La historia del derecho en el contexto del bicentenario

Relievar la historia del derecho en 200 años de independencia es, por decir lo menos, una labor que debe ser materia de reflexión y análisis por la interpretación que se puede desprender y enaltecer para todos los aquí presentes, pero que también nos exige meditar sobre lo que vislumbramos en el futuro.

Examinar la historia, involucra explorar y entender los fenómenos políticos sociales y culturales que se presentan en nuestro contexto principal, puesto que mirar al pasado es fundamental para analizar nuestro presente.

Por ello, los cronistas que han servido para dicho entendimiento de 200 años de relatos y análisis y más, se vuelven fuentes de información e interpretación que permiten profundizar en los hitos más relevantes de nuestra existencia republicana.

La principal función de esta noble profesión, no se limita a relatar el pasado, sino que también exige un análisis cuidadoso y minucioso, a través de herramientas comparativas y del estudio constante, de aquellos fenómenos sociales que cambiaron el curso de la cotidianidad y, sobre todo, la capacidad de cada historiógrafo por saber transmitir estas ideas y resultados de manera veraz, convincente y eficaz para la comunidad académica y al público en general.

Es importante recalcar la esencial dimensión que presenta la historia del derecho como una fuente inagotable que contribuye con la descripción del acontecer nacional. La legitimidad de los actos y acciones vigentes en el Perú actual, tanto a nivel legal como político, incluida la jurisprudencia y la costumbre, tiene una fuerte incidencia en cómo la historia jurídica ha moldeado a nuestro País. Los anales históricos de las normas, entonces, nos permiten explorar cómo ha evolucionado el derecho y la sociedad, cómo se han reconocido derechos, cómo se ha ido perfeccionando nuestra forma de estructurar al Estado, servir a sus ciudadanos y su gobernabilidad, así como hacia dónde nos dirigimos, esto es, el destino nacional que anhelamos.

No es inusual entonces, que incluso, las constituciones suelen ser tomadas como punto de propuesta en algunos candidatos, lo que permite entender y explicar que la historia aún juega un punto importante en las relaciones políticas y en la vida de los candidatos. Esto se expresa también, a través de los ciudadanos quienes comulgan con estos postulados, refrendando que el pasado muestra más de lo que aparenta, a la par que revela axiomas conductuales y a la vez confirma tradiciones, sentimientos, simpatías entre nuestras poblaciones, sean estas andinas, costeñas o del oriente, ya que provenimos de un mestizaje esencial que es nuestra matriz identitaria.

Hay mucho que entender aún sobre nuestra perspectiva y dirección como sociedad, debido a que este largo viaje de tantos años de independencia, no hace más que empezar. En este contexto, se vuelve también fundamental rememorar la valiente y heroica actuación de aquellos peruanos que fueron parte de la independencia del Perú. Tal es así, que el historiador Teodoro Hampe compartió la idea de que la “Revolución de Cusco” del año 1814, sea el hito de la celebración del Bicentenario, debido a que esta se considera una de las primeras campañas que inició el proceso de independencia y sirvió de inspiración que movilizó a los peruanos a conseguir la emancipación de la corona española.

No podría terminar este breve artículo, no sin antes resaltar brevemente la labor de diversos catedráticos de historia del derecho de la facultad de dicha ciencia jurídica, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), como Jorge Basadre en la visión integral de la esencia de la República y sus promesas y desafíos; el aporte de Ella Dunbar Temple como la primera mujer peruana que ocupó una cátedra universitaria, así como todos sus aportes a través de los libros que ella pudo redactar en sus años de vida a la vez que resaltar su obtención del Premio Nacional de Historia en 1946, el que le fue otorgado por su resaltante trayectoria; aquella férrea y contundente defensa sustentada por Víctor Manuel Maúrtua en el arbitraje entre el Perú y Bolivia, quien en aplicación de las normas y principios del derecho internacional y en base a títulos históricos, pudo conseguir una sentencia favorable a los intereses del Perú, el cual, propició la culminación de la controversia limítrofe entre ambos países en 1909 a través del tratado Polo-Bustamante; y, por supuesto, a Ugarte del Pino en su inagotable aporte como miembro de la comisión de juristas que defendieron las pretensiones peruanas en la Corte Internacional de Justicia por el diferendo marítimo con Chile.

En tal tesitura, es por todo lo que he descrito, que encuentro fascinante seguir cultivando el interés por el análisis de la historia como principal herramienta del derecho, la diplomacia y las relaciones internacionales.

Hoy por hoy, la historia es aún más importante de lo que fue nunca y en este año Bicentenario,  tan especial, debemos mantenernos como una sociedad integrada, solidaria, unida, con libertad plena, sin ataduras ideológicas, con valores morales y cívicos, con respeto a las instituciones y sobre todo, con esmero en ver a nuestro Perú que sobresalga y pueda combatir y resolver los desafiantes problemas que aún aquejan y perjudican a nuestra población menos favorecida.

* Jurista y diplompatico