Jonestown y el suicidio latinoamericano

En Cuadernos de la Cárcel Antonio Gramsci, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, dijo que en las modernas sociedades burguesas la cohesión social no solo viene dada por la coerción, sino fundamentalmente por la hegemonía y supremacía cultural que merced a la manipulación de la sociedad civil a través de la iglesia, los medios de comunicación de masas, los procesos de socialización etc. consiguen inculcar sus ideas y valores a la población. Visto así, continúa Gramsci, la revolución en los países desarrollados con una densa población civil presupone una transformación cultural de esas masas y la toma de pequeñas (ojo) posiciones en la sociedad civil. De todo ello resultaría un marxismo no tan obsesionado con la realidad económica (en donde ya fracasó) y más bien atento a la cultura, la literatura y al combate moral. Es una lucha que no está centrada en las condiciones objetivas sino más bien en la capacidad reflexiva y moral de los seres humanos.

Casi un siglo más tarde la situación de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Chile y probablemente Colombia y Perú, probaría lo certero del pensamiento y estrategia gramsciana. Nuestros países parecieran ir voluntariamente al suicidio colectivo como el culto de Jim Jones, supuesto reverendo y líder de 900 californianos que se mudaron a Guyana hace 40 años a vivir en el paraíso socialista de una comunidad que prometía igualdad racial, colectivismo y felicidad alejada del infierno y los cerdos capitalistas.

Hemos especulado que el modelo económico y el sistema habían fallado, pues no lograban satisfacer las demandas de la ciudadanía y formulado todo tipo de teorías acerca de fuerzas sociales misteriosas que nadie anticipó.

La verdad sin embargo es que el suicidio colectivo que estamos viviendo era previsible y como es el caso del economista chileno Sebastián Edwards que comenta el reciente caso de su país, esto lo vengo advirtiendo desde hace casi 20 años para el Perú. 

Dice Edwards sobre el caso chileno que sus connacionales desde hace años vienen cultivando un estado depresivo mediante un discurso flagelante que se negó sistemáticamente a reconocer el progreso logrado mientras se demonizaba al mercado, los empresarios, el lucro y a todos los principios que nos habían sacado de la mediocridad y la pobreza. Agrega que ese discurso sumió a los chilenos en una depresión que a su vez los llevó a odiar lo que habían construido y que el problema era psicológico.

En un país como Chile, el más desarrollado de América latina, en donde la inflación había sido reducida de 500% a 10% en los años 90 y a menos de 5% en los años 2000, en donde el ingreso per cápita se cuadruplicó para convertirse en el más alto de la región, en donde la pobreza bajó de 45% a 8%, la pobreza extrema de 34% a 2% y en donde el acceso a la educación superior se multiplicó por cinco entre otros logros que se repiten en el caso peruano de manera similar y que han hecho que se hable del milagro chileno y del milagro peruano, la explicación del fenómeno suicida solo se explica con la capacidad de los gobernantes de turno en ambos países de permitir que como hiciera Jim Jones en Guyana 40 años atrás, y recomendara Gramsci 80 años atrás, se lave el cerebro de sus gobernados.

En el caso peruano es esa permisividad y pusilanimidad de las élites políticas progresistas que nos vienen gobernando desde el 2000 las que han convencido a la población que el problema del país era la desigualdad y el neoliberalismo. Es ahí en donde se anclaron en las mentes de la población joven que todos son derechos que el estado tenía que proveer mágicamente para vivir mejor. Se ha convencido a la gente de que el estado debe ser omnipotente y que todo lo que se hace es por justicia social. Mientras tanto la ineficiencia y la corrupción crónica campean peor que en las peores épocas del fujimorismo montesinista y ahí están las pruebas que hasta ahora solo tienen en la cárcel a Fujimori mientras que Toledo, Humala y Vizcarra siguen libres.   

En el caso de Chile los dados ya están jugados y lamentablemente parece que la mayoría constituyente llamada independiente de clara tendencia izquierdista radical y alimentada por el foro de Sao Paulo debería crear su anhelada nueva constitución a imagen y semejanza de la de Venezuela. Dudo que solucione nada y no sabría anticipar como le irá a Chile en los próximos años pero lo que si puedo asegurar es que en un futuro no muy lejano se volverá a extrañar a Pinochet.

En el caso peruano al escribirse estas líneas pereciera que aún estamos al borde del abismo con una posibilidad de salvarnos del destino de Jonestown  y si ese fuera el caso lo primero que debería hacer el nuevo gobierno en línea con una suerte de pensamiento gramcsiano inverso y shock de medidas sociales y políticas para los primeros 100 días es declarar al 29 de julio la reforma de la educación peruana eliminando al CONARE y la infiltración terrorista para que se vuelva a inculcar valores de libertad, propiedad, ama sua, ama llulla, ama k´ella y unidad en la diversidad a los niños del Perú. También la vacancia de todos los gobiernos regionales y sus concejos anulando la ley de bases de la regionalización (con apoyo congresal por supuesto) con la intención de corregirla para hacer llegar el canon a la población que la necesita y no a los gobernadores para sus reuniones con bocaditos del Hotel Country. Finalmente se deben cortar las líneas de financiamiento de las ONG´s para que el estado asuma su rol de intermediario en los conflictos sociales.

Lo que vendría luego y el detalle del desarrollo de estas y otras medidas será materia de un próximo artículo