El totalitarismo progresista, en defensa de la libertad

Corren tiempos de gran crispación en el entorno político de nuestro país, cuyos dominios han invadido la totalidad de nuestra sociedad, supuestamente civilizada y Democrática. No es poco común ser testigo de discusiones «subiditas de tono» – y no de la buena forma de la expresión – en redes sociales, tertulias televisivas e incluso en la intimidad de las discusiones familiares, muy restringidas por la pandemia. En dichas conversaciones se exponen ideas sustentadas en argumentos pobres – llámenles falacias, si gustan – y faltos de crítica y análisis propios de seres inteligentes y con un mínimo de Cultura. Esta situación ahora mencionada es, en realidad, el mejor escenario en el ámbito de discusiones políticas. El peor se da cuando estos argumentos pierden su credibilidad y son sustituidos por insultos, blasfemias y demás falacias ad hominem. Tenemos, pues, la crispación total de la sociedad, que divide amigos y familiares. ¿Quién es, pues, el causante, el propulsor de esta situación?

Es muy frecuente, frecuentísimo, que en las conversaciones y debates acerca de la problemática social, de la política y de la economía, haya quienes recurran a etiquetar, a tildar de “nazis” o “fachos” “terruqueador” a quienes osan cuestionar, o se oponen a quienes se hacen llamar “de izquierdas”, es un recurso propagandístico muy manoseado por parte de los seguidores del marxismo en general, desde que el mismo empezó a dar sus primeros pasos; la intención, obviamente, es descalificar, inmovilizar, aislar, condenar al ostracismo a quienes se muestran insumisos, a quienes no se pliegan a sus dictados, y más a quienes osan poner en duda su supuesta “superioridad moral”.

Los discursos del odio, por supuesto. Formaciones políticas, así como medios de comunicación, que traen consigo prédicas cuyo único fin es el colapso de la convivencia y la posterior destrucción de la diversidad ética, moral, Cultural y política del país. No es necesario nombrar a los organismos que dedican su labor social en cometer este ultraje a la democracia, mas todos sabemos de quién se trata. Podemos verlos insultando a personajes, periodistas, actores sociales, etc., acampando frente a las casas de algunos (como en el caso de Beto Ortiz), o pidiendo la muerte de alguna candidata, o quemando muñecos con una foto impresa de los rostros de quienes les resulta incomodos. Son los súbditos de aquellos que instan a derrocar el modelo económico y hasta el mismísimo régimen democrático, al grito de nueva constitución. Se trata de los mismos liberticidas que, mediante el libertinaje político, infestan de odio nuestra sociedad que tanto ha sufrido las consecuencias de éste mismo.

Resulta curioso – y es indignante -, que estos totalitarios sean los autoproclamados abanderados de la libertad. ¿Qué libertad, señores? ¿La libertad de odiar al disidente? ¿La libertad de no aceptar los resultados de unas elecciones democráticas? ¿La libertad de insultar a quienes se opongan a esto? Antes que nada, recapaciten y denle un repaso a su concepto de libertad; por el contrario, hagan y digan ustedes cuanto quieran, más nos tendrán, a los demócratas, a los hijos de la Fraternidad y la libertad, delante.

Pese a que la propaganda izquierdista diga lo contrario, el fascismo, el nazismo y el marxismo-leninismo poseen las mismas bases filosóficas, todas estas ideologías son igualmente liberticidas, intervencionistas, colectivistas, totalitarias. Tanto la doctrina fascista como la nacionalsocialista, no están nada lejos del marxismo-leninismo, muy al contrario, guardan íntimas afinidades y semejanzas, poseen las mismas, idénticas raíces.

Los regímenes totalitarios –lo mismo da que sea el modelo nazi-fascista que el marxista-leninista- no conceden a las personas ningún derecho frente a la colectividad, todos ellos pretenden que los ciudadanos estén sujetos al Estado omnipotente, omnipresente.

