Por una migración segura, ordenada y regular

Por una migración segura, ordenada y regular, lo señala el Pacto Mundial para las Migraciones, es un objetivo supremo en el cual estamos comprometidos, no interesa si es en singular, ¿por qué? Porque el Perú es un país de migrantes, por lo siglos de los siglos, lo fue y será, porque es una posibilidad de mejorar las condiciones de vida. Internamente, una quinta parte de la población del país, reside en una región distinta a la que nació, emigraron, así también, un tercio de los peruanos viven permanentemente en un distrito que no los vio nacer. Un diez por ciento de la población peruana reside en el exterior. De allí se deriva esta reflexión, que busca mostrar argumentos que eliminen la discriminación y xenofobia, aun persistente, hacia los migrantes internos e internacionales. Proponiendo, una mirada reflexiva frente a una realidad que de diferente manera nos involucra, nos envuelve.

El Perú, como muchos países de América Latina y el Caribe, es un espacio ampliamente involucrado en la migración internacional. En los últimos cinco siglos los procesos migratorios de ida y de venida han marcado nuestro destino, nuestro derrotero y posibilidades futuras. En el Perú, estimo, mayoritariamente, se respeta y valora la migración de la población. Sabemos que es una posibilidad que va de la mano con el progreso de los pueblos.

Dentro de nuestras fronteras se ha sentido el flujo de la inmigración, se ha asimilado lo valioso que trae consigo, la riqueza que fluye con ella, y, vivimos el rigor de ver parte de nuestra población que ha trasuntado el espacio nacional y tener un acervo de nuestra población residiendo en otras latitudes, aportando lo suyo. Inmigración y emigración han marcado la huella de nuestro pasado, de nuestro presente y seguro marcará nuestro futuro.

El reto es conocer y reconocer las potencialidades y debilidades de dicho proceso. El Perú exhibe, como ejemplo, el tener un acervo de más de tres millones de peruanos que forjaron su residencia en otras latitudes y ha tenido la grandeza de acoger cerca de un millón de pobladores de otras nacionalidades viviendo en nuestro territorio, la mayor parte, pobladores venezolanos.

Las políticas públicas han sabido adaptarse y ser flexibles a los cambios resientes, y haber posibilitado dar cabida sin sobresaltos los flujos de una inmigración, muchas veces forzada, de miles de pobladores empujados por la crisis, que en su momento afectaron por igual a muchos peruanos, que dejaron el hogar y sus propiedades, en la búsqueda de mejor vivir. Vivimos un auge de una migración laboral, que sólo se debilitará con crecimiento y desarrollo.

El Perú tiene una Política Nacional Migratoria, aprobada por el Estado, cuyo objetivo es garantizar el respeto y protección de los derechos de las personas migrantes promoviendo la igualdad, la equidad, la inclusión, la integración y la observancia de la seguridad nacional, a través de una eficiente gestión integral del proceso migratorio que articule al Estado y la sociedad, acorde a las necesidades, intereses y expectativas de la población migrante y sus familiares.

Esta política tiene cuatro ejes de trabajo: peruanos con intención de migrar, especialmente los más jóvenes. Peruanos en el exterior, importante diáspora peruana de más de tres millones de compatriotas fuera de nuestras fronteras. Extranjeros en el Perú, y peruanos retornantes, cuyas posibilidades de regreso y reinserción al país están latentes, a la espera de las acciones de un Estado que promueva el retorno de miles de peruanos, que agregarán valor a nuestro desarrollo. La evidencia en este proceso es trascendente, las políticas públicas poco pueden hacer sin una visión real de lo que acontece, y esa misión de tener información integral, consistente, persistente que refleje científicamente una realidad que tiene múltiples dimensiones, imposible de soslayar.

Como todos conocemos la migración internacional, en su mayor parte, es una migración de carácter laboral. Los países receptores ganan fuerza de trabajo, elevan su productividad en la medida que asimilan también mano de obra calificada, muchos migrantes, como los peruanos que residen en el mundo en buena parte son profesionales y técnicos, incluso los inmigrantes venezolanos, en cerca de la mitad de ellos tienen estudios universitarios y técnicos. Que bien pueden ser direccionados incluso a los sectores o regiones donde las brechas de tener trabajadores calificados muestran déficits. El país receptor asimila los gastos de consumo de las familias inmigrantes en alimento, vivienda, salud, educación, servicios básicos, como una forma de agregar riqueza.

Los trabajadores migrantes, con el esfuerzo de su trabajo también remesan recursos a sus familias en los países de origen, lo cual tiene un impacto positivo en las condiciones de vida de dichas familias. En el caso peruano, el flujo de remesas bordea los 3 mil millones de dólares anuales, cerca del 1,5% del PBI peruano, que ha permitido que las familias de los migrantes peruanos tengan condiciones de vida superiores al promedio nacional, y esto abona a la disminución de la pobreza. Por todo ello, miremos los procesos migratorios como una oportunidad frente a la desgracia y las crisis, pero seamos conscientes que esta debe ser segura, ordenada y regular, como lo propugna el pacto mundial para las migraciones.