Keiko gana terreno poco a poco

El periodista español Román Cendoya, experto en las elecciones democráticas latinoamericanas, que ha observado por tres décadas, decía en abril del 2021 que los peruanos demócratas no nos habíamos dado cuenta de cómo el comunismo peruano, con ayuda extranjera, se había instalado en distintas organizaciones como sendero luminoso, Movadef, Sutep, y otras. Al mismo tiempo, José Luis Gil Becerra, un experto en trabajos de inteligencia en el Perú, detalló en la televisión como esa red de marxistas leninistas habían organizado todo para ganar las elecciones en la lista encabezada por Pedro Castillo, que no dudaría una vez en el poder de llamar a la revolución y de quitarse de encima a aquellos que lo habían aupado pero que preferían continuar con el sistema democrático. Gil Becerra afirmaba que la derecha había dejado hacer a la izquierda por haraganería, inactividad y falta de ganas de trabajar.

Una vez señalados los dos candidatos a la segunda vuelta, la derecha se dispuso a apoyar a Keiko Fujimori. César Hildebrand había escrito en su revista que prefería cinco años con Keiko que cincuenta con Castillo. Como habían dicho Centoya y Gil Becerra la elección era entre el Perú y el comunismo. Los factores más sólidos de la sociedad peruana son la familia, la identidad peruana, la cultura cristiana, la vocación democrática. Estos factores se debilitaron mucho en las últimas décadas -con Toledo, Humala, Vizcarra, fundamentalmente- y por la acción soterrada del marxismo en la población más pobre, especialmente en el sur del Perú.

 La Confiep, que representa a los principales sectores de empresarios, y el CADE, que es un recinto de diálogo anual entre empresarios y el gobierno de turno, han tenido sus momentos de iluminación pero ahora más bien sufren un tiempo de oscuridad. Hay que dejar constancia, sin embargo, que la Confiep y algunas empresas se han esmerado en colaborar con el pueblo para  paliar los dolores de la pandemia, ya se donando equipos al estado ya sea asumiendo los gastos de sus trabajadores enfermos.

El aparato productivo peruano estaba batiéndose con las normas restrictivas de la pandemia, para sobrevivir. Los empresarios no tenían ni tiempo ni fuerza para dedicar su inteligencia a estudiar los peligros que la sociedad peruana sufría con la callada pero eficiente organización marxista en el país, especialmente en el sur. Donde hay minas hay sindicatos preparados para hacer huelgas. Y no solo en las minas.  La primera huelga se llevó a cabo en el sur de Lima, con motivo de la ley agraria, que Vizcarra tuvo que derogar, a pesar de que había sido muy eficiente. El bloqueo de carreteras condujo a millonarias pérdidas a los agricultores, que enviaban sus cosechas al extranjero. El gobierno fue incapaz de distinguir entre paralización de labores de los huelguistas con el derecho a la libre circulación, que los huelguistas no tienen derecho a conculcar.

Los sectores A, B y C votarán masivamente por Keiko. Los sectores D y E lo harán por Pedro Castillo. A esos sectores se les debe hablar de obras en los pueblos y aldeas, como había hecho Alberto  Fujimori. Es la oferta local la que impacta.