahí dice: «toda empresa peruana debe ser formalizada para su mejor desarrollo» —y fíjese, amable lector— «e inserción al Estado». ¿Qué es eso? «Formalizar». Ya veo lo que significa, van a imponer eso que los 5 países que eran comunistas tipo soviético están haciendo lo imposible por dejar, salirse de ese sistema trasnochado. Algo peor, la economía no les importa, es el poder. A eso Jorge Basadre lo llamó el «sultanismo». Y harán negocios. ¿Están acostumbrados, no es cierto?

En  China, sabe usted, amable lector, no solo tienen millonarios sino multimillonarios. Los Estados Unidos tienen el mayor número (unos 439) pero también se lucen 324 multimillonarios chinos, según la revista Forbes. ¿Cómo llegaron a eso? Sencillamente, exactamente al revés de lo que propone el partido Perú Libre. Hoy se dice que China es el taller del mundo. ¿Sabe usted que la China actual, con Estado-Partido y economía de mercado, desde 2009, es el primer productor mundial de automóviles? Y a diferencia del partido Perú Libre, sobre su territorio, innumerables empresas extranjeras.

¿Qué es lo que está pasando? A diferencia de países que se encierran (es el caso de  Corea del Norte y acaso el Perú que viene), China se aprovecha de la internacionalidad. Desde 2009 ya había más de 13 mil empresas instaladas en 180 países. En fin, ¿cómo entender esa combinación de economía liberal y un partido de 88 millones de miembros? Esa modernización hay que explicarla. Para el próximo viernes.

Por el momento, Perú Libre propone un curioso comunismo primitivo. Sus teóricos están lejos de lo que pasa en otras naciones que se dicen comunistas. Los 5 países mencionados no detestan el capitalismo, cabalgan sobre él. Y por eso salen de la pobreza. Aquí, todos serán pobres, por unos cuantos decenios. Luego, los descendientes van a maldecir de los abuelos que fueron tan ingénuos de caer en una trampa que de no haber la pandemia, los resultados electorales serían distintos. Hoy buscamos caminos para llegar a un sistema a favor del pueblo. Tal vez, pero con Estado social —no socialista— sino moderno y empresas privadas y públicas. Y eso no es el neocomunismo, más bien conservadorismo y con temor a la modernidad.  No quieren la ciencia que la ven occidental. Qué error. China, Japón y la India prosperan porque toman el saber, que hoy es mundial, sin por eso perder su identidad.

* Tomado del Blog de Hugo Neira. Reproducido con autorización de autor