El rebaño intolerante

Esta es una de las campañas políticas más vacías, pero más llenas de odio e intolerancia, lejos estamos de celebrar una elección  sesuda y consciente. La segunda vuelta, el balotaje, nos ha dejado en una grave encrucijada, de ribetes complicados, de contraposición de valores y de la necesidad de elegir por obligación lo que menos daño pueda hacernos. Dos opciones con gran carga, que más allá de lo racional se ha vuelto en una especulación emocional, irracional. Donde muchos de los que comprometamos nuestro voto por lo que creemos lo menos perjudicial, solo emitiremos el voto con esa consigna preservar el sistema y la libertad, para inmediatamente convertirnos en oposición y vigilantes ciudadanos

Claramente  hay quienes se viene decantando por la opción que consideran que ha de reservar la libertad y el modelo económico, en contra de una corriente, que en mucho encarna el abandono de Estado y la asimetrías de nuestra patria en todo sentido, lo que se ha convertido en  solo una  armaduras sentimental que  ha empoderado a un candidato improvisado, precario y peligroso por sus nexos con lo más obscuro de la izquierda radical peruana como  una falsa y mendaz opción,  que ha copiado todo de la Cuba Castrista, de la Venezuela quebrada y de lo más perverso y trasnochado  del comunismo mundial, a tal punto que han coronado terroristas convictos y sentenciados  como  padres de la patria. Sin siquiera toser y lo peor con la complacencia de millones de peruanos que encima se sienten  terruqueados, blindando de impunidad  al terror.

El comunismo es perverso, siempre lo ha sido, pero ha tenido una gran propaganda que ha hecho magia. Así lo reseña claramente – Carlos Rodríguez Braun: «Uno de los esfuerzos más notables de prestidigitación en el mundo de las ideas ha sido y sigue siendo la propaganda comunista. Lo primero que hicieron los comunistas fue insistir en que su sistema era mejor que el capitalismo, porque brindaba no solo libertades políticas sino beneficios económicos. En serio. Y, en serio, durante décadas numerosos intelectuales occidentales difundieron semejante patraña (puede verse: Paul Hollander, Los peregrinos políticos). Hoy izquierdistas de todo pelaje dicen que la masacre de San Miguel  no debe utilizarse políticamente, pero gritan a soto voce que Keiko es terrorista y la que mando matar a 18 peruanos.

Finalmente, y con increíble retraso, el camelo se reveló como tal, y se vio que el comunismo había sido lo contrario de lo que pregonaban sus epígonos: sistemáticamente se tradujo en dictadura política y miseria económica. Entonces, la estrategia cambió. Los comunistas se volvieron defensores de los derechos humanos, del feminismo, del medio ambiente, de los pueblos indígenas y de la democracia, es decir, de todos los objetivos que se ocuparon de masacrar en todos los países donde se aplicó el comunismo. Ese esfuerzo de engaño también tuvo éxito: mucha gente lo cree, igual que mucha gente cree que lo malo del comunismo es solo el estalinismo, o que el comunismo es bueno porque combatió al fascismo. Mucha gente lo cree a tal punto que Keiko es la mujer más vilipendiada y vejada  en su condición de mujer, como candidata política, como ser humano, simplemente por no ser comunista ( Esto no significa que sus acusaciones y procesos judiciales deban llevarse con escrúpulos extremos y garantías necesarias)

Otro variante de la magia comunista es alegar, créase o no, que lo malo del comunismo es culpa del capitalismo: en serio, hablan de “capitalismo de Estado”. O aseguran que el comunismo, a pesar de sus innegables crímenes, (casi 170 millones de personas en el siglos pasado en todo el mundo, y casi 70 mil peruanos  en la época del terror senderista y del MRTA ) sirvió para “suavizar el capitalismo” mediante la intervención del Estado, un camelo sin base alguna, precisamente porque dicha intervención no tuvo que ver con la protección del capitalismo sino con la usurpación política de la riqueza creada por empresarios y trabajadores.

Cuando se les enfrenta a la realidad criminal en que se concretan sus ideas, y se rechaza la treta habitual de considerar al capitalismo solo en sus peores resultados, y al socialismo solo en sus mejores objetivos, los comunistas perpetran el arte supremo de la negación de la realidad: proclaman que los crímenes no fueron cometidos por comunistas. Un líder de la izquierda en España dijo que si un comunista era un asesino, entonces no era comunista. El blindaje tramposo es entrañable. Lo mismo sucede con el comportamiento de las hordas del lápiz, cuando como en el Cusco,  insultaron, apedrearon, vejaron, violentaron e finalmente impidieron a la candidata keiko que hiciera su campaña, a la sombra de expresiones de Cusco no se vende y se respeta, Intolerancia  grotesca en su máxima expresión.