El Estado socialista (sea el “estado nacional-socialista”, el “estado socialista marxista-leninista”, sea el “estado corporativista-fascista” siguiendo el modelo mussoliniano…) invade todas las áreas de la actividad humana –pretende imponer su presencia en todos los ámbitos- a la vez que limita la libertad individual. El Estado es entendido como lo principal y las personas apenas como lo accesorio, que sólo vale en cuanto se “des-individualiza” y se somete a lo colectivo. En cualquier clase de “estado socialista”, que habría que llamar sin tapujos “dictadura”, la persona carece de autonomía, y su dignidad es aplastada por el Estado, para que ésta pueda cumplir con las obligaciones que la comunidad le exige; lo importante para el Estado es cumplir sus objetivos (los objetivos que ha programado la vanguardia revolucionaria, los nuevos gestores de la moral colectiva) sea como sea, no importan los medios, aunque los “medios” sean personas a las que se les ha arrebatado su dignidad como tales. Veamos a continuación algunas características que corroboran las coincidencias de ambos tipos de regímenes políticos, del marxista-leninista y del nazi-fascista:

– Ninguno de los dos sistemas reconoce derechos individuales superiores al Estado. El Estado absoluto absorbe todas las libertades fundamentales.

– Ambas ideologías promueven una forma de “estadolatría”, promueven una especie de “Dios-Estado” a este se sacrifican los derechos individuales y las libertades fundamentales.

– El poder del Estado, además de absoluto, es ilimitado. Los órganos de gobierno, la burocracia estatal, la administración del Estado, están caracterizados por una completa arbitrariedad, sus competencias apenas están reguladas por norma legal de ninguna clase; todo lo contrario que el Estado de Derecho. Sin tribunal constitucional, ni otros organismos reguladores

– En estos regímenes no existen “grupos intermedios” con autonomía legítima, y transforman a todo organismo empresarial o laboral en instrumento del régimen totalitario (el fascismo lo hizo con las corporaciones manejadas por el Estado y el nazismo a través del Frente Obrero Alemán, de modo análogo al de los soviets en la URSS.)

– Régimen de partido único sin oposición política. Tanto en el Tercer Reich como en la Dictadura del Proletariado, teniendo al frente un Presidium, o al Duce o al Führer, se combate a sangre y fuego toda eventual forma de organización que no se someta al dogma oficial.

– Gobierno “de fuerza”, todo lo contrario de los “gobiernos de opinión” que son aquellos que se apoyan en el consentimiento de la población libremente expresado. El nazi-fascismo y el marxismo-leninismo promovieron un verdadero culto a la violencia sin detenerse ante ley divina, natural o humana. Sin escrúpulos de ningún tipo, aplicaron los más brutales métodos de acción.

– Se basan en alguna clase de mito o de ficción. Así sucede con la “liberación del proletariado” en el marxismo; o la supuesta superioridad de la raza aria en el nazismo; o la idea exacerbada de nación en el fascismo mussoliniano.

– Militancia atea del Estado-gobierno-partido con profunda hostilidad hacia las religiones en general y la confesión mayoritaria de la nación de que se trate, en particular. Aplicación de lo dicho por Lenin: “Dios es el enemigo personal de la sociedad comunista” (‘Carta a Gorki’, dic.1913, Le marxisme-leninisme, J.Ousset, p.132). Hitler dijo: “No queremos más Dios que Alemania” (Bayrischer Kurier, del 25 de mayo de 1923). Por todo lo expuesto debe rechazarse esa falsa antinomia que la propaganda marxista pretende imponer como cierta. Quien defiende los principios y valores propios de la Civilización Occidental debe de tener una clara y rotunda actitud anti totalitaria, anti colectivista, y -si se aspira a ser coherente y consecuente- debe uno definirse, tanto anticomunista y amante de la libertad.

El Marxismo-leninismo son las fauces de la misma fiera totalitaria y liberticida.

 

Fuente.- CARLOS AURELIO CALDITO AUNION