Pero en los países comunistas no se aplicó el capitalismo sino el comunismo, porque se limitaron o extirparon la propiedad privada y los contratos voluntarios del mercado. Millones de trabajadores, por eso, murieron de hambre. La magia no puede ocultarlos. Intentarán atribuírselos al capitalismo, cuando fueron víctimas de políticas claramente anticapitalistas. El espectáculo continuará. ¡Ale hop!».

Este engaño ha implantado tal sentimiento que incluso hoy se está sacralizando la imagen de asesinos como Abimael Guzmán y sus necios seguidores, se ha acuñado el término de “terruqueo” para lograr vender una impunidad morbosa sobre los excesos del terrorismo que sufrimos. Todo esto sustentado  en un odio irracional a la otra candidata que culpas tiene y muchas, sin embargo la creación de esa magia odiadora se ha creado reforzando un odio entre blancos y negros, entre indios y mestizos, entre ricos y pobres del odio  que se materializa en  la intolerancia, en actos de violencia,  en hordas encanalladas que insultan, tiran piedras, huevos y no entran en razón. Exigen que todos piensen igual, que todos voten igual, que todos comulguen en una promesa de miseria. La izquierda de Pedro Castillo, está  más fascista  que las falanges italianas. Se justifican moralmente  en frases como  Memoria y dignidad.¿Cual memoria? ¿La de los niños bomba que uso Sendero?, ¿Cual dignidad? ¿la que te da el odio y el recuerdo de las mujeres violadas por Ssendero, o de la gente secuestrada y encerrada por el Mrta, en sus cárceles populares? ¿Cuál dignidad? , ¿la que con el ejemplo nos muestran los líderes corruptos y condenados de la izquierda? Seguramente llaman dignidad a la complicidad que han tenido con Vizcarra al permitirle el genocidio de todo el pueblo peruano durante la pandemia, con ministros progresistas como Zamora y asesores como Matuk. Memoria y dignidad selectiva.

Resulta curioso ver como se reparten desde muchos púlpitos mediáticos, por la simple razón del maquillaje progresista  -sea cierto o sólo presunto-  salvoconductos de decencia y progresía o bien descalificaciones integrales por parte de individuos tras cuya pluma o micrófono se esconde un comportamiento vital lleno de claroscuros, cuando no directamente deleznable.

Siempre me ha parecido profundamente injusta esa situación, pero es lo que hay, y cuanto antes lo descubra uno, más avisado estará para lo que le espera en el discurrir de la vida, ya que éste es un país de clichés y prejuicios fáciles de colocar pero imposibles luego de eliminar. Lo digo porque ya puede uno afanarse por ser un tipo de mente abierta, liberal por convicción, amable y accesible, colaborador en causas solidarias, amante del arte y de la cultura, esforzado por ayudar a los demás y desinteresado con el dinero que, si no es tenido notoriamente por un progre, sea por origen familiar, posición o relaciones sociales, aspecto físico o simplemente por la vestimenta que porta, está realmente  habilitado en el circuito auténtico de lo colorado, que controla gran parte de la vida pública y oficial de nuestro país en muchos y muy importantes ámbitos. No sé bien cuál es la causa de esta tremenda injusticia.

Sucede algo parecido con la llamada gauche divine o con los numerosos neocomunistas que desayunan caviar en excelsos palacios diariamente, en el resto del Mundo. Ahora Castillo también lo hace, ha dejado los panes y los tamales por sabe que menjunjes del Country Club.

Lo que sí sé es que el izquierdismo oficial resulta, para los suyos, muy protector y tremendamente rentable. Protector porque si alguien del clan resulta atacado por los contrarios rápidamente saltan los demás como hienas, a toque de corneta, a repeler al agresor con sus baterías mediáticas a la cabeza, todos ellos muy disciplinados y funcionando como un verdadero ejército. Y rentable porque buena parte de las grandes fortunas recientes de este país, especialmente las construidas desde el advenimiento de la democracia, algunas de ellas realmente indecentes y de origen no demasiado confesable, se han obtenido bajo la eficaz cobertura de la mágica capa progresista.

Otra de las cosas que resulta chocante es que la izquierda pretenda atribuirse públicamente el monopolio de la decencia, a lo que ha contribuido enormemente un sector importante de la justicia y de los medios de comunicación. Con independencia del dispar fondo de los respectivos asuntos, es sorprendente el trato mediático e incluso judicial que se ha dado a los casos de corrupción  que la gente vestida de rojo protagoniza

En definitiva, en unos tiempos que van a exigir -más que nunca- acuerdos, respeto, tolerancia y consenso entre todos, deberíamos empezar a superar todas estas estúpidas historias. En el mundo civilizado de verdad nadie odia a los que piensan distinto, ni pretende aislar con cordones sanitarios a los votantes del partido de enfrente